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EL PERIÓDICO
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Patulea de tertulianos televisivos


Algunos me dirán que hablo desde la envidia, cierto; para tranquilizar conciencias propias y ajenas, luego me confesaré y seguro que cumplo la penitencia, aunque ya se sabe que eso de tropezar dos veces en la misma piedra, resulta muy de hechuras humanas.

Y también escribo desde la vergüenza y la indignación.

¿De qué va hoy la cosa?

De la caterva de tertulianos televisivos que ocupan horas y horas, días y días en uno y otro canal de pago y oficial. Principalmente a primeras horas del día y al finalizar la mañana, también.

Reuniones de amiguetes, a los que solo les falta encender el puro, y estomagar el chupito con esencia de hierbas. Porque tragaderas tienen, vaya que sí: un garganchón como la tubería que todo plomero quisiera restañar.

Hace meses, hicieron un máster acelerado, sin TFM -no había tiempo-, sobre coronavirus y toda la familia léxica que se deriva de la pandemia. Y ahí estaban luciendo sapiencia y departiendo de tú a tú con científicos, virólogos, epidemiólogos…

A toda prisa, se pusieron las pilas en eso de entender y descodificar la factura de la luz: un papelito fungible o bien una imagen en pantalla (los más técnicos) al que le dedicaban teorías de todo tipo. Teníamos una subida inhóspita, inusitada del recibo eléctrico. Y entre calambrazo y cortocircuito, desgranaban lindezas de “récord”…a poco que recordemos, ya hemos batido varios, por lo tanto, mal empleado dicho término.

Pero el rizo se encrespa más. Se han convertido en vulcanólogos. No sé si es para partirse de la risa o para apagar la televisión y a otra cosa, mariposa.

No deja de tener su gracia que paseen con soltura de un tema a otro, transitan del trasplante de órganos a los beneficios de la soja, sin despeinarse, con rotundidad. A mí me da pelín de pudor escucharlos y escucharlas.

He de reconocer que suelo perder parte de mi tiempo en indagar quiénes son, a qué dedican el tiempo libre y en qué lugar se enamoraron, como cantaba el ínclito Perales…y me pasmo al leer que en sus correspondientes biodata acreditan (o al menos, citan) estudios universitarios, algunos, incluso exhiben doctorados y estancias foráneas en instituciones de campanillas.

Me malicio que sus paseos por tierras extranjeras, debieron obedecer a algún viaje de cuadrilla de amigos, de parejas para celebrar ciertos aniversarios, reuniones de tunos, o encuentros de viejas promociones… que de todo hay.

Pero la mayoría coincide en que lo mismo da 8 que 80. Están en plantilla y toca hablar de lo que toca. Referencias pocas, estudios escasos, citas escuetas.

Eso sí: opinión, mucha opinión y si puede ser a grito herido, mejor, hablar por encima del otro. Luego paso minuta y ya tengo resuelto mi salario mensual. De “escándalo” que entona el incombustible Raphael.

Seguro que esgrimen su “seniorty” para cobrar esas cifras, reclamar focos rutilantes y exigir presencia mediática: la edad es un grado. Y un riesgo, también.

Sí hay que reconocerles una gran dosis de habilidad para enredar, mover las zarzas sin decir ná, oratoria vacua y huecos en sus soflamas más importantes que el cráter de las montañas en activo.

A los académicos universitarios se nos pide pasar constantes evaluaciones de la famosa y temida ANECA, escribir JCR, redactar JIF, y publicarlos, claro, superar controles y revisiones por pares (ciegos o tuertos), elaborar continuos research papers, estar a la última de lo nuestro (ahí reside el quid de la cuestión) y no meternos en carajales ajenos; sería bueno que recordaran eso de “zapatero a tus zapatos”.

Pero, seré sincera…Yo también quiero ser tertuliana televisiva…faltaría más…

¿Ven? Pura envidia.

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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