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El Manifiesto de la Liga Española de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en su refundación


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En marzo de 1922 la Liga Española de los Derechos del Hombre y del Ciudadano se refundó, después de un momento de decaimiento, con Unamuno como presidente y destacando en la misma las siguientes figuras: Manuel Pedregal, Augusto Barcia Trelles, Álvaro de Albornoz y Domingo Barnés, mientras que el Comité Nacional estaba compuesto por Leopoldo Palacios, Luís de Zulueta, Fernando de los Ríos, Julián Besteiro, Gabriel Alomar, García del Real, Camilo Barcia, Martí Jara, Fernández de Velasco, Joaquín Salvatella, Roberto Castrovido, Menéndez Pallares, Portela Valladares, César Elorrieta, Fabra Ribas y Manuel Pedroso.

Publicó un Manifiesto que hemos consultado y que queremos compartir con los lectores.

El grupo de españoles de diversas ideas y de distintos partidos coincidían en reclamar como un patrimonio común de la humanidad el respeto inviolable a la personalidad humana, y por eso se dirigía a los ciudadanos españoles para invitarles a constituir la Liga.

No haría falta, por desgracia, demostrar ni la necesidad ni la oportunidad de la fundación de la Liga. A los tres años de una permanente suspensión de garantías, lo que suponía, ciertamente, la derogación de la Constitución, el régimen público de derecho se había vito sustituido por un régimen de arbitrariedad y donde todo se hallaba entregado al juicio discrecional de un funcionario o de un policía. Se estaba aludiendo a la suspensión de garantías constitucionales en tiempos de la Gran Guerra.

Pero la labor de la Liga no debía confundirse con la inexcusable demanda del restablecimiento de las garantías constitucionales porque sin ellas o con ellas era inmensa la tarea que aguardaba a todos cuando un español ve atropellados sus derechos esenciales o cuando padece injustamente. Así pues, la Liga aspiraría a defender sin estar sujeta a ninguna agrupación política, escuela filosófica o doctrina económica, a aquellas libertades fundamentales sin las que no se podría creer posible ni la paz pública, ni la cultura, ni el progreso de las ciencias y las artes, y ni la vida moral de un pueblo. La Liga se proponía luchar tanto en el terreno general de las leyes y de los principios como en los casos concretos ante los poderes públicos y ante la opinión en favor de la libertad individual y por la libertad sindical.

La Liga iba a reclamar frente los abusos autoritarios y el fanatismo servil tradicional en favor de todas las libertades, por la libertad de conciencia, habida cuenta de las limitaciones que existían en España en esta materia, una excepción única entre los “países civilizados y aun entre los semicivilizados”, por la libertad de expresión (“de la palabra y prensa”), por la libertad de reunión y de asociación, por la libertad de la persona, por la garantía de que nadie pudiera ser procesado y preso mas que por jueces responsables, ni condenado mas que por tribunales competentes dentro de la forma de la ley.

Si en su acción la Liga en su trabajo por amparar los derechos del hombre necesitase el concurso internacional, se pondría de acuerdo con las asociaciones homónimas existentes en otros países.

La Liga creía que si los ciudadanos ayudaban, si el país respondía, si las fuerzas democráticas actuaban eficazmente, tendría la satisfacción de haber contribuido de algún modo al decoro civil y al “resurgimiento espiritual de España”.

El Manifiesto lo hemos consultado en el número del 11 de marzo de 1922 de El Socialista. A pesar de que ha pasado algo más de un siglo, la frescura de estas ideas, en un momento de crisis de la democracia, puede inspirarnos en nuestro trabajo y en nuestro compromiso.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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