Los sonetos de la duda
- Escrito por N. Hernández Luquero
- Publicado en Poetas
A Edmondo González-Blanco
HORA DE DESALIENTO
Yo soy un sacerdote de la Nueva Futura,
me inclino ante un mañana del luz esplendoroso,
y en la prosa de ahora vivo el vivir tedioso
que viven los gusanos de hedionda sepultura.
Espero el astro rojo que el bienestar augura,
digo fervientes ritos á un mundo más hermoso
y auroral, nuevo día, y resurgir glorioso,
son palabras fulgentes que me dan su dulzura.
¿De las almas que sueñan, ese mañana bello
será visión serena ó engañoso destello?
¡Oh, si no se gestara ese día lustral!
¡Qué farsa las doctrinas, qué estúpido el ensueño,
qué risible y qué necio nuestro obstinado empeño
de elevarnos sin alas al Azul ideal!
CREPÚSCULO EN LA LLANURA
Del Sol el disco rojo en la lejana
línea del horizonte se ha ocultado
impregnada la paz de la cesana
de un santo aroma á cereal segado.
Diluye una onda ingenua la campana
al desgranar el Ángelus pausado,
y como laude á la ancha tierra llana
levanta un son de esquilas el ganado.
Religioso el espíritu se efunde
en un ropaje místico de asceta,
y un instante el rebelde queda absorto...
Un mar de ideas locas le confunde
y casi, casi, olvida que habrá un orto
que hará sangrar de luz á la meseta.
PEREGRINO SIN NORTE
Peregrino de un sueño de alboradas,
mi juventud halló un sendero obscuro,
y con andar sonámbulo, inseguro,
dio de una estepa fría en las llanadas.
Si alas tuvo mi alma, desplegadas
se aprestaban á hendir el aire puro
cuando, ingente y enorme, se alzó el muro
de todas las verdades consagradas.
Ya sin rumbo y medrosa hizo una ruta
de rodadas, sabidas, y corrientes
ejercicios sin fe, y en absoluta
resignación de si se me ha extinguido...
¿Me han dormido el espíritu las gentes
ó son las gentes las que se han dormido?
(Vida Socialista, diciembre de 1910)