La hoguera de las vanidades
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«El éxito puede ser efímero, pero el fracaso es eterno
en una sociedad tan implacable como la nuestra»
La hoguera de las vanidades, 1987, Tom Wolfe
Un libro ácido e inflamable como un fuego expansivo de un escritor y periodista que observó la vida de sus contemporáneos en la década de 1980 con una mirada crítica y acerba en la que los yuppies y el mundo de los de arriba parecía imbatible, que le sirve a Wolfe para ir recorriendo las clases altas de la sociedad neoyorquina quitando todos los velos de las apariencias para dejar desnudas las avaricias y miserias de sus personajes. Pero también baja al submundo y, con ello, nos ofrece una clara descripción de la enorme desigualdad de trato y vida perfectamente delimitada por la impunidad y los prejuicios del mundo de los WPAS (blancos, protestantes y anglosajones) y los afroamericanos ‒y por extensión de los demás grupos raciales minoritarios.
Todo empieza con un hecho fortuito, un estar donde no debería haberlo hecho, para que el protagonista, Sherman MacCoy, un rico corredor de bolsa, entre en una serie de problemas que le llevarán de lo más alto a perderlo todo, acompañado por una serie de personajes que se aprovecharán de ello hasta lograr que la balanza de la fortuna los favorezca a ellos. Como trasfondo, el cuestionamiento de una justicia que no es igual para todos y esa facilidad neoyorquina, y por extensión humana, para pasar como apisonadoras por las relaciones y las vidas ajenas con el fin de lograr su propio provecho. El atropello de un muchacho de color será el detonante del descenso a los infiernos, al mismo tiempo que servirá, como tantas veces, de antorcha incendiaria abstracta para enarbolarla y lograr otros objetivos mucho más egoístas. Aquí no importa esa muerte, sino aprovecharla bien para subir escalones, así de crudo. Y en esto, están blancos y negros, judíos y latinos de acuerdo. Esta bajada a las cloacas (sean de mármol o de ladrillo) es lo que el autor disecciona con la precisión de un bisturí, para abrir conciencias, para echar a la hoguera estas vanidades cuyo precedente está en la Italia renacentista durante la quema de objetos lujosos, obras de arte e incluso libros considerados inmorales en martes de carnaval, arrojados a una pira que acabaría, irónicamente, consumiendo a su promotor más conocido, el dominico Savonarola.
La conclusión es que todos, en el fondo, por muy críticos y severos que seamos con la corruptela, somos iguales si se nos da la oportunidad de medrar, y nos convertiremos en felices adoradores de vanidades amontonadas sobre una hoguera a punto de encenderse a nuestros pies, aunque pensemos que nos queda a kilómetros. Y lo peor es que seguimos perpetuando esta cultura de poder por dinero e influencias, amparada en el color de la piel y la cartera de contactos. Y si no, que se lo digan a los que siguen alimentando este fuego en el mundo de hoy. Pues que recuerden: Vanitas vanitatum et omnia vanitas.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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