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Trump en Murcia


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

La antipolítica es cosa de machos alfa, ya se sabe. Lo acabamos de ver en el Ayuntamiento de Lorca, que cual Capitolio huertano acaba de ser violado al asalto por unas docenas de presuntos ganaderos, liderados por energúmenos disfrazados de militares de guardarropía. Machos en berrea patriótica.

No se trata de un suceso aislado. La degradación de la política murciana corre en paralelo a la del Mar Menor, al que por equivocación pero de modo acertado algunos locutores radiofónicos comienzan a llamar Mar Muerto, quizá porque sus pútridas aguas, alimentadas durante décadas con los desechos y los tóxicos que produce la agricultura del plástico intensivo, han terminado por convertirse en epítome de un modo de vivir, de robar recursos públicos y de arruinar la tierra y las aguas; un modo de vivir y de explotar sobre el que se han levantado fortunas disparatadas. Ahora Murcia tiene un PIB del copón, aunque ya saben aquello de que si tú tienes dos pollos y yo ninguno, tocamos a un pollo por barba aunque yo lleve días sin comer; o sea que la pobreza, la explotación y la opresión siguen en Murcia como siempre. Eso sí, algunos negreros murcianos han amasado tanto dinero que han tenido que aprender geografía a marchas forzadas, para saber en qué paraísos fiscales esconder mejor sus ganancias de Hacienda, es decir de todos nosotros.

Dice la prensa estos días que en Lorca tocan a un millón de cerdos para noventa mil vecinos. En esa localidad hay dos mil granjas y macrogranjas registradas, de las cuales setecientas son de porcino, algunas ubicadas casi lindando con el casco urbano. Insalubridad, olores, ruidos, impacto visual... Tras años de negociaciones con el sector ganadero, una moción del Ayuntamiento lorquino pretendía que a partir de la fecha no pudieran ubicarse nuevas instalaciones ganaderas a menos de 1’5 km. del casco urbano, sin que tal medida afectara a las explotaciones ya existentes y con permisos y documentación en regla. Se inicia entonces una fortísima campaña de mentiras y tergiversaciones a cargo del PP y Vox, que soliviantan a los ganaderos y promueven actos de protesta; estamos en la campaña global de la derecha extrema y la extrema derecha que el PP ha bautizado como “más ganadería, menos comunismo”, ya saben. Se celebran asambleas de ganaderos, en las que políticos que representan los intereses de los que tienen los dos pollos calientan el ambiente hasta hacerlo irrespirable. Y así llega el día en que el Consistorio lorquino debía votar la nueva reglamentación.

Una manifestación pacífica, en la que participaron unas 300 personas, recorre la población, sin registrarse incidentes. A su término se produce el asalto al Ayuntamiento, a todas luces preparado y organizado, en el que tomaron parte algunas docenas de individuos encabezados por tres o cuatro elementos con chaquetas militares y “estética” de ultraderecha, que actuaron como fuerza de choque que abría paso a los vengadores. Las cámaras registraron el modo en que los energúmenos, tras arrollar a los policías municipales, irrumpen en la sala donde estaba reunida la corporación municipal, a cuyos integrantes llegaron a amenazar de muerte: “¡os vamos a matar, gandules!” se oye gritar a los sediciosos, dirigiéndose al alcalde y a los concejales, en las grabaciones emitidas por las cadenas de televisión. Todo muy centrado y liberal-conservador, como puede verse.

Al día siguiente del asalto, el alcalde de Lorca, el socialista, Diego José Mateos, declaró a ElDiario.es: “aparte de los insultos, que es lo de menos, gritaban que querían pegarle fuego al edificio con nosotros dentro. Creo que se han traspasado todos los límites de lo admisible”.

Pues es más que eso. Porque lo ocurrido no fue fruto de un calentón producido en ese momento, sino consecuencia de una cuidadosa preparación. El alcalde Mateos señala: “desde el PP en Lorca especialmente, aunque Vox también, llevaban varios días lanzando mensajes inflamando el ambiente, calentando la situación”. El concejal de Seguridad de Lorca identificó a dos miembros de Nuevas Generaciones del PP como instigadores directos del asalto, y el periodista Antonio Maestre publicó en Twitter la vinculación entre Pedro Giner, el asaltante que, tras entregarse a la policía declaró estar “arrepentido” y haber sido “engañado”, y la organización de Vox en Lorca, aportando diversas fotografías que la prueban.

Llama la atención - o no - la pasividad de la policía de Lorca durante las primeras horas después del suceso, ya que no se comenzaron a practicar detenciones hasta que Giner se entregó en comisaría. Hasta ese momento, cuando tras su declaración ya resultaba inevitable deducir que habría responsabilidades por vía judicial, no se había llevado a cabo ninguna detención, aunque las grabaciones en el interior del Ayuntamiento no dejan lugar a dudas sobre la identidad de los protagonistas del asalto sedicioso.

El sentimiento en Murcia y en toda España debería ser hoy de vergüenza ajena. Y es que las imágenes de Lorca recuerdan, en escala todavía más zafia y cutre, al Capitolio de Washington asaltado y violado por las hordas trumpistas. No cuesta mucho imaginar a Trump en un mitin lorquino, rodeado de tocinos e incitando a los ganaderos murcianos a linchar a los concejales; o al PP y al Vox huertanos, apremiando al hombre-búfalo y a los otros enloquecidos extremistas yanquis a invadir los pasillos de la Cámara de Representantes norteamericana.

En el Capitolio hubo cinco muertos. En Lorca, por fortuna, no hubo ninguno. ¿Los habrá la próxima vez, en Lorca o en otra parte del país? Alguien debería tomar cartas en el asunto para evitarlo. Ya.

Escritor. Ha publicado varios libros sobre literatura de viajes, investigación en historia local y memoria colectiva contemporánea. Algunos de sus títulos son “Un castillo en la niebla.Tras las huellas del deportado Mariano Carilla Albalá” (sobre la deportación de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis), “Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural” (sobre la represión franquista), y la novela “El cierzo y las luces” (sobre la Ilustración y el siglo XVIII).

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