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Universidades, chiringuitos, intereses corporativos


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Hubo un tiempo prehistórico, en el que yo nací, en el que las universidades eran depositarias del saber inmutable. Había universidades públicas y algunas universidades de la Iglesia, como Deusto, de los jesuitas, la de Navarra, fundada por el Opus Dei, o la también jesuita de Comillas.

La universidad, en aquellos lejanos tiempos, generaba conocimientos y luego los transmitía. Formaba generaciones de políticos, científicos, dirigentes empresariales. El Estado, o en su caso la Iglesia, sustentaban ese monopolio del conocimiento, evitando interferencias externas.

Con la llegada de la democracia y su nueva estructura autonómica del Estado, cada unidad territorial quiso tener su propia universidad, e incluso diferentes intereses empresariales quisieron también contar con una universidad a su servicio.

Madrid, en particular, como sede económica central, cruce y punto limpio de todos los intereses empresariales patrios, se ha convertido en el crisol en que se funden intereses ideológicos, económicos y de clase. Crece la sensación de que, especialmente en Madrid, no pocas universidades privadas se han convertido en máquinas expendedoras de títulos a cambio de dinero.

De pronto nos han cambiado el papel de las universidades. Siguiendo las modas de otros muchos países, hemos convertido las universidades en lugares donde los conocimientos sólo valen si tienen aplicación inmediata a los negocios empresariales, si aportan valor a las empresas y si crean los profesionales bien cualificados al servicio de los empresarios.

El papel de las empresas, a través de organismos como los Consejos Sociales, cátedras universitarias, másteres promovidos por grandes empresas, financiación de proyectos de investigación, etc, es cada vez mayor en nuestras universidades.

El proyecto de ley de universidades del gobierno madrileño, sin ir más lejos, otorga un papel esencial a la financiación por parte de empresas privadas. El éxito de una universidad se va a medir por su capacidad de arrancar fondos a las empresas privadas. Su capacidad de servir al mercado.

En cuanto a las universidades privadas, tan sólo en Madrid ya son 14, existen grupos empresariales que se han creado una universidad y no faltarán en el futuro un buen número de universidades corporativas, creadas por sectores productivos que quieren formar profesional e ideológicamente a sus trabajadores y a sus dirigentes futuros.

Por eso, cuando la derecha política acusa al gobierno de coalición de realizar intentos de politizar la universidad, de fomentar el guerracivilismo, de alentar la lucha de clases, no hace otra cosa que deformar la realidad, al más puro estilo del ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels.

Mintiendo mucho puedes conseguir que tus mentiras adquieran apariencia de verdad, o aún más importante, como nos desveló Hannah Arendt, puedes lograr que nadie sea capaz de descubrir la verdad, ni tenga interés, ni esperanza alguna de encontrarla.

Creo que la libertad no puede convertirse en el salvoconducto para vender gato por liebre, para llamar universidades a academias que son poco más que chiringuitos. Creo que va siendo necesario establecer criterios que permitan determinar que una institución formativa es, o no es, una universidad.

Criterios que tengan que ver con la formación exigible al profesorado, la inversión en investigación y los proyectos en marcha, los resultados académicos, las publicaciones en revistas científicas, la organización de actos de extensión universitaria, intercambios, ampliación de estudios.

Pero creo que lo fundamental es entender que el mundo ha cambiado, que la globalización está demostrando sus límites, que necesitamos generaciones comprometidas con la sociedad y con una formación mucho más integral, más renacentista, más interdisciplinar y multidisciplinar.

Si queremos centrarnos en solucionar los problemas de la sociedad necesitamos universidades dispuestas a crear conocimiento, pero también preparadas para intervenir esos conocimientos en ayuda y compromiso con actores sociales.

La era está pariendo un corazón, cantaba Silvio hace ya casi 50 años. El mundo se enfrenta a problemas graves y urgentes. La universidad representa una de las pocas, pero más firmes, esperanzas de contar con nuevas generaciones dispuestas al compromiso y la responsabilidad con el mundo que nos ha tocado vivir.

Maestro en la Educación de Adultos, escritor y articulista en diferentes medios de comunicación. Fue Secretario General de CCOO de Madrid entre los años 2000 y 2013, años duros de corrupción y miseria política antisindical. Durante los cuatro años siguientes fue Secretario de Formación de la Confederación Sindical de CCOO.

Patrono de las Fundaciones Ateneo 1º de Mayo y de la Abogados de Atocha. Ha publicado varios libros, entre los que se encuentran El Madrid del Primero de Mayo, el poemario La Tierra de nos Nadie, o Cuentos en la Tierra de los Nadie. Ha sido ganador de más de veinte premios de poesía y cuento, en diferentes lugares de España y América Latina.


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