¿Un pacto por la elegancia?
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Opinión
En el episodio de la moción de censura, que tanto juego está dando a los medios y comentaristas, el señor Abascal recriminó que se fuera al Congreso sin arreglarse por parte de algunos diputados de la izquierda, porque se faltaba al decoro de la Cámara, y que debían hacerlo como un primer paso para recuperar un supuesto perdido respeto hacia los demás. Y me puse a pensar porque, no lo puedo negar, a mi me gustan las chaquetas, los trajes, las corbatas y, sobre todo los pañuelos y foulards de seda anudados al cuello sobre una americana. Por mi parte, si fuera diputado, senador o concejal iría trajeado siempre o con americana. Uno es un clásico.
Creo que hemos sido muy duros con el comentario de Abascal, y deberíamos, en aras del consenso perdido, en la necesidad de llegar a un pacto entre la derecha y la izquierda, tomar nota de la propuesta del líder de la derecha extrema de nuestro país para el Parlamento, pero también para las Asambleas autonómicas y los Plenos municipales, es decir, para las cámaras representativas de nuestro sistema político.
Así pues, en aras del consenso perdido, los diputados de la izquierda que, supuestamente, serían los que peor visten, deberían comenzar a ponerse chaquetas y trajes (los que no lo hacen), por favor, y alguna corbata o foulard sobre la americana. Y, por favor, no me vengan con vaqueros, aunque sea de marca, a un debate parlamentario, ni con deportivas, y procuren siempre ir conjuntados, no me vayan a unir rayas con estampados, o se presenten con combinaciones imposibles de colores. Ya se que hoy vale todo, pero seamos un poco clásicos, que eso siempre perdura. Basta con hacerse un fondo de armario básico. Aunque no parece que el comentario se refiriera a las diputadas, si alguna no va arreglada, que lo haga también como lo tendrían que hacer sus compañeros. No es tan difícil, y no es caro tampoco.
Pero como en los consensos todo el mundo tiene que ceder, la derecha y la derecha extrema también tienen que poner algo de su parte. Y, afortunadamente, pensando en qué basarme para esta parte del consenso, me acerco estos días al libro de Marta D. Riezu, Agua y jabón, en Anagrama, que me ilumina totalmente. Comienza el libro exponiendo que un día preguntaron a Cecil Beaton, sí, recordemos, el célebre fotógrafo y modista británico, sobre qué era la elegancia. El respondió: “agua y jabón”, que vendría a ser lo mismo que lo elegante es lo sencillo, lo útil, lo de toda la vida. Así pues, Riezu nos indica que la elegancia involuntaria se asociaría al “gesto generoso, a la alegría discreta, a la persona que aporta y apacigua”.
¡Eso es!, ¡ya lo tenemos!, como contrapartida al cambio de indumentaria que distintos diputados y diputadas de la izquierda tienen que realizar en aras de la elegancia parlamentaria, los diputados de la derecha y la derecha extrema deberían ser parlamentarios que aportasen y apaciguasen, es decir, que no lanzasen insidias contra sus contrincantes políticos, que no “matasen” a nadie en mensajes de móvil, que no consideren que no hay políticos “buenos” en el otro lado, que no hicieran “peinetas” a esos mismos adversarios, que no calificasen a algunos diputados y diputadas como degenerados/as, que la homofobia y la transfobia no se filtrasen entre los escaños, y que los anatemas apocalípticos se quedasen en casa. Es muy sencillo. Demos decoro al Parlamento con vestimentas bien lucidas, tirando a lo clásico, y con discursos y mensajes contundentes o sutiles en las ideas, pero, sobre todo, llenos de respeto, educación y elegancia, aportando y apaciguando.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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