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España crece, pero Europa aún busca su fórmula competitiva


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

España mantiene una posición diferencial dentro de la economía europea, pero el crecimiento por sí solo no garantiza competitividad. Esta fue una de las principales conclusiones del encuentro organizado por Qaracter, consultora tecnológica española especializada en el sector financiero y asegurador, junto a APD, en el que Arturo Bris, profesor en IMD Lausanne y autor de Super Europe, y Daniel Calleja, director de la Representación de la Comisión Europea en España, analizaron el futuro económico de Europa y el papel que deben asumir empresas e instituciones en la próxima década.

El debate se celebró en un momento clave para la economía española y europea. Según las últimas previsiones del FMI, el PIB de España avanzará un 2,1% en 2026, frente al 1,1% previsto para la zona euro, manteniéndose entre las economías con mayor dinamismo del entorno comunitario. Sin embargo, esa ventaja coyuntural convive con desafíos estructurales: la inversión española en I+D alcanzó en 2024 el 1,50% del PIB, todavía lejos del objetivo europeo del 3%, según el INE. Además, la inflación se situó en el 3,2% interanual en abril de 2026, un factor que sigue presionando los costes y la competitividad-precio de las empresas.

En este contexto, Qaracter y APD impulsaron una conversación centrada en una pregunta de fondo: ¿está Europa realmente en declive o está midiendo mal sus propias fortalezas? La sesión planteó que el debate europeo no puede limitarse a comparar tasas de crecimiento o capitalización bursátil con Estados Unidos y China, sino que debe incorporar otros activos diferenciales: estabilidad institucional, mercado interior, seguridad jurídica, talento, capacidad regulatoria y cohesión social.

Europa: una potencia regulatoria que necesita ganar velocidad empresarial

Durante el encuentro, los ponentes abordaron la llamada paradoja europea: Europa cuenta con talento, universidades, empresas consolidadas, capacidad normativa y un mercado de gran escala, pero sigue teniendo dificultades para generar compañías globales al ritmo de otras regiones. Entre los principales cuellos de botella señalados durante la conversación destacaron la fragmentación del mercado único, la menor profundidad del mercado de capitales, la complejidad regulatoria, la velocidad de toma de decisiones y la cultura empresarial ante el riesgo. La sesión también puso el foco en el papel de la regulación. Lejos de presentarla únicamente como una carga, el debate planteó que la regulación puede convertirse en una ventaja competitiva cuando aporta confianza, interoperabilidad, seguridad jurídica y estándares comunes. El reto, sin embargo, está en evitar que esa fortaleza derive en exceso de burocracia o en pérdida de agilidad frente a economías con mayor capacidad de ejecución.

La reflexión conecta con análisis previos de Qaracter sobre la competitividad europea. La firma ya había advertido de que Europa necesita incrementar de forma significativa su inversión para cerrar la brecha con Estados Unidos y China en innovación, digitalización y transición energética, en línea con las conclusiones del informe Draghi.

La empresa, actor clave para activar el nuevo ciclo europeo

El encuentro aterrizó el debate macroeconómico en la agenda de los directivos. Para Qaracter, la competitividad europea no dependerá únicamente de grandes decisiones institucionales, sino también de la capacidad de las compañías para actuar en tres ámbitos: transformación tecnológica, rediseño operativo y desarrollo del talento.

En un entorno marcado por la presión regulatoria, la digitalización acelerada y la competencia global, las empresas necesitan revisar sus modelos de negocio, simplificar procesos, invertir en datos y tecnología, y preparar equipos capaces de operar en mercados más complejos e internacionales. En este sentido, Qaracter acompaña a organizaciones del sector financiero y asegurador en proyectos de consultoría de negocio, tecnología, procesos, transformación digital, riesgos, talento y gestión del cambio.

La compañía defiende que la próxima etapa de crecimiento no se medirá solo por la expansión del PIB, sino por la capacidad de las empresas para ganar productividad, escalar innovación y adaptarse a un marco competitivo donde la regulación, la tecnología y el talento serán cada vez más determinantes.

El encuentro concluyó con una mirada hacia 2040 y una disyuntiva estratégica para Europa: convertirse en un espacio seguro y sostenible, pero económicamente irrelevante, o reforzar su peso industrial y tecnológico sin renunciar a los valores de mercado abierto, seguridad jurídica y cohesión social que definen el modelo europeo.

“Para las empresas españolas, el mensaje es claro: crecer ya no basta. La próxima década exigirá organizaciones más ágiles, más digitales y con mayor capacidad para transformar conocimiento en impacto económico real” comentó Enrique Galván, CEO de Qaracter.


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