EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Al encuentro del futuro


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Millones de afanes, anhelos y sueños pululan ya en las mentes de otros tantos millones de votantes, a la espera de la apertura de las urnas. Muchos otros, verán la ocasión de dar salida a su cabreo, cuando no a su rencor, en un desquite que ellos creen que las urnas les ofrecen. Mas, quien será receptora de sendas decisiones será España, un viejo país de historia atribulada al que, en raras ocasiones, le ha sido permitido ser feliz. Ahora, este fin de semana, existe una posibilidad cierta de que entre todos consigamos una España más feliz de lo que casi nunca ha sido. Por ello es tan necesario acudir a votar pensando en nuestro futuro.

Una mera mirada hacia Europa nos permite apreciar que ningún país de nuestro contorno occidental, ni sureño ni norteño, disfruta hoy de la situación que España vive: Francia, gravemente encolerizada; Alemania, desnortada y en recesión; Italia, bajo la añeja férula autoritaria; Grecia en retroceso a pasos agigantados, el Reino Unido, cada vez más desunido y la Europa Oriental blindada o en llamas. Solo Portugal ha mantenido cierta estabilidad. Las cosas son de tal manera que España es hoy el puntual más firme de Europa. Y esto no solo lo saben, sino que también lo dicen abiertamente, en Bruselas.

No son sólo los números los que demuestran tal aserto, tras las subidas copiosas de salarios, pensiones, ingresos mínimos y derechos cívicos, alzas registradas durante el mandato del primer Gobierno de coalición, de izquierdas, de la democracia; lo demuestran, además, la llamada excepción ibérica peleada por España en Europa para sujetar los precios desbocados de la energía; así como la inflación más baja del continente y, sobre todo, la ausencia de conflictividad social de alta intensidad derivada del mentado bienestar, más el grado de tranquilidad generalizada hoy en las calles españolas y el ascendiente de serenidad y progreso adquirido por España, cuya voz en Europa nunca ha sido tan firmemente escuchada.

Pero no hay que irse a Bruselas para saberlo. Que se lo digan a las mujeres españolas, que experimentan avances sociales y en derechos de igualdad inéditos en nuestra historia; a los trabajadores, que han abandonado el paro en proporciones insospechadas años atrás y han visto consolidar sus salarios y su durabilidad en el empleo; a los jóvenes matrimonios, que por primera vez pueden conciliar razonablemente sus tareas y responsabilidades familiares; a los pensionistas, cuyas subidas son garantía de su bienestar y, sobre todo, el de hijos y nietos, a los que con un poquito más de soltura podrán ayudar…

Por otra parte, el trato de los gobernantes hacia la ciudadanía nunca ha sido tan delicado, cuidadoso y respetuoso como durante esta etapa. Esa paridad femenina en el Gobierno tendrá algo, si no bastante, que ver en ello. Y eso también es calidad de vida democrática, no cabe olvidarlo. Atrás quedó la altanería chulesca, presente aún en algunas comunidades regionales.

Efectos de la guerra

Cierto es que las economías domésticas, pese a las subidas salariales y a la baja inflación, no han podido disfrutar plenamente de todo lo conquistado, porque una guerra, injusta como todas, ha postrado parte del empuje de este avance. Pero nadie en su sano juicio puede olvidar que en sistemas económicos del denominado libre mercado, como en el que vivimos, los precios no los fija el Gobierno, como tampoco el Gobierno decide el destino del beneficio o la cuota de empleo que cada empresa esté dispuesta a asumir. Eso lo fija el mercado, una entelequia pretendidamente equilibrante, que solo funciona a base de reproducir distintos tipos de desequilibrios, como los que se ceban en la cesta de la compra. Los Gobiernos, si son de progreso, pueden tratar de corregir algunas tendencias aberrantes del mercado, pero muy poco más les cabe hacer mientras estemos insertos en ese sistema. Con todo, cuando surgen a la arena Gobiernos progresistas, como el vigente, al menos intentan ponérselas tiesas a los desmanes en los que, con tanta frecuencia, mercados y Bolsas incurren.

Seguro que a algunos, si no a muchos, las evidencias descritas les parecerán meras fábulas. Habrá resentidos que solo verán fallas, errores y malicia por doquier. Unos pocos, ya se escudaron en el anonimato para intentar linchar –sin éxito- a quienes llevan el peso de una nación que ha afrontado, con éxito, desafíos sin cuento, pandemia, desastres naturales, guerra, en medio de la agresiva incomprensión de una dirigencia de la oposición sin talla. Se atendrán a la tendencia, tan enraizada en tantos, de desconfiar de todo y de todos, deriva que tanto daño nos ha hecho a los españoles.

Desde luego, hay precedentes fundados que explican el pesimismo. Definía el poeta a España, como “piel de toro toreado”. ¿Por qué este sino, esta adversidad? Tal vez el azar, la medida de nuestra ignorancia, haya jugado casi siempre en nuestra contra. Pero mucha responsabilidad concreta en tales fracasos tuvieron reyes ineptos, validos incapaces, aristócratas mendaces, espadones crueles, dictadores criminales, políticos corruptos, eclesiásticos pedigüeños… todos ellos compusieron un cortejo patético que ha intentado por todos los medios ensombrecer la historia nacional, consiguiéndolo en numerosas ocasiones. Pero hoy no es el caso. Aquella caterva parece haber abandonado la escena, aunque algunos de sus émulos pugnan por hacer lo mismo que aquellos hicieron arropados hoy en la legitimidad que, en las democracias, las urnas procuran. Por eso conviene atajarles y poner nuestros votos como valladar infranqueable a sus apetitos.

En el terreno de la responsabilidad personal, los retrocesos y desgracias también se los debemos a la tozudez, al individualismo, a la inquisitorial manía de rechazar lo diverso, lo otro, lo distinto, causas de nuestras pasada infelicidad. Mas hemos sido, somos y seremos un país de países, cada uno de los cuales aporta un variante de riqueza, costumbres, legados e historia. La diversidad forma parte de nosotros. Fuertes pulsiones al desgarro han coexistido durante siglos con otras pulsiones de tipo integrador. Y, sin embargo, aquí seguimos.

Desde luego, no cabe atribuir a todos los segmentos sociales las mismas cuotas de responsabilidad. No todos los gatos son pardos en la escena española. La oscura estela de la dictadura proyecta aún su sombra sobre apatías, hábitos y costumbres. Hay gentes que trabajan y buscan trabajar para generar riqueza y gentes que no solo haraganean, como vemos en algunos titulares de la clase política, sino que impiden que los demás prosperen. Hay, desgraciadamente, gentes dedicadas a tiempo completo a incordiar, derribar, arrasar todo aquello que ellos no fueron capaces de edificar y de construir, por falta de imaginación, amparados en el mero disfrute que su destrucción les procura. Son las gentes de la mala yerba de las que hablara el inmortal Miguel Hernández. Pero dejémoslas a un lado. El futuro no les pertenece. Defendamos con coraje nuestros derechos y nuestras libertades. Si lo conseguimos, hoy se abre ante nosotros un horizonte de paz y prosperidad sin precedentes. Salgámosle al encuentro con nuestros votos. Está a nuestro alcance.

 

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.