Wittgenstein y Popper
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Me leí “El atizador de Wittgenstein” (“Wittgenstein’s Poker”) en 2002, y estos días me lo he releído. Me ha gustado tanto como entonces o, si cabe, más.
Dos de los pensadores más influyentes del siglo XX, Karl Popper y Ludwig Wittgenstein, se encontraron cara a cara una sola vez en su vida, el 25 de octubre de 1946, en una reunión del Club de Ciencia Moral, en la desvencijada habitación H3, del segundo piso del antiquísimo King’s College de la Universidad de Cambridge. Popper y Wittgenstein debatieron apenas diez minutos, pero el enfrentamiento verbal y casi físico que sostuvieron, fue tan intenso, que ha alcanzado proporciones míticas.
Mario Vargas Llosa dijo en su día sobre este libro: “Quien tenga curiosidad por conocer, las preguntas que enfrentaban a estos dos filósofos, y conocer todo el mar de fondo, que arrastraba ese instantáneo duelo de titanes, debe leerse el libro. Yo me lo he leído, como si fuera una urticante novela policial, prácticamente sin levantar los ojos del mismo, en las diez horas y pico que tarda el vuelo de Londres a México”.
Los dos rivales tenían muchas cosas en común. Ambos habían nacido en Austria, en Viena concretamente, en el seno de familias judías conversas (al catolicismo los Wittgenstein, y al protestantismo los Popper). El antisemitismo y el nazismo los transplantaron – después de peripecias que llevaron a Wittgenstein a Noruega y a Popper a Nueva Zelanda – a Inglaterra, que les concedió su nacionalidad. Wittgenstein pertenecía a una familia riquísima, aunque había cedido toda su herencia a sus hermanos. Y Popper a una clase media acomodada, aunque venida muy a menos, a consecuencia de la depresión mundial de los veinte. Ambos tuvieron siempre, una predisposición compulsiva a la vida frugal y retirada. Los dos eran deudores de Bertrand Russell – testigo y participante en el famosos encuentro – que se había multiplicado, para conseguir la publicación del “Tratatus Lógico-Philosophicus” de Wittgenstein. Y había sido, uno de los más entusiastas defensores, de “La sociedad abierta y sus enemigos” de Popper. E igualmente ambos, eran geniales, insobornables, de una arrogancia luciferina, y de largos rencores.
Las diferencias eran de personalidad y, sobre todo, de filosofía. La tesis de Wittgenstein, según la cual no había problemas filosóficos propiamente dichos, sólo acertijos o adivinanzas ligüísticas, y que la misión primordial del filósofo, era limpiar el leguaje de todas sus impurezas psicológicas, lugares comunes, mitologías, convenciones religiosas o ideológicas, que lo enturbiaban y desnaturalizaban, le parecía a Popper de una frivolidad intolerable, algo que podía llevar a la filosofía, a convertirse en una rama de la lingüística, o en un ejercicio formal desprovisto de toda significación, relacionada con los problemas humanos. Para Popper estos, los problemas reales, eran la materia prima de la filosofía. Y la razón de ser del filósofo, buscar respuestas y explicaciones, a las más acuciantes angustias de los hombres.
Pues eso, a leer el libro.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.