¿Fascismo?
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Sé que puedo ser cansino en esto. Pero para mí el nombre de las cosas importa. Y aplicar los calificativos con propiedad, es muy importante para entendernos, analizar bien las situaciones, y actuar con eficacia. Pero justamente el otro día Andrés Ortega Klein – nieto del gran filósofo, y renombrado periodista y escritor – también insistía en esto.
Ya que casi por obligación y desgraciadamente, tanto tenemos que hablar hoy de fascismo en España y Europa, bueno sería que releyéramos el libro de Umberto Eco, escrito en ¡1995! sobre el Ur-Facismo, el fascismo primordial (tesis que se publicó en España en forma de libro). Señalaba en él, el semiólogo italiano, que el fascismo carecía de quintaesencia, y que el término ha sido utilizado como sinécdoque, es decir, palabra que se puede aplicar a distintos movimientos totalitarios. Era, para Eco, un “collage” de diversas ideas y filosofías, totalitarias y con frecuencia contradictorias.
Eco esbozaba un lista de características de este fascismo primordial : el culto a la tradición; el rechazo de lo moderno (la Ilustración como inicio de la depravación moderna) y de la crítica analítica (el desacuerdo como traición); el irracionalismo; el culto a la acción por la acción; la negación de la diversidad y el miedo a la diferencia; el llamamiento a una clase media frustrada por la crisis económica; la obsesión por las conjuras (especialmente de los judíos); la vida como guerra pues no hay que pactar con el adversario; la educación para convertirse en héroes (¡viva la muerte!); el machismo; un elitismo popular; un populismo selectivo, cualitativo, contra los regímenes parlamentaristas; y – entre otras cosas – una “nuevalengua”(“newspeak”, Orwell en “1984”).
Ya señaló Eco, que se podrían eliminar o cambiar algunas de estas características y que, pese a ello, un movimiento o régimen podría seguir siendo reconocido como fascismo. Algunas de ellas las encontramos hoy en las extremas derechas europeas (por tanto también entre las españolas) pero quizá no las suficientes, mientras que hay otras nuevas.
Andrés Ortega enumera, sin ánimo exhaustivo, algunas de las “nuevas”: hipernacionalismo (“we first”); antiinmigración racista, nativismo y supremacismo blanco; antifeminismo y homofobia; negacionismo sobre el cambio climático, como consecuencia del hacer humano; liderazgo fuerte y culto al líder, que busca una relación directa con “el pueblo”; autoritarismo; no tanto rechazo a las elecciones, sino al pluralismo y a la división de poderes, en particular a un poder judicial independiente; desinformación y provocación a través de las redes sociales; religionismo y afirmación religiosa, habitualmente cristiana (católicos fundamentalistas, evangélicos radicales, ortodoxos en el caso ruso); antiglobalismo y proteccionismo; antieuropeísmo; soberanistas nostálgicos; centralistas.
También antiélites (aunque sus dirigentes sean, o acaben siendo, parte de las mismas). Muy a menudo, nostalgia (incluso de situaciones que realmente nunca han existido). Aplican la política del miedo.
Como en los años treinta, aunque hoy con mayor índice de bienestar, la nueva derecha radical refleja el malestar y la inseguridad de la sociedad. Entre todas estas derechas ultras, hay “relaciones ocultas”, que forman sistemas que hibernaban en las sociedades y han despertado.
La suma de todos estos elementos o características, o de parte de ellos, es un cóctel explosivo para la sociedad. Se puedan o no definir como fascismo, estos movimientos ultras son puro veneno para la convivencia social.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.