El precio de la mentira es ninguno
El precio de la mentira es ninguno. Y ninguno es el precio de la insidia, el falso testimonio o la incompetencia moral. ¿Cuánta mentira, cuánto rencor y cuánta tensión premeditada, los ciudadanos demócratas hemos tenido que aguantar desde que hace seis años, debutara el primer Gobierno plural tras 40 años de democracia? No hemos visto a ningún pseudoperiodista, de esos que pululan alrededor de los grandes hombres de negocios, reconocer públicamente sus intentos de linchamiento de repesentantes políticos surgidos de las urnas. No hemos visto tampoco a ningún corrupto admitir que piensa devolver lo robado a la sociedad. Ni a ningún juez prevaricador ser sancionado a manos de sus congéneres, por sus imputaciones gratuitas, indicios inconsistentes y sin pruebas, que destrozan famas, vidas y familias enteras, mientras desaniman cualquier propósito social de concordia. ¿Hay alguien que, en verdad, confíe en la mediosfera pseudoperiodística, en los monopolios corruptos o en la Justicia, que debiera atajar tantas exacciones? Es difícil rebatir que la situación de la Justicia en España se asemeja a la de una herida cuya infección estuviera gangrenando buena parte del tejido social y político.
- Publicado en Opinión