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EL PERIÓDICO
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No, a mi lado


Todavía recuerdo un grafiti en un muro de una autopista. NO, A TODO. Pensé a éste o a ésta, debe gustarle vivir muy lejos, en la nada. Pero, tal sentencia se va haciendo más y más realista a la vista de cómo reacciona la gente cuando le proponen alguna cosa que no le gusta. Da igual que sea útil, necesaria, importante o vital. NO, A MI LADO.

Digo esto a la vista del gran invento del gobierno catalán para tramitar las peticiones de nuevos parques eólicos, solares, o similares. Para evitar tener que decir no, trasladan la responsabilidad al “territorio”. Es decir, como siempre a los ayuntamientos. Serán ellos los que deban averiguar y testificar si una instalación les gusta a sus vecinos o no. Si una mayoría, por escasa que sea, les manifiesta su disgusto, pues, nada se olvida. Se archiva y aquí paz y allá gloria.

Puedo vaticinar que más de un 80% de las peticiones nacerán muertas. Es más, habrá un efecto dominó, en el sentido de que si en un municipio de cualquier comarca, el primero dice que no, los otros no serán menos, y repetirán negativa, con lo cual, a no ser que pongamos las instalaciones en dependencias subterráneas, no van a ser posibles. Muy inteligente la medida, muy propia de la “astucia catalana”, tan elogiada y repetida por los promotores del proceso independentista. Así nos va, así estamos.

Personalmente ya tuve mi ración de “no a mi lado”, o “que se vaya a otra parte”. Fue con motivo de la construcción de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR), en el pueblo donde era alcalde. Esta EDAR era un viejo compromiso por el que luché “por tierra, mar y aire” durante 13 años. Sí, sí, trece años y dos de construcción. Total 15 años, desde la petición y aprobación por parte del gobierno catalán, el cual, por dificultades financieras y de organización la fue demorando, a pesar de mi insistencia como alcalde y diputado en el Parlamento de Cataluña.

Pues, bien, cuando finalmente el tema de desencalla, aparecen unos vecinos sorprendidos por el lugar elegido, los cuales empiezan a movilizarse y a recoger firmas contra la ubicación, diciendo que produciría ruidos infernales, malas olores, proliferación de mosquitos, e impacto visual muy negativo. No había problema si se la llevaban centenares de metros hacia alguna parte, pero lejos de la vista y el oído.

Algunos pensarán que la ubicación era desconocida o se había ocultado. No, no, siempre he tenido una especial manía en explicar y detallar los grandes y pequeños proyectos. Pues, todavía más, en éste. Había publicado 11 informaciones, en el boletín municipal, a lo largo de 13 años. Prácticamente, uno por año, con fotos y descripción exacta de la ubicación. Nadie, o prácticamente nadie aceptó conocimiento alguno. Y sino, daba igual, porque algunos se lo habían tomado como un proyecto “sin data fija”. En un futuro lejano, sin darle más importancia. Tampoco los argumentos técnicos de que ninguna de las molestias era real, hizo efecto.

Al final, un difícil y complicado acuerdo entre empresa constructora y encargada del mantenimiento, gobierno de la Generalitat y ayuntamiento hizo posible este importante equipamiento, con algunos cambios estéticos que mejoraron el proyecto inicial. Desde hace un par de años está en pleno funcionamiento sin ninguna de las molestias que los contrarios habían vaticinado.

Si esto ha ocurrido en un pueblo pequeño para un equipamiento tan vital como una estación depuradora, qué no pasará en muchos otros más visibles e imposibles de camuflar, integrar u ocultar en el paisaje. En los dos últimos años, cerca de un centenar de proyectos han sido desestimados por la Generalitat. Unos por demasiado grandes, otros por demasiado cerca, otros por su situación, otros por el rechazo de los vecinos, otros por estar cerca de algunos nidos de aves protegidas o zonas boscosas protegidas, etc., etc.

Y, llegamos a la decisión final. La que tenemos sobre la mesa, mediante la cual la Generalitat, se quita el problema de encima y lo traslada a los ayuntamientos. Que sean ellos los que hablen con los vecinos y los propietarios de los terrenos afectados y los pongan de acuerdo. Cuando la mayoría esté de acuerdo, se lo digan, y a partir de aquí empezarán a tramitar las licencias oportunas.

Con esta decisión tenemos conflictos y revueltas vecinales aseguradas. O guerras abiertas entre propietarios y vecinos, o todos contra todos. Y lo deciden a un año y medio de las próximas elecciones municipales. ¿Quién querrá abrir un conflicto a las puertas de unas elecciones? ¿quién cree poder poner de acuerdo visiones tan alejadas de los intereses de las empresas energéticas, grandes o pequeñas, con los de los propietarios de terrenos y vecinos de la zona?

A este ejemplo de astucia catalana, la llamarán sensibilidad territorial, acercamiento a la población, y otras simplezas similares, cuando en realidad es pura y dura dejación de funciones de un gobierno, que tiene miedo a tomar decisiones. Es un auténtico anti gobierno. Así vamos, así estamos.

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.

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