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Segregación vertical de género


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Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Clara Campoamor, Victoria Kent o Federica Montseny, entre otras, mostrarían su satisfacción si pudieran contemplar los avances en materia de género (aunque todavía queda un largo camino por recorrer) que se han producido en nuestro país. Y, con posterioridad, la de tantas generaciones de mujeres, que han trabajado, aun a sabiendas de los riesgos que corrían, en favor de sus derechos.

Las mujeres de nuestros días debemos mucho a su empuje y espíritu de lucha. Un espíritu que se ha materializado, a la par que se ha producido una modernización de nuestra sociedad, en una progresiva incorporación femenina al sistema educativo en sus diversos niveles, con claras desigualdades de género, como detallaremos a continuación.

Por hacernos una idea precisa de la evolución del estudiantado femenino: en el curso 1910/1911 supusieron el 0,05%; en 1950/1951 el 15,0%; en 1965/1966 el 27,61%, en 1980/1981 el 44,0%; en 1986/1987 el 50,1%, llegando al 56% en 2020-2012.

Entre las primeras investigaciones realizadas en España sobre este tema, destacan las de la profesora Mª Ángeles Durán, quien a finales de los años sesenta realizó varios estudios en los que analizó a la población estudiantil femenina y sus oportunidades de acceso al ámbito universitario. Los resultados revelaron que se trataba de una universidad clasista (apenas había hijos de las clases obreras), urbana (las dificultades de acceso eran mayores para quienes provenían del medio rural), de elites profesionales, e injusta (pues las becas favorecían, fundamentalmente, a las familias de clase media). También realzó la relevancia de la variable cultural, es decir, la consideración, entre los sectores profesionales, de la educación como una inversión, así como la limitada presencia de mujeres en las universidades[1].

Tres décadas después, en los años noventa dos rasgos definieron a la universidad: el predominio de la matrícula en las titulaciones de Letras y su feminización. Los últimos datos, como decíamos, nos enfrentan al 56% del total del alumnado en los estudios superiores.

Ahora bien, persisten cánones de feminización y masculinización. Las mujeres se matriculan menos en Ingenierías, en estudios relacionados con la industria y la construcción (29%) y en Informática (13,4%) y más en Educación (77,9%), Salud y Servicios sociales (71,8%)[2]. Ellas fueron en el curso 2020-2021 el 55,4% del total de los matriculados en Máster. En el Doctorado el número de hombres y mujeres es parejo (45.096 hombres frente a 45.330 mujeres).

Lo anterior constata que las mujeres están incorporadas al sistema educativo y suponen la mayoría de los estudiantes universitarios. Además, contabilizan el 66,5% de todo el profesorado. Este porcentaje aumenta al 71,9% en las enseñanzas no universitarias y decae hasta el 41,3% en las universitarias.

Por otro lado, son el 48% de los investigadores en los organismos públicos científicos en España. Como nota positiva distinguir que, entre el profesorado universitario menor de 40 años, el porcentaje de mujeres supera el 52%. Por otro lado, tan solo hay un 16% de rectoras (8% en 2017, 2% en 2015), un 21% de catedráticas y son el 25% de los investigadores/as en los puestos más altos de organismos públicos de investigación como el CSIC.

Lo anterior denota “claras evidencias de una segregación vertical de género”, aunque con progresos significativos. Dirigirnos hacia sociedades realmente equitativas, conlleva como expone Dorothy E. Smith, en una espléndida obra titulada Fundadoras de la Sociología y la teoría social 1830-1930[3]:

“Necesitamos aprender cómo tratar lo que… dicen las mujeres como fuente y fundamento para nuestro propio trabajo y pensamiento… como portavoces acreditadas de nuestra experiencia y preocupaciones”.

En definitiva, es obligado seguir formando a los más pequeños en valores de igualdad y a los ciudadanos, en general, para que se desenvuelvan con la mayor responsabilidad y compromiso en la construcción de un mundo realmente equitativo entre hombres y mujeres, que aleje las oscuridades del pasado y otorgue a las mujeres el lugar que siempre deberían haber ocupado, por derecho propio, en las sociedades humanas.

Me quedo para la reflexión con una ilustrativa frase de Concepción Arenal: “Todas las cosas son imposibles, mientras lo parecen”, más si como define la RAE lo imposible es la “Expresión de la seguridad de que antes de que suceda o deje de suceder algo ha de ocurrir otra cosa de las que no están en lo posible”. En nuestro caso han sucedido acontecimientos que no estaban, aparentemente, dentro de lo posible, pero que se han materializado y han revertido la lógica de lo irremediable. Y todo ello gracias a mujeres y hombres valientes y justos, que han ido y van de la mano con el fin de alcanzar la luminosidad.

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[1] María Ángeles Durán, Boletín del Centro de Estudios Sociales, 1968, págs. 23-30. María Ángeles Durán, Los universitarios opinan, Edición Almena, Madrid, 1970.

[2] Ministerio de Educación y Formación Profesional, Igualdad en cifras MEFP, Aulas por la Igualdad, 2021 Véase, https://sede.educacion.gob.es/publiventa/igualdad-en-cifras-mefp-2021-aulas-por-la-igualdad/discriminacion-social-y-desigualdad/24816

[3] Centro de Investigaciones Sociológicas, Fundadoras de la sociología y la teoría social 1830-1930, Editado por: Lengermann, Patricia M.; Niebrugge, Gillian, Madrid, 2019.

 

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.

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