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¡Alzad!


  • Escrito por José Trigo Durán
  • Publicado en Poetas

¡Alzad, alzad, esclavos y oprimidos!

Alzad la frente, levantad los brazos

y luchad como luchan los valientes

vuestro puesto en el mundo conquistando.

Alzaos, sí; porque llegó la hora

de imponerse sin miedo á los tiranos:

esa hora feliz, que sacudiendo

vuestro vil y fatídico marasmo,

hagáis surgir, lo mismo que un torrente, '

la protesta viril en vuestros labios.

El mundo es vuestro, él os pertenece:

¡Alzaos, pues, esclavos del trabajo!

Abrid los ojos y mirad doquiera

los espantosos y terribles cuadros

de miserias, dolores y amarguras

que os rodean, ¡miradlos, sí, miradlos!

y presente tener, que todo es obra

de un régimen ruin, fiero y malvado.

Para vosotros el placer no existe;

vuestra vida es un tétrico calvario

dé lágrimas y negros sufrimientos,

dé los cuales tenéis almacenado

una existencia tal, que causa pena

y tristeza cruel sólo el pensarlo.

Mirad las privaciones que rodean

á vuestros pequeñuelos, los pedazos

de vuestro corazón, de vuestra alma;

á los que la existencia le habéis dado;

á esos seres que son vuestra alegría;

á esos seres, que son vuestros encantos;

á esos que, con sus besos inocentes,

efectúan el mágico milagro

de endulzar vuestras negras desventuras

y vuestros sinsabores más amargos.

Miradlos, sí, en el fatal tugurio,

cual un montón de cosas, hacinados,

muertos de hambre, de dolor y frío,

un ambiente insalubre respirando;

descalzos, y ostentando, por vestido,

repugnantes y míseros andrajos.

Miradlos cómo gimen, ¡infelices!

Vedlos sumidos en amargo llanto

porque quieren comer, porque carecen

del mendrugo de pan, ¡ay, desgraciados!

Ved á vuestras hermanas, vuestras hijas;

vedlas cual dieron el funesto paso

hacia el fatal abismo, ¡á la deshonra!,

hacia ese horrible y cenagoso charco

donde el honor se mancha de impureza;

hacia ese lupanar que causa asco,

donde el amor, la dignidad y el todo

se arrastran en jirones por el fango.

¿Sabéis por qué? porque uno y otro día

privadas de alimento se encontraron,

y al ver las infelices que doquiera

sin piedad le negaban el trabajo

con que poderlo hallar, por fuerza hubieron,

en su florido y esplendente mayo,

que desgarrar su corazón'y hundirse

en los fatales y horrorosos antros

de la prostitución, donde se venden

con vil sonrisa del dinero á cambio,

fétidos besos, hórridas caricias,

al que primero se presenta á manos.

Mirad todavía más, á vuestros padres;

á esos seres queridos que pasaron

su vida trabajando día tras día

en penosos y bárbaros trabajos.

Mirad á su vejez cuanta amargura

el mundo les tenía reservado;

la sociedad infame no los quiere

porque están agobiados por los años;

sin en cuenta tener, que cuando jóvenes

con su sudor al mundo alimentaron.

¡A ese mundo ruin-que hoy los desprecia

porque inútiles son para el trabajo!

Vedlos ahí, escuálidos y hambrientos,

sin fuerzas para dar un solo paso,

por calles y por plazas, pesarosos,

la caridad odiosa mendingando;

esa es la recompensa que obtuvieron

á tanto producir, ¡pobres ancianos!

Mirad todavía más, pero... ¿qué digo?

¿Para que proseguir? No, no, me callo;

porque si á relataros me pusiera

uno por uno tan funestos cuadros,

me parece que nunca acabaría

de haceros en verdad dicho relato.

Basta, pues, los expuestos son bastantes.

¡Abrid los ojos, nobles proletarios!

abridlos, y elevaros con premura,

ante tanta injusticia protestando.

¡No más sufrir, no más humillaciones!

¡Arriba, pues, esclavos del trabajo!

Derruid lo antilógico y vetusto

de la igualdad el templo edificando.

Exigid que las múltiples riquezas

que arrancan á la tierra vuestros brazos,

no sirvan para haceros, cual sucede,

más infelices, más desventurados.

Que sirvan, para hacer que el mundo todo

viva feliz, que todos, como hermanos,

tengan opción á su total disfrute

pero también opción en el trabajo.

¡Alzad, alzad, esclavos del terruño!

¡Adelante, adelante, proletarios!

 

(Vida Socialista, julio de 1911)

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