Ifigenia, mujer de raza fuerte
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«¡Ojalá que esta expiación produzca el efecto que deseo!»
Ifigenia en Táuride, 412-14 a. C., Eurípides
Hija del rey Agamenón y Clitemnestra, hermana de Orestes y Electra, de aciaga familia con muertes parentales, es una sacerdotisa de Artemisa, la diosa de las doncellas, la naturaleza y la caza, cuyo propio padre estaba dispuesto a sacrificar a los dioses a cambio de buenos vientos para ir a la guerra de Troya y, entre otras cosas, vengar la huida de Helena, medio hermana de Clitemnestra. Así que, aunque lo bélico se mueva entre hombres, aquí tenemos como protagonistas a mujeres en igualdad de importancia. Es más, Eurípides ya había escrito otra tragedia dedicada a ella un par de años antes titulada Ifigenia en Áulide que abarcaba hasta el momento sacrificial.
Cual Isaac bíblico, Ifigenia debe morir para que su sacrificio sea una prueba de fe y, además, para conseguir los favores divinos. Pero la Ifigenia de Eurípides es algo más: es una figura femenina protegida por una diosa antigua, justa y poderosa que se labra su destino. Así que Artemisa impide en el último momento el filicidio convirtiendo a Ifigenia en su animal tótem (ciervo) y llevándosela a Tauros, cuyos habitantes rendían culto a esta diosa tan viajera como una mortal, o Táuride en memoria del toro que, en otras versiones, sustituyó a Ifigenia en el altar de sacrificio para convertirla en su sacerdotisa. Sea como fuere, la unión de mujeres y diosas crean en la obra un vínculo para toda la vida en el que no cabe la traición ni la sumisión al mundo de los humanos, sean hombres o mujeres, en el cual la astucia y la inteligencia no es cuestión de género ni linaje, sino de poder emancipatorio y capacidad de elegir el destino sin aceptarlo por mera sumisión. Existe, además, un tema importante que subyace en esta tragedia y es la injusticia divina y humana y las condenas arbitrarias que siegan tantas vidas. Eurípides apela a la razón y a la libertad alejándose de las exaltaciones bélicas llenas de testosterona fruto de una profunda decepción por las largas luchas entre griegos. Pero también está, en el fondo, el de unas bodas de sangre, pues Ifigenia es llevada al altar de los sacrificios haciéndola creer que va a casarse con Aquiles; al final, se trataba de ser novia de la muerte, así que es lógico que sea salvada por Artemisa, una diosa que preside el rito de paso de las mujeres, ella que siendo virgen es también la protectora de los partos. Esta dicotomía explica bien el recurso teatral tradicional de deus ex machina que mantiene el efecto dramático de la intervención sobrenatural divina pero sin estar cerrado sino ampliado con un paralelismo cierto del destino de la mujer como ofrenda, bien sacrificial bien matrimonial, tan fallido como el sacrificio de Ifigenia que no llega a consumarse. Así, Eurípides da protagonismo a la figura femenina moneda de canje y le dota de un poder racional y sensitivo que transmuta el destino acallado del tradicional y esperado sometimiento al varón. Ifigenia es igual que Artemisa: independiente, fuerte, protectora y libre, dueña del destino que acepta.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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