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Israel


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La existencia y las políticas expansivas del estado de Israel llevan más de 75 años condicionando como ningún otro tema la política, la geopolítica y la seguridad internacional. La creación artificial de un estado judío en medio de territorios árabes, desplazando y subyugando éstos, como el tiempo ha demostrado no fue muy buena iniciativa. Tras la Segunda Guerra Mundial, un pueblo con fuertes vínculos culturales y religiosos que había sufrido una diáspora histórica reclamó una "tierra prometida" como propia, a pesar de ser una tierra ancestralmente ocupada por los palestinos. En el contexto de una mala gestión de la descolonización por parte de Gran Bretaña y del conocimiento e impacto de lo que había sido el Holocausto, buena parte de los países occidentales, así como las Naciones Unidas dieron vía libre a la culminación de lo que era el sueño y la reclamación del sionismo: la creación de un punto de referencia territorial para los judíos. El conflicto con el mundo árabe estaba servido y la supervivencia de este destino artificioso pasó tanto por armarse de forma disuasoria hacia los vecinos como disponer de la fuerza para practicar una política colonizadora que fuera disminuyendo la presencia palestina y los forzara a marcharse. Lo que debía ser una realidad mixta donde convivieran en paz judíos y árabes, se convirtió rápidamente en una subyugación y un intento organizado de exterminio. Mirar los mapas de 1948 y los de hoy sobre quién ocupa qué es más elocuente que ninguna explicación al respecto.

Israel no es Netanyahu y los extremistas religiosos. Tampoco Palestina es sólo Hamás. Los radicalismos excluyentes de unos y otros se necesitan. Aunque las últimas hostilidades las iniciaran las guerrillas palestinas de Gaza, lo cierto es que la desproporción de fuerzas, la desigualdad con la que se enfrentan, resulta una brutalidad. Gaza lleva muchos años siendo un territorio poco más que un campo de concentración a cielo abierto. La gente que ha vivido de forma casi deshumanizada ha sufrido el último año la destrucción sistemática y organizada por parte de un estado israelí que quiere forzar la migración de todos los que allí viven. Por el camino, se ha asesinado a más de 50.000 personas. Y buena parte del mundo occidental mira hacia otro lado bajo la consigna de que esto forma parte del derecho de defensa del Estado agresor. Si los ocupados también se defienden, se le llama terrorismo. Las palabras resultan, a veces, ser muy traicioneras. Pero Netanyahu y los acólitos, no se conforman con esto. Continúan las destrucciones, desalojos y asesinatos en Cisjordania, con la voluntad de ocuparla con colonos en toda su totalidad. Una operación de “limpieza étnica” perversa, organizada y tolerada. Todo el mundo sabe que cuando se reduce a millones de personas a la indigencia y son maltratadas de manera sistemática, antes que tarde esto tendrá muchas consecuencias en la seguridad internacional. La humillación, siempre genera odio y espíritu de revancha.

Netanyahu, un político que estaba en la cuerda floja por casos de corrupción familiar y con la popularidad bajo mínimos, se ha mantenido y se mantendrá en el poder gracias a la excepcionalidad política que se genera en tiempos de guerra. Necesita escalar ese conflicto y darle, más aún, una dimensión global. El siguiente paso que ya ha comenzado será la ocupación de parte o la totalidad del Líbano. Un país sin capacidad militar para hacerse respetar y sobre el que Israel históricamente ha invadido o bombardeado cuando lo ha creído conveniente. La excusa son las milicias chiitas de Hezbolá que están ubicadas en el sur del país. Aquí también la desproporción de fuerza resulta brutal. En un par de semanas ya ha habido más de 2.000 muertes por lo que Israel bautiza como "ataques preventivos". Hace meses, que el primer ministro israelí quiere hacer entrar en guerra a Irán, país que ha demostrado, pese a las provocaciones, no querer satisfacer las pretensiones de guerra total de los israelíes, pero que al final lo ha conseguido. No les interesa, entre otras cosas, porque también sería un conflicto global con muchas derivadas en las que Estados Unidos y Occidente se verían obligados a ponerse al lado del estado judío. Si se imponen las pretensiones de escalar y globalizar el conflicto, los efectos sobre la economía y la seguridad mundial serán muy grandes. De las situaciones de violencia y caos generalizado nunca sale nada bueno. Victimizar, más aún, el mundo árabe no resulta ni humano, ni justo, pero tampoco inteligente.

 

Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.

Blog: jburgaya.es

Twitter: @JosepBurgayaR


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