Reflexiones
- Escrito por F. Pérez de Vega
- Publicado en Poetas
La vieja Europa que altanera un día
por todo el mundo su poder triunfante
con sus viejas costumbres extendía;
la matrona soberbia que esplendía
rayos de luz desde el inhiesto Atlante
hasta el confín de la Siberia fría.
La que montó sobre el triunfal Pegasso
la antorcha del saber entre sus manos
blandiendo de Babel en el ocaso;
la que robó á la ciencia su arcanos
y domeñó con leyes el acaso,
y jamás supo dominar tiranos.
Esa patria feliz, en cuyo seno
por sólo proclamar altas virtudes
Sócrates inmortal probó el veneno;
donde siempre briosas juventudes
la verdad predicaron entre el cieno
que respiran las ciegas multitudes.
Hoy, agitada del furor sangriento
que inspira la avaricia desmedida,
el guerrero puñal con ardimiento
esgrime ¡ay! contra su propia vida,
y sorda ante el humano sentimiento,
se empeña en una guerra fratricida.
¡Búlgaros esforzados y guerreros;
servios los valerosos y temidos;
griegos los indomables y altaneros,
valientes montañeses no vencidos,
los de Albania feliz, los turcos fieros,
indómitos, gallardos y atrevidos!
Todos oid mi voz: ella os advierte
que esa guerra inhumana que os alienta
y vuestro hogar en hospital convierte
al humano dolor es torpe afrenta,
es imagen fatídica de muerte
que en feroces matanzas se alimenta.
Cesad por vuestro bien. Esos cañones
cesen de vomitar metralla y fuego;
mirad que por bastardas ambiciones
hoy lucháis con ardor, y acaso luego
el odio premiará vuestras acciones.
Hermanos sois, y si el coraje ciego
os arrastra á verter sangre enemiga,
¡la maldición del mundo que os persiga!
Vida Socialista, noviembre de 1912.