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EL PERIÓDICO
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Barcelona como anomalia política


Los errores se pagan; más, si se suman a otros de similares dimensiones. Tenemos en Cataluña una conjunción de realidades que se autoalimentan, y han provocado una auténtica caída en barrena de sus dos principales administraciones: la autonómica y la de la capital.

De la autonómica he hablado en anteriores ocasiones en estas mismas páginas, Y más que hablaremos, a la vista de todas las barbaridades que estamos viendo.

Hoy, quiero hablar de la realidad de la capital: Barcelona. Por su peso demográfico, económico, cultural, social…histórico. Nos habíamos acostumbrado a tener una capital modélica, innovadora, progresista, locomotora del país, y ejemplo para las grandes capitales del mundo entero.

¿Cómo se puede perder este liderazgo, en tan poco tiempo? ¿Qué ha pasado para descender a un segundo nivel? No tengo ninguna duda: la mediocridad de sus dirigentes, empezando por la alcaldesa Ada Colau. El factor humano es esencial en todos los proyectos, pero más en uno político.

Después de años, muchos años de fuertes liderazgos, aparece una líder de un pequeño partido, que se hace con las riendas por crisis en los otros partidos, muy especialmente el socialista que había aportado casi todos los alcaldes.

Con ella llega la improvisación debido a la falta de preparación de su equipo, y carencia de un modelo de ciudad. En pocos años, Barcelona pierde liderazgo y se sume en un auténtico caos organizativo y de modelo. Hemos podido comprobar, en vivo y en directo, cómo de difícil es subir y cómo de fácil es bajar.

Hemos llegado al ecuador de este segundo mandato y todo indica la necesidad de dar paso a otro equipo que recoja los frutos del pasado para relanzar una nueva ciudad, capaz de encajar los profundos cambios que se han producido.

Y girar página a lo vivido en estos dos mandatos. Hay que recomponer el modelo y adaptarlo a las nuevas realidades con decisión y dedicación. Todos queremos una capital fuerte y ambiciosa, capaz de competir con todas las grandes de la UE, e incluso más allá. Ciertamente lo deberá hacer sin la deseada sintonía que debería haber entre capital i nación, pero aun así Barcelona puede caminar sola. Lo ha hecho durante la mayor parte del trayecto democrático.

Justo ahora es el momento de preparar el nuevo embate político que culminará a finales de mayo de 2023, fecha de las próximas elecciones municipales. Se presente o no Ada Colau, su persona y proyecto están amortizados. Toca reemplazarlo por otro que permita recuperar el prestigio perdido. Este será el gran reto del PSC.

Me consta el inicio del trabajo para lograr el objetivo. Y con él, el del resto del país, para volver a ser el principal partido municipalista. De ello dependen las composiciones de los futuros consejos comarcales y diputaciones. El declive debe dar paso a la recuperación. Todos la necesitamos.

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.