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Carmen


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Estoy cansado de matarte todos los amantes: tú eres a quien mataré,

Ella me miró fijamente con su mirada salvaje y me dijo:

̶ Siempre he pensado que me matarías»

Carmen, 1845, Prosper Merimée

Esta historia mundialmente conocida, después libreto de la famosa ópera de Bizet, narra la pasión entre un vasco, exmilitar, José, que por el amor de una mujer gitana de bandera, Carmen, termina perdiendo honra, carrera y vida, al seguirla y unirse a una banda de forajidos, cuyo jefe es curiosamente el marido legal de la mujer. José, cegado por los celos, terminará acuchillando al bandolero, pero esto no impide que Carmen siga libre su camino y se enamore de Lucas, un torero. Y ya tenemos el lío montado. Esta vez, de nuevo presa de los cuernos mal llevados y de un sentimiento de posesión mal entendido, José vuelve a utilizar el cuchillo y mata a Carmen. Lo curioso es que aunque sea el argumento de un libro y de un libreto de ópera, el tema no se ha quedado en la literatura ni el arte, al revés, parece más un paréntesis sublimado por Merimée que un hecho aislado, porque forma parte de los asesinatos que vienen sucediendo desde hace siglos contra las mujeres.

Publicada en una revista dos años después de ser escrita, esta novela corta, aparte del tema de los celos y la posesión mal llevada, tiene un marcado ambiente costumbrista que también ha distorsionado bastante la idea de nuestro país, ya de por sí visto con atraso, poblado por personajes furibundos, cegados por el honor y las cuentas de sangre, tal y como gustan vernos los países del norte a los del sur. Los amores fatales se ve que venden y, a pesar de que el autor conocía nuestro país e incluso a la elegante Eugenia de Montijo, el exotismo manda. Si a ello le unimos la potente presencia de Carmen, la tensión trágica está servida mediante una protagonista que encarna también el prototipo de belleza sensual y salvajismo espiritual de una mujer que personifica en sí misma tres valores humanos universales: amor, libertad y muerte. Por supuesto, no podía ser consentido, y ya de ello se encargaría después el franquismo para hacer de ella una buena gitana con bata de cola, cristiana y decente. A pesar de todo, sabemos que este intento desvaído se le escapó entre las folclóricas del momento y que de la mujer fatal surgiría, años después, otro mito: el de la mujer libre y dueña de su destino, independiente y seductora. Arrasadora.

Este amor trágico, no obstante, tiene esa cara B bien presente y continua simbolizando el destino de muchas, pues cuántas mujeres no siguen siendo asesinadas por amantes, maridos, pretendientes o simples acosadores, cuántas Cármenes hay en los cementerios que no se lo merecían, que pagaron por vivir su vida de manera libre y sin rendir cuentas. La maté porque era mía es una ley no escrita que resuena en la conciencia de tantos asesinatos ilegitimizados basados en dos ideas: la posesión cosificada y la perenne ‘‘maldad’’ de las mujeres que se empeñan en llevar las riendas de su vida. A veces pienso que si Carmen la hubiera escrito una mujer nunca la habríamos visto en los estantes de las librerías. Ironías o costumbres del destino, lo tuvo que hacer un hombre.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.


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