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Largo Caballero sobre la igualdad (1924)


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La igualdad es un puntal básico del socialismo, pero, a pesar de que parece muy sencillo formularla se presentan muchos equívocos, precisamente por su asociación con el socialismo.

Los socialistas han tratado mucho en sus escritos sobre la igualdad. Largo Caballero fue uno de ellos. En diciembre de 1924 publicó en el Heraldo de Madrid un artículo sobre la igualdad social, que luego El Socialista recogió en su número del 25 de diciembre de ese mismo año.

Largo Caballero era consciente de lo que expresamos. El problema estaba en que muchos seguían considerando que el socialismo trataba de establecer la igualdad o la identidad “monótona, incivil” entre los hombres. Se repetía esto porque se quería combatir al socialismo tergiversando el concepto de igualdad.

El socialismo no aspiraría a que todos los hombres fueran físicamente iguales, ni que vivieran de la misma manera o pensasen lo mismo, sino a colocar a todos los hombres en una misma situación favorable con relación a sus cualidades para su desarrollo.

La igualdad, y citaba a Zerboglio, era la igualdad de todos en “un estado de bienestar material y moral humano”.

La igualdad económica no expresaría la necesidad de que todos fueran ricos sino que ninguno fuese pobre.

Para combatir al socialismo se argumentaba muchas veces que la desigualdad era una ley natural para las cosas y para las personas. Indudablemente todos seríamos diferentes, pero eso no implicaría que fuera imposible la igualdad que deseaban los socialistas. La igualdad como la entendían los adversarios del socialismo era imposible, inicua y estúpida. Pero existiría otra igualdad que no era imposible y sería una realidad, además de que sería injusto oponerse a la misma. Sería la igualdad de todos los hombres con relación a sus propias capacidades, a la parte que cada uno podría aportar al bienestar y a la felicidad social.

No habría dos hombres perfectamente iguales en el mundo, pero por el mismo hecho de ser hombre debería tener asegurada una existencia de hombre y no de “ilota o de bestia de carga”.

No todos los hombres podrían realizar el mismo trabajo, ni lo podrían hacer en un régimen socialista, pero lo que no podría suceder es que hubiera hombres que no trabajasen nada en tanto que otros lo hicieran en exceso o estuvieran mal recompensados.

El socialismo no pediría para todos los ciudadanos una igualdad material y positiva de trabajo y goces. La igualdad revestiría la forma de obligar a todo hombre útil a trabajar para vivir y asegurar a todo individuo las condiciones de una existencia humana digna a cambio del trabajo dado a la sociedad.

La igualdad debería entenderse en un doble sentido:

  1. Todos deberían tener aseguradas las condiciones de una existencia humana.
  2. Todos deben ser iguales en el punto de partida en la vida, de tal modo que cada uno pudiera desenvolver libremente su personalidad en igualdad de condiciones.

Largo Caballero citaba a Ferri sobre la realidad de la desigualdad entre los hombres en el sentido de variedad, valorándola como un bien. Por eso era incierto el argumento antisocialista de que el socialismo pretendía la igualdad absoluta porque, en realidad, eso era absurdo.

En fin, el socialismo pretendería que nadie estuviera exento de producir algo útil a la sociedad, que cada uno recibiese el producto íntegro de su trabajo, el que todos tuvieran la garantía de su libre disfrute y la imposibilidad de que un hombre explotase a otro para librarse del deber de trabajar.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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