Dido y Eneas
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Si algo pueden mis versos,
ningún día borrará vuestros nombres
del recuerdo del tiempo mientras muere el linaje de Eneas
en la firme roca del Capitolio
y siga el padre de Roma manteniendo su poder»
La Eneida, s. I a. C., Virgilio
Una epopeya latina a mayor gloria el Imperio Romano, que por aquella época eran como los estadounidenses del mundo antiguo y necesitaban un origen fundacional anclado en antiguas historias de mitos. Ahí, Virgilio, tiró del héroe troyano Eneas para convertirlo en el futuro pater de Roma, el gran mito que legitimaba sus tradiciones y, de paso, el origen divino de la dinastía Augusta. Eneas, para el que Venus, su madre, tiene grandes planes, hace una paradita en Cartago después de pasar siete años surcando los mares antes de arribar a la costa italiana para cumplir con su destino fundador. Ahí reina Dido (o Elisa de Tiro), la verdadera heroína de la historia aunque en La Eneida sea reducida a un mero capítulo (Libro IV) en el viaje del héroe. Dido es una princesa fenicia que ante las presiones y amenazas de muerte de su padre y hermano huye hasta las costas de África y pide hospitalidad al rey Jarbas, el cual le concede todo el terreno que pueda abarcar una piel de toro o buey. Ella no se amilana: la corta en trocitos y los va esparciendo hasta lograr una gran longitud de tierra, la futura Cartago. Su futuro reino. El origen de la fórmula isoperimétrica.
Dido, una reina que no necesitaba la figura masculina para sobrevivir, cuyo marido asesinado por su hermano Pigmalión le había hecho ver la necesidad de valerse sola y además mantenía un juramento de serle fiel a su difunto marido ¿de pronto cae rendida ante Eneas sin más? No, aquí todo es una rebuscada triquiñuela de dioses y diosas. En la versión de Virgilio, Venus quiere que su hijo vaya a Italia y sea el padre de los romanos, pero también desea que nada se interponga en su camino. Por eso instiga a su hijo Cupido para que se gane el favor de Dido. Consigue que ambos se enamoren, sin perder nunca de vista la meta asignada a Eneas; así, cuando el héroe parte medio a escondidas, Dido siente la traición y la locura y hace prender una gran pira, pone la espada en el suelo y se lanza para que le atraviese. Es un final interesado que nos habla sobre el engaño y el despecho femenino, pero centrado en la finalidad, porque Augusto necesita que Virgilio dé consistencia al expansionismo romano y al pretendido odio secular de los cartaginenses contra Roma y sus famosas guerras púnicas.
Pero la historia del mito dice otra cosa: que Eneas quería casarse con ella a toda costa y que ella fingió acceder por temor a represalias, pero que en su noche de bodas se suicida. El motivo: el juramento de independencia y fidelidad a su esposo Siqueo asesinado. La Eneida no es un poema de tiempo de paz, sino de arrojo guerrero y propósito perseverante, como el propio nombre de Eneas. El de Dido es adaptabilidad de la mujer errante, la que vaga libre por la Tierra. Creo que el Lamento de Dido de Purcell también lo capta, devolviendo a la heroína a su lugar. A un arquetipo más femenino y poético entre la moribunda y su doncella.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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