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¿Y cómo deben ser los gobiernos?: reflexionando desde el verano de 1930


 © Fito Vázquez © Fito Vázquez

Siguiendo nuestro método de emplear materiales históricos para promover la reflexión actual, y al calor del cambio de gobierno, buceamos en El Socialista sobre un editorial, también de principios de julio, pero de 1930, en plena Dictablanda, en donde se reflexiona sobre cómo debían ser los gobiernos. A lo mejor, dicho texto pueda darnos algunas pistas para ahora.

El periódico obrero explicaba que en esos días del inicio del verano de 1930 los diarios de la derecha venían defendiendo la teoría sobre cómo tenían que ser los gobiernos. Debían ser fuertes, es decir, había que formar gobiernos con autoridad. ¿Pero en que estribaba la fortaleza y la autoridad? Para las derechas, siempre desde esta perspectiva, un gobierno fuerte debía ser el que se apoyaba en la fuerza organizada, el que se hiciera obedecer “con razón o sin ella”, aquel que impusiera el orden, aunque la publicación socialista asociaba al orden en beneficio de la oligarquía formada por las clases privilegiadas. Cruzando los años, también en estos días de la primavera y principios del verano estamos asistiendo a la llamada desde las derechas (¡qué cosas!, ahora también podemos decir derechas, como en el pasado porque hay tres, aunque una esté de “capa caída”) sobre la absoluta necesidad de que el gobierno sea duro, contundente, con la cuestión catalana, que pasaría por la no concesión de indultos, porque de lo contrario se vería afectado el orden, y no tanto el “orden público”, que también, como la propia existencia del país, del “orden constitucional” al dar aliento, supuestamente, a los independentistas, porque, como hemos tenido ocasión de escuchar en Colón y en las redes y medios, los indultos constituyen una traición a España.

Frente a este modelo, los socialistas abogaban en 1930 también por la fortaleza de los gobiernos, pero no basándose en la “fuerza y en la arbitrariedad” sino en la justicia, porque el gobierno debía atender a todos y hacer justicia a todos. Habría de hacerse respetar, lógicamente, pero no por el imperio de la fuerza y de la violencia, sino por una “recta administración y justa distribución de las cosas a beneficios de todos”.

Los socialistas abogaban por gobiernos que se inspirasen en sentimientos de justicia porque los hombres eran iguales. Cuando en la Administración política se lograsen la justica y la equidad se alcanzarían la paz, “el orden perfecto” y, por lo tanto, gobiernos fuertes sin necesidad de emplear la fuerza.

A nuestro modesto entender, algunas de estas apreciaciones de hace 91 años, nada más y nada menos, en un contexto distinto, en plena crisis de la Monarquía (¡vaya!, en serio, de esto no iba este artículo nuestro de opinión), parecen sugerir una lectura actual sobre lo que hoy las derechas y las izquierdas defienden: ¿un gobierno fuerte, y ahora contundente en Cataluña, o un gobierno preocupado por los problemas sociales y la igualdad?

No lo duden, hacer ejercicios con la Historia no sirve para escribirla, pero tienen una evidente fascinación, o eso creemos nosotros.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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