Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Esas enfermedades tan comunes y tan poco creíbles…de cepas y otras “uvas”


“Me duele la cabeza”: “¡tómate un paracetamol!”...

”¡Qué cansancio!”: “aquí tienes un ibuprofeno”.

Son frases que nos suenan…y mucho. De lo más típicas y comunes. Varias veces al día y varios días a la semana. Las mismas y de tan conocidas, casi ni les prestamos atención, a los pacientes, quiero decir…Y todos nos sentimos médicos y buenos samaritanos aconsejando y recetando o incluso automedicándonos.

“¡Ufff! que me caigo!!: ¡¡siéntate, anda!!”; “¡¡qué susto, por favor, mis oídos!! Vamos, ¡cálmate!, ya ha pasado”.

“¡¡No puedo dormir, qué agobio!!: tranquila, respira, poco a poco”.

Con alguna que otra variante, pero son ejemplos que pueden resumir fácilmente algunos síntomas de ciertas enfermedades muy habituales y que la mayoría de las veces, las sobrevolamos, las ninguneamos, a sus sufrientes, insisto.

Hace muchos años el pediatra me espetó: “¡señora, cuando su hija se queje, hágale caso y tráigala al centro de salud, por favor!” A ver, no es que sea mal modelo de madre, pero los niños ya se sabe: catarros, toses varias, algo de fiebre, comme d’habitude: analgésicos de colores y sabor a naranja o fresa y a la guardería.

Ese es el patrón de conducta que aplicamos con dolencias como la jaqueca, la fibromialgia, los vértigos, la ansiedad o la ligirofobia.

La reprimenda de aquel sabio doctor me hizo caer en la cuenta de que cuando alguien se queja, razón, lleva. No sé si mucha, poca o medio pensionista pero es como eso del río que suena y que lleva agua.

Son enfermedades cuyos síntomas forman parte de nuestro día a día hasta que esa cotidianeidad se ve interrumpida y alterada por la frecuencia recurrente.

Y para el resto suenan a excusas, a pereza, a pocas ganas de levantarse y acudir a su lugar de trabajo o de estudio.

Desde hace un tiempo, cuando oigo alguna de esas quejas, saltan mis alarmas e intento atender y escuchar: nadie se queja por vicio (la queja patológica forma parte de otro cuadro enfermizo de carácter psicológico al que hoy no me refiero).

Conviene detenerse y averiguar. Preguntar y prestar atención. Las enfermedades que acabo de nombrar son muy lastrantes para el desempeño de una vida normal, atosigan a quienes las sufren y los desconocedores de ellas, sospechamos de que nos la están metiendo doblada. Al padecimiento del enfermo se le añade la desconfianza del otro, que con una mirada torva, y gesto torcido no termina de creérselo.

Convivo con personas que sufren alguno de esos trastornos, y la impotencia ante sus dolencias es muy desgastante.

Necesitan justificantes, certificados y un diagnóstico certero de que no pretenden dar gato por liebre, ni esquivar sus obligaciones ni zafarse de sus responsabilidades.

Malviven con su malestar, el físico y el social. Estamos en un mundo en que lo importante es rendir al máximo, 7 de 7, 24 de 24 y si no cumples expectativas marcadas ni llegas a los objetivos señalados eres un listo y un “jeta” o un indolente y desinteresado.

El otro merece respeto y consideración.

“Se te ha pasado, ¿verdad? ¿Ves?, ya te decía yo que era una tontería…”

En absoluto. Si en estos momentos estamos dedicando tiempo y cuidado a la cepa delta, no abandonemos esas enfermedades tan comunes, de siempre y de toda la vida. Sus sufridores necesitan apoyo y cuidados. De su curación ya se encargarán los especialistas. Como de la variante india…

Hay que sumar esfuerzos y paciencia. Vivir en sociedad implicar pensar en el ajeno, en el próximo padezca lo que padezca.

(Por cierto, la regla y sus dolores menstruales, también van en la misma lista)

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

Periodismo riguroso y con valores sociales
Necesitamos tu apoyo económico para seguir contando lo que otros no cuentan. Para donar haz clic en el botón "COLABORA" de abajo. Muchas gracias por tu apoyo.
Slider