El arte de la guerra
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«De este modo, la energía de la mañana está llena de ardor, la del mediodía decae y la energía de la noche se retira; en consecuencia, los expertos en el manejo de las armas evitan la energía entusiasta, atacan la decadente y la que se bate en retirada. Son ellos los que dominan la energía»
El arte de la guerra, aprox. s. V a. C., Sun Tzu
Todos lo describen como el gran libro sobre tácticas y estrategias militares escrito por el maestro Sun y, a mi parecer, se quedan cortos. No solo se trata de la antología bélica más famosa y moderna de China, también es un compendio sobre armas, disciplina, estrategia y honor. Llegó tarde a Occidente, a finales del s. XVIII traducido por Joseph-Marie Amiot, jesuita y sinólogo francés, pero espabilaron y en dos siglos se ha convertido en el libro de cabecera de militares de todo el mundo, ideología y condición. O eso parece.
Es difícil trazar la autoría y la biografía de este autor cuyo apelativo Tzu se traduce por maestro, y no solo por su antigüedad, sino porque muy seguramente el compendio haya sido anterior y se fue enriqueciendo con aportaciones y anotaciones de terceros. Pero él le concedió espíritu y filosofía a esta obra dedicada al arte de la negociación y la diplomacia como verdaderas armas para evitar la guerra, que también invita a la inteligencia por la consideración, al sentido común, a la observación, la energía (sí, esa fuerza tan suya), al estudio del terreno y de los contrincantes para ganar con la premisa inicial de evitar derramar sangre. O, aplicado a otros campos, para lograr la victoria y el éxito social, económico, laboral… sin morir en el intento, simplemente observando, tomando nota y aprovechando las ventajas y oportunidades del adversario. Es Tao aplicado a la estrategia para tratar la ausencia de armonía y los conflictos, y saber que el conocimiento del problema es la clave de la solución y es mucho menos retorcido que El príncipe de Maquiavelo, que pasa como una apisonadora por encima de todo y sin consideración humana orientado al objetivo de vencer.
Yo no sé si los grandes señores de las guerras de hoy siguen leyendo a Sun Tzu, pero deben tener unas traducciones muy malas o ser más obtusos de lo que creemos. O quizá simplemente solo sean más perversos y malvados. De otra manera no se entiende que se empeñen en mantener guerras largas y costosas en vidas y bienes solo para engrandecer sus egos, y que no paren de alargar el sufrimiento y la destrucción de todo para lograr qué, ¿pueblos sin futuro borrados del mapa, ruinas y tierras calcinadas, niños sin padres con la semilla del rencor y del dolor entrenados como soldados o muertos de inanición para hacerse un resort? Extender la guerra no es arte, dice Sun Tzu, es volición destructiva, odio consumado, ceguera contumaz y voluntaria, la prueba del peor gobernante y del futuro más negro para el ser humano que ha dejado de ser tratado como tal.
Cierto es que en la guerra no hay arte propiamente dicho, pero si le quitamos este sustantivo solo queda la barbarie absoluta sin contención. La necesitamos, es fundamental para entender la gran enseñanza que encierra la frase esencial del original: «el arte de la guerra es poder vencer sin librar una batalla».
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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