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A cara descubierta…¿Una nueva ciudad? Gobierno y “cayetanos”


Paseando por Madrid observo que algo tenemos en nuestro ADN, algo que se denomina espíritu de contradicción.

Me adentro por las calles que conducen al Museo del Prado: un cola intensa y densa para ver pasiones mitológicas: desisto del intento a pesar de llevar resguardada la testa de la canícula a esas horas incipientes de la mañana sabatina.

Mascarillas en la cara: y bien puestas, no de esas que sirven para abrigar la posible amigdalitis, ni lucirlas en el codo como si del casco motorizado se tratara, ni en la muñeca tipo brazalete. En la cara, ajustadas y con la nariz tapada. Nativos, aborígenes y extraños y extranjeros.

Sigo mi recorrido y llegamos al Ritz, por la sombra y pocos viandantes, al aire libre, todos con mascarilla.

Lo dicho: si Sánchez nos deja, ni hablar: tapados.

Es curioso, pero nunca he entrado en la Bolsa de Madrid, y en muy pocas ocasiones he pasado por delante. Majestuoso y silencioso el edificio reposa rodeado de árboles. ¡¡Cuántas historias esconde o no!! Seguro que muchas han visto la luz: escándalos, subidas y bajadas de enteros, el IBEX y la prima de riesgo.

Y el Museo Naval que acoge a escasos visitantes para mostrar alguna que otra parte de nuestra historia marítima, también tranquilo.

En la plaza de Cibeles, turistas que guardan la distancia en la Casa de Correos y la mascarilla…en su sitio: en el de estos meses de atrás.

Pocas tiendas en esta zona, algún palacio, construcciones oficiales, la Puerta de Alcalá, fotos, selfies, poco tráfico, paseantes que se dirigen hacia el Retiro (ahí sí que pueden quitarse las mascarillas, que es un espacio libérrimo; otro día me acercaré), y yo que quiero descubrir una nueva vida y una nueva ciudad tras el pistoletazo de ofrecer nuestra mejor cara (con o sin lipstick).

Me cruzo con algunas personas y a ninguno nos da por extender el brazo para ver si guardamos la distancia del famoso metro y medio. Ese gesto me parece algo forzado y raruno: una mezcla del saludo nazi, el “cara al sol”…vamos, que no me convence.

El sentido común me hace distanciarme en la acera y llevar puesta la mascarilla.

Por cierto: desde que he aparcado en Las Cortes, ni me he dado cuenta de que llevaba incorporada a la faz la ffp2.

La verdad, es que se nota la calorina que nos han advertido los meteorólogos, pero igual la costumbre puede más que la posibilidad libertaria.

Acabo en la calle Villalar y casi se me cae el sombrero del pasmo: no he visto tanto “cayetano” junto desde hace tiempo. Insisto: todos iguales, jóvenes de “uniforme” con camisa polera, chinos y náuticos, repetidos…me parto de la risa parapetada tras mi escudo facial. Ellos también, eligiendo atuendo veraniego. Sin moverse un ápice la mascarilla.

Lo adivino: consigna del “sanchismo”, pues… “¡¡que le den!!”. La mascarilla hasta en ambientes burbuja. Ahora es cuando me la voy a dejar puesta.

Lo mismo todo ha sido una estrategia de algún avezado asesor que en un alarde de genialidad y conociendo la idiosincrasia de ciertos votantes, ha inspirado la idea y sugerencia de quitarnos la mascarilla, y mira por dónde, ha dado resultado: el efecto contrario para mejorar las cifras epidemiológicas.

Espíritu de contradicción.

De vuelta de nuestro paseo, la tónica es la misma.

Una gran mayoría, es decir, la gran mayoría, protegidos…no vaya a ser que ahora nos agarremos alguna cepa rara y provoquemos otro macrobrote (vaya palabro).

Y no está mal. Al fin y al cabo, una vez permitido el libre uso (gubernamental) de la tela protectora, es el propio ciudadano el que decide teniendo en cuenta una serie de parámetros que ya los hemos interiorizado. Me doy cuenta de que los conceptos de “exterior” y “distancia social” son muy relativos en la vida (ya lo escribí, cierto) y como todo, predomina la sensatez más allá de ministerios y comunidades.

Con la llegada del verano, la ciudad es nueva, nuestra vida es nueva…

Entendámonos: (casi) todo nos parece novedad. Buenas nuevas, buenas noticias: ¡ojalá!

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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