Ni un paso atrás
Cuando un oso tropieza en una trampa de afilados dientes y una de sus patas queda agarrada al cepo, tiene dos alternativas: salir corriendo dando alaridos o bien contenerse en el dolor, quedarse quieto y, con las zarpas, intentar abrir el funesto mecanismo que le hiere. Con este símil podemos establecer que de un tiempo acá, la opción mayoritariamente elegida por los ciudadanos de nuestro país es la primera: salir de naja aullando lo que el cepo de las adversidades les hace sufrir cada día. Pero no se percatan de que cuanta más sea la distancia que recorran entre alaridos, más se ahondará la herida, más se hincará la fría sierra dentada y metálica en sus laceradas carnes.
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