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Familia, separaciones y sus variantes


La ansiedad es la reacción emocional evocada cuando el individuo percibe una situación específica como amenazante, sin importar si existe algún peligro presente. La ansiedad en los niños puede considerarse como una enfermedad de impaciencia, la cual se da en la etapa del desarrollo y crecimiento de los niños. Muchos de los niños en la actualidad viven circunstancias en las que sufren por la separación de sus padres o la falta de alguno de ellos.

Con base a un artículo publicado Orgilés, M., J. y Piñero, J (2007) revelan que los niños que han sufrido el divorcio de sus padres presentan problemas de conducta a diferencia de los niños que viven con ambos padres. Asimismo haciendo referencia a Bengoechea (1992) examinó a niños con edades entre 6 y 18 años y midió las variables de personalidad, inteligencia, estado de ánimo y adaptación personal, escolar y social. Mientras que para el año 2001 Morgado y González comprobaron con niños entre 6 y 12 años que los hijos de padres separados presentaban puntuaciones de ajuste psicológico con niveles medios y en una muestra de niños de 8 a 12 años se rebeló con los niveles de ansiedad en hijos de padres separados es mayor.

Con lo anterior sabemos la importancia que es percatarse de dicho problema para poder intervenir. No obstante no podemos inmiscuirnos en las decisiones que toman los padres y por consiguiente afectan a los hijos. Sin embargo, a pesar de la separación de los padres, un ambiente de amor, apoyo y respeto por parte de todos los miembros de una familia, brinda un excelente pronóstico para lograr un desarrollo saludable en los niños. Uno de los problemas más graves en nuestra sociedad es el hecho de que las parejas cada vez tienen un índice más alto en cuanto a su separación.

Por otro lado, el desarrollo entre los seis y los doce años puede parecer algo lento; el crecimiento físico se reduce de manera notable, a excepción de un crecimiento repentino al final de este periodo. Con respecto a sus cambios psicológicos, en la infancia el niño desarrolla un auto concepto, definido como el sentido que crean de sí mismos al ser un proceso anclado en la educación y en la interacción del niño con su ambiente, sin embargo la constitución física, las disposiciones innatas y las habilidades precozmente adquiridas facilitan dicha interacción; desarrollarán habilidades sociales, físicas e intelectuales que les permitirán verse como individuos valiosos para la sociedad.

También el niño desarrolla el concepto de autoestima; la cual tiene mejor desarrollo cuando el niño enfrenta con éxito las experiencias y demandas de la familia y la sociedad, que cuando éstas se signan por un fracaso ya sea por excesivas demandas de los padres, deficiencias temperamentales o ambas. El desarrollo de la personalidad tiene algunos efectos positivos en la vida del niño, tales como: el desarrollo de habilidades de sociabilidad, mejoramiento de relaciones y adquisición del sentido de pertenencia. El proceso de aprendizaje en el desarrollo infantil no sólo se refiere a la capacidad de recibir información, sino a la capacidad de adaptarse al medio escolar, aprender las normas educativas, culturales, sociales y sobre todo la habilidad para relacionarse con pares y figuras de autoridad.

Wegman (1986) nos dice que cuando los padres se separan, los niños pueden sentir dolor, confusión, angustia, odio, amargura, sentimiento de fracaso y duda de sí mismos. Sienten temor ante el futuro, se creen culpables, los lastima el rechazo del padre que se marcha y en consecuencia puede deprimirse, mostrarse hostiles, irritables, solitarios, tristes, propensos a los accidentes e incluso al suicidio; pueden presentar fatiga, insomnio, incapacidad para concentrarse y perder interés en la vida social. Los niños, en especial los varones, que viven con la madre divorciada tienen más problemas sociales, académicos y emocionales que los niños que viven con los padres.

En cuanto a estilos de crianza y satisfacción de los padres los niños cuyos padres pueden controlar su ira, cooperar en la crianza y dejar de discutir en presencia de sus hijos presentan menos problemas emocionales y sociales. Quizá sea una consecuencia indirecta de la angustia de la madre, la cual interfiere con su capacidad para brindar calor y afecto a los hijos, que los niños presenten estos problemas emocionales y sociales. Kline (1991).

Aquellos que ven a sus hijos con frecuencia y ayudan a tomar decisiones en la crianza también tienden a brindarles apoyo relacionándose mejor con los hijos. Amato y Keith (1991). Los hijos rechazados por sus padres se sienten lastimados y humillados, reaccionando con enojo hacia su madre. Los niños cuyo contacto con el padre que no ejerce la custodia son frecuentes y confiables se adaptarán mejor a la separación; esto se cumple más en los varones. Las dificultades económicas afectan de modo negativo la salud, el bienestar y los logros escolares de los niños. McLanahan y Booth (1989) nos dicen que las familias que dependen de la madre se ven afectadas por los bajos ingresos debido a la negligencia del padre para dar apoyo económico. El padre puede estar preocupado por sus asuntos personales debido a lo cual presta menos atención al niño y probablemente se olvida de su responsabilidad.

La Asociación Americana de Psiquiatría considera el divorcio de los padres como una experiencia muy estresante para los hijos que puede tener consecuencias a corto, medio y largo plazo. Tradicionalmente, la unidad familiar se ha concebido como una estructura que protege a los niños, a la vez que se ha considerado la ruptura conyugal capaz de generar problemas físicos, emocionales, escolares y sociales.

Existen claras discrepancias en la literatura científica sobre el efecto de la ruptura conyugal en la ansiedad de los hijos. Algunos estudios han demostrado que la ansiedad es una respuesta habitual de los niños ante la separación de los padres (por ejemplo, Johnston, Campbell, y Mayes, 1985), mientras que en otros trabajos no se han encontrado diferencias entre los niños procedentes de familias rotas y de familias unidad.

Entre los problemas de ansiedad, el trastorno de ansiedad por separación se considera el más frecuente en hijos de padres divorciados. La ansiedad por separación se caracteriza por la presencia de ansiedad excesiva ante la separación de las figuras de apego o del hogar, o ante la anticipación de estas situaciones. Se acompaña de una serie de síntomas, como malestar excesivo, quejas somáticas, preocupación persistente y negativa a permanecer o dormir solo. Su diagnóstico requiere una persistencia de dichos síntomas al menos durante cuatro semanas y una repercusión negativa en la vida y en el desarrollo del niño.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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