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EL PERIÓDICO
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El Estado amparador. Nuevas demandas ciudadanas sobre atención y políticas públicas


Las especiales condiciones sociales, económicas y emocionales que están viviéndose durante la pandemia están generando en la opinión pública nuevas sensibilidades y demandas, como consecuencia de las incertidumbres y temores que suscitan situaciones que la humanidad no conocía desde hace mucho tiempo.

Los datos empíricos de los que se dispone en estos momentos evidencian que tienden a aumentar entre los ciudadanos las sensaciones de inseguridad y miedo, no solo ante los efectos que la pandemia está teniendo sobre la salud y la vida cotidiana, sino también sobre sus consecuencias de carácter económico y laboral.

Ante situaciones de temor e incertidumbre como las que se están viviendo, los ciudadanos están incorporando a su mentalidad nuevas formas de entender su vida social, de organizar y llevar a cabo sus prácticas habituales y sus requerimientos sobre las políticas públicas que desean y demandan. Todo lo cual se está traduciendo en nuevas formas de entender el papel del Estado y de lo público, en general.

Si queremos resumir lo que está ocurriendo en pocas palabras, podemos decir que la pandemia está alimentando nuevas conceptualizaciones subyacentes sobre el papel del Estado, que supone una evolución desde un modelo básicamente jurídico y muy centrado en las nociones de derechos, seguridad y orden público, imbuido de valores y principios conectados a la idea de Estado-Patria, con un hondo contenido referencial de carácter patriarcal (de Estado padre), a otro modelo de Estado más centrado en las necesidades y demandas de cuida-do, amparo, protección, etc., más cercanas a la idea de Estado-Matria (el Estado como madre), imbuido de sensibilidades y valores de carácter diferente, de naturaleza reparadora, que van desde la protección de la naturaleza, a la protección y cuidado de las personas.

GRÁFICO 1

Evolución de las opiniones de los españoles sobre el papel del Estado

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Fuente: CIS, Barómetros mensuales. 

El papel del Estado

El tipo de Estado que se demanda en conexión a es-tas sensibilidades y valores, tiende a resolver –o situar en otros planos– el dilema –y conflicto– clásico entre liberales e intervencionistas. Dilema que ahora se presenta de una manera diferente, en la que el papel del Estado se enfoca –y se proyecta– primordialmente hacia las responsabilidades asumidas para lograr alcanzar y proteger el bienestar de todos los ciudadanos.

Resulta muy revelador, en este sentido, el aumento de la proporción de ciudadanos que, frente a una concepción más individua-lista e hiperliberal según la cual los ciudadanos tendrían que ser prácticamente “los únicos responsables de su bienestar” (12,7% de la población, en estos momentos, y descendiendo), está creciendo de manera constante la proporción de los que consideran “que el Estado debe de ser el responsable del bienestar de todos”, que han pasado de ser el 55,5% en el año 1990, al 70,9% en mayo 2021 (vid. gráfico 1). En paralelo a esta evolución, los partidarios de fórmulas intermedias que consideran que el Estado solo debe de “ser responsable del bienestar de los más desfavorecidos”, de aquellos que más necesitan su papel amparador, han descendido del 20,9% en 1990, a solo el 11,4% en mayo de 2021.

GRÁFICO 2

Opiniones sobre el papel económico del Estado

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Fuente: CIS, Barómetros y encuestas temáticas 

El Estado y la economía

En paralelo a esta evolución de las percepciones y de las demandas, también están cambiando las opiniones sobre el papel económico del Estado, con una tendencia a un aumento creciente de la población partidaria de que “el Estado intervenga en la vida económica, respetando la iniciativa privada”. Opinión que en el último año ha pasado de ser sustentada por el 48,2% de la población, al 51,7% en mayo de 2021 (vid. gráfico 2). De forma que si a estos demandantes de enfoques de carácter socialdemócrata se añaden aquellos que son partidarios de una “intervención del Estado en toda la vida económica” (18,7% en mayo de 2021), se llega a una proporción total de pro estatistas del 70,4% de la población.

En contraste, los partidarios de una intervención del Estado en la vida económica acotada a “corregir posibles desajustes” han descendido desde el 19,3% en 2020, al 17,1% en mayo de 2021; quedando exactamente en la misma proporción aquellos que desde posiciones más extremas entienden que “el Estado no debe intervenir para nada en la vida económica y que todo debe de estar en manos de la iniciativa privada” (5%).

Tales transformaciones en las opiniones de los es-pañoles sobre el papel del Estado van a constituir un trasunto importante en los debates sobre las políticas que será necesario desarrollar en los próximos meses y años, así como de las iniciativas políticas que tendrían que llevarnos a nuevos consensos de carácter socioeconómico general, similares a lo que en su día alimenta-ron el consenso keynesiano.

En su conjunto, los datos empíricos procedentes de encuestas rigurosas indican que los ciudadanos en esta ocasión van bastante por delante, en sus apreciaciones y derivaciones actitudinales, de las posiciones más inercialistas y poco previsoras sus-tentadas desde poderosas plataformas de poder y desde los partidos políticos y las instituciones públicas de carácter más conservador –y/o supuestamente “liberal” –. Por muy adornadas que estas posiciones aparezcan en nuestro tiempo de componentes añadidos de carácter populista, que intentan confundir y desviar las actitudes y posiciones de una parte de la población.

GRÁFICO 3

Percepción sobre las desigualdades en España

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Fuente: CIS, Barómetros y encuestas temáticas. 

Las desigualdades

En buena medida, el trasunto de la creciente demanda de un Estado más activo y más amparador no descansa solo en los estados de ánimo generados por la pandemia y sus consecuencias, sino que se conecta directamente con una dinámica de evolución de las desigualdades sociales y económicas que es anterior al estallido de la pandemia; pero que se ve también azuzada por esta.

En este sentido, las evidencias empíricas indican que en sociedades como la española se encuentra muy arraigada la conciencia pública de que España es un país en el que existen grandes desigualdades sociales (vid. gráfico 3). En concreto, más de la mitad de la población tiene la percepción de que las desigualdades son bastante agudas, al tiempo que en torno al 35/39% piensa que existen desigualdades importantes en algunos aspectos, mientras solo un reducido 5% de los españoles (y descendiendo) considera que existen “pocas desigualdades sociales”.

Lo importante de estas apreciaciones es que, en conexión con el creciente papel demandado al Estado en el plano económico, indican que se trata de algo que muchas personas entienden que debe ser rectificado.

José Félix Tezanos Tortajada es un político, sociólogo, escritor y profesor español, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas.