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EL PERIÓDICO
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Cataluña, finca particular


Para quienes sigan la política catalana deben pensar que todo lo que aparece en los medios de comunicación es compartido por buena parte de la sociedad catalana. No, no, en absoluto. Aunque no lo parezca existe una mayoría, más o menos silenciosa que no comparte en absoluto lo que hace y decide el gobierno catalán, y con él, los grupos que le apoyan: ERC, Junts x Cat i la CUP.

Más que nunca, la sociedad catalana está dividida en dos mitades, bastante igualadas pero con una parte, fuera del juego político y social. Vivimos 7,6 millones en Cataluña, pero cerca de dos millones se encuentran en una grave situación de supervivencia, lo cual supone quedar fuera del debate y la batalla política. El resto, dos millones en cada bando, y cada bando troceado en diversas partes como para no andar por el mismo camino.

Esta realidad produce sorpresas cada día, porque no hay un proyecto ni estrategia, conjunta. Cada partido lucha por su parcela, y en cada parcela hay nombres propios que buscan su supervivencia, por la vía legal, o no. El último ejemplo lo tenemos en la presidenta del Parlamento, Laura Borrás, intentando modificar el reglamento para evitar su salida precipitada, por estar imputada en un caso de corrupción administrativa.

No se le ha ocurrido otra solución que modificar la norma. Y ya está. Lo que no gusta o molesta, se quita, i aquí paz y allá gloria. Un ejemplo claro de mando en una finca particular, aunque sea un territorio, donde viven 7,6 millones de personas. Piensan que todos callarán o aceptarán la decisión, al fin y al cabo, es por su bien.

Poco a poco se van conociendo las interioridades del proceso y aparecen los beneficiarios directos y los indirectos. Aquí no hay ideales, aquí hay intereses, y son muchos los que han conseguido buenos dividendos en forma de grandes sueldos, o encargos varios, en forma de informes, estudios o programas de radio o televisión.

Todo sirve para pagar favores, y el volumen del presupuesto de la Generalitat es suficientemente importante como para repartir ayudas, en función de las simpatías conseguidas. De aquí una enorme cohorte de aduladores, seguidores o impulsores de acciones a favor de continuar el embate. Todos ellos saben su inutilidad, pero mientras tanto, viven de ello. Este es el objetivo, éste es el proyecto.

En algún momento tendremos que romper esta perversa dinámica, pero costará. Somos muchos los que pensamos en toda una generación. No es fácil romper el entramado creado. Unos se defienden de los otros, y a todos los beneficiados les interesa la continuidad. Solo cuando haya un resultado electoral claro y contundente, se podrá actuar de forma decidida y rápida.

Una primera oportunidad se nos presentará con motivo de las próximas elecciones municipales, en mayo de 2023. La segunda será en las generales, y en Cataluña, especialmente en las próximas autonómicas. Será el momento de propiciar un cambio de gobierno que conlleve hacer saltar por los aires todas las estructuras y entramados creados. Hacer una auténtica revolución, para conseguir que la finca particular, pase a ser pública. Hay que convertir el sueño, en realidad. Este es el compromiso de los que luchamos para verlo en un par de años.

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.

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