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Apuntaciones sobre la explotación de la mujer cuando es escritora, poeta o trabaja online


Una vez más hemos caído en la trampa. Los embelecos fulleros de los “patrones” y “patronas” han llegado a su punto álgido. ¿Cuál? Los contratos para trabajadores online. Lógicamente no me refiero a las personas que han encontrado su trabajo, el que sea y que a raíz de la pandemia se vieron trabajando en su casa y mira tú, ¡pues qué bien! Me pagan y aquí estoy tan agustito. No es eso hombres de Dios.

El fraude total son las empresas intermediarias que se dedican a facilitar personal para otras empresas. De algo tienen que vivir y vivir viven muy bien de los porcentajes que se “quedan” y que no son suyos. ¿A cambio? Vamos a fundir al trabajador: mobbing laboral para entretenernos.

Las empresas que teletrabajan se centran en la Informática y telecomunicaciones, comercial y ventas, Atención al cliente, Administración de empresas y Marketing y comunicación. ¡Genial! También existen muchas universidades que ofrecen estudios online o semipresenciales donde la explotación y chanchulleo empieza a oler grandemente pero confío en que un día se destape todo lo que hay. En ocasiones, estas universidades contratan a otra empresa que les provee de alumnos, son captadores de alumnos como sea, y como les llenan los grados y másteres a dichas universidades privadas, pues miel sobre hojuelas. También se encargan de captar profesorado. ¿Qué sucede? Pues que para algunos profesores que están en dichas plataformas supone un aporte extra a su ya consolidado puesto oficial en universidades públicas. Hay otros para los que no es un segundo trabajo/propinesco es su primer trabajo y ¿qué vuelve a suceder? Que solo exigen acreditaciones de ANECA (yo las tengo, claro) doctorados mil, publicaciones y un largo sinfín de torturas para lograr cobrar “por convenio” a duro las clases.

Como es de esperar, nadie dice nada porque los sindicatos no dan más de sí, o simplemente no hay suficiente gente que quiera enarbolar una revolución, salvo yo misma, que es justo lo que habría que hacer, a la gente ¡se la trae al pairo! Normalmente el perfil de los superdotados es que ya pasamos los cincuenta, claro, pero aprovechan nuestros títulos para figurar que tienen doctores, gente superpreparada, al tiempo que otros que no lo son, también dan clases. También se quedan tus ideas. A las empresas intermediarias lo que más les gusta es hacer de dron o de helicóptero encima de ese trabajador que le está dando prestigio a su maldita universidad, que ha tardado 12 años en ser doctor y que nada, si además es mujer, pues vamos a ponerla de inútil, vamos a decirle que tiene que salir mona en la cámara, vamos a amargarle la vida, a quemar su autoestima para tenerla pillada, a destrozar su humanidad. Ellos no tienen humanidad.

Igualmente sucede con la profesión de escritor. Yo lo soy desde hace al menos treinta años, es una profesión que además se acompaña de conocimientos, muchos, atesorados aquí y allá, miles de estudios hechos, miles de cachiporrazos contra la pared, años de vida, porque estamos hechos de tiempo, que diría Pío Coronado en El abuelo de mi buen Galdós. Esto ahora da exactamente igual porque lo que tenemos y lo que es más mollar es que cualquiera se ponga a escribir. ¡Wuuualaaaaa! Todo el mundo es poeta, todos escritores, ensayistas, con el certificado de la primera comunión que esa sí parece que fue obligatoria para todos. Y como todos somos del palo y a toda la peña le hace mucha ilusión escribir, pues ¡venga chavales! Por si os aburrís aquí podéis enviar lo que se os ocurra. Esto sucede en universidades, diarios…en todo. Por un lado hay gente que sabe por edad y porque se lo han currado, pero no son escritores, aunque les queremos mucho. Por otro, hay que gente que merece una oportunidad, pero son noveles, escritores noveles que se tienen que autopublicar, ¡leche! no se nos olvide. Por tanto, no ayudan a profesionalizar esos lugares de colaboración. A cambio nos cae una buena a los que sí somos profesionales porque aquí todo vale y claro, ni un duro, pero eso no es así.

El trabajo bien hecho tiene que pagarse aquí y allá. En Estados unidos no se atreverían nunca a tratar a batacazos a un PHD por la sencilla razón de que saben el trabajo que cuesta obtener esa titulación. Si ese PHD además es escritor, ni quiero contarte. Aquí da igual porque cualquiera sabe de todo, no hay ni jerarquías ni respeto ni sitio. Ser mujer implica que no te van a tener en cuenta en absoluto porque determinados sectores o mundillos ellos, los potentes y empoderados hombres saben de todo. Abrirse paso con el bolso para que después de catorce libros de poesía te hagan caso, es deleznable, como deleznable es que no te consideren ni siquiera ideóloga, ni nada. Vale más la palabra de cualquier mindundi cavernícola desocupado pero metido en política, que individuos bien preparados que conocen su oficio. Seguimos con las ollas y su rima. Seguimos con esa actitud paternalista que en mi caso llevo aguantando tanto tiempo que hasta me parece normal, escuchar consejos sobre mi trabajo de gente, que está completamente pegada y que para mí, son un despojo de las letras y de las humanidades en general.

Ahora las letras no importan, como digo, importa cualquier afiliado que rima con chiflado y desocupado de cualquier partido y que diga lo que le salga de ahí mismo, que va a salir a hombros, no os preocupéis. Pero lo peor está por llegar porque con el intrusismo no se llega a ninguna parte y tarde o temprano las cosas caen por su propio peso y de repente alguien ve la verdad, actúa, y se va todo al garete. ¡El que tenga oídos que oiga!

Cuando eres escritor tienes que soportar la envidia de tus amigas, esas que dicen que apoyan a las mujeres ¡ahí va la hostia!1 la rabia y desdén de tus colegas paternalistas ¡oh, qué mona, qué versos más monos!, del ganduleo de los jurados que no tienen ni pajolera idea y que ya están comprados…un etcétera invade mi mente.

La universidad está en completa decadencia, más que nunca, se ha hecho empresarial. Atrás quedaron los años en que Ángel Gabilondo era rector y me dio mi título de doctora, por los pasillos te llamaba por tu nombre de pila: Rosaaaa. Ahora son empresas todas que solo quieren clientes, que explotan al profesorado especialmente el de las plataformas online, que no tienen ya verdad ninguna y que sin duda se pueden cuestionar las titulaciones y diplomas que dan a su alumnado.

Esto solo sucede aquí y es la realidad. Una lástima más de nuestro pertrecho país que tenemos lo que queremos y nos merecemos: una corrupción decaída que me hace quejarme en forma de espejo con las quejas de los escritores del XIX. Así que a ver si van a venderle la moto a otra que aquí sigue sin pasar nada.

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1Ahí va la hostia pués", es una expresión que viene desde que el párroco Patxi Andoni Gogeaskoetxea Gorrotxategi durante una eucaristía en su parroquia de Andoain, al repartir el Cuerpo de Cristo, tuvo la mala fortuna de que una de las hostias se le resbalase de las manos al ir a dársela, curiosamente a un Guardia Civil. El susodicho, al ver que no recibía el Cuerpo de Cristo, se lo exigió al párroco con malas formas, a lo que el religioso, al ver como la oblea iba rodando por el maderamen de la iglesia, respondió: "Ahí va la hostia pues!!". Es un hecho que data del año 1944, en el mes de Julio durante el festejo del día de San Fermín.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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