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EL PERIÓDICO
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Las otras plagas


En plena epidemia del COVID 19 puede parecer frívolo hablar de otras epidemias, en forma de plagas, que afectan amplios territorios de nuestro país. Me refiero a los efectos de la oruga procesionaria i a la del boj.

Desde tiempos inmemoriales, amplios territorios del país, sufren las consecuencias de la oruga procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) del pino. Esta oruga tiene un curioso ciclo de nacimiento, conversión en larva, y finalmente en mariposa, con sus característicos nidos de seda en las copas de los pinos. Otra de sus características es la de largas hileras de orugas a la búsqueda de un lugar idóneo para enterrarse y esperar a salir para devenir mariposa. De aquí su nombre de “procesionaria” porque parecen procesiones sus desplazamientos.

El daño que ocasionan es terrible, por varios motivos. En primer lugar, a nivel de daño a los pinos que las acogen. Muchas veces podemos ver varios nidos en un mismo árbol del cual se abastecen para alimentarse, comiendo las púas, hasta dejar al pino exhausto. No lo llegan a matar, pero sí dejarlo en pésimas condiciones.

Daños arbóreos aparte, su presencia causa grandes molestias a los paseantes por bosques infectados, debido a los millones de púas que las orugas desprenden, y que flotan en el ambiente. Estos daños se transmiten igualmente al ganado y animales salvajes o domésticos que usan este territorio.

Ahora mismo, debido a las elevadas temperaturas, se está produciendo el descenso de los nidos, al suelo. Podemos ver millones de orugas ir de un lado a otro, para conformar una especie de bola y enterrarse a unos 15 o 20 centímetros del suelo, a la espera de convertirse en mariposas. Una vez completado el ciclo, vuelven a poner huevos, y vuelta a empezar.

Hay varios métodos para conseguir su erradicación, pero el más rápido y eficiente es un producto biológico que se expande por fumigación desde avionetas o helicópteros. Para garantizar el tratamiento hay que repetirlo cada cuatro o cinco años. De lo contrario, vuelven a las andadas.

Y por si no teníamos pocos problemas con esta primitiva plaga, ha llegado otra, vía Alemania, procedente de los países asiáticos. La oruga del boj. Llegó con un cargamento de esta madera, y en unos pocos años ha poblado buena parte de la UE.

Ahora mismo se encuentra en estado de oruga, pero en dos o tres meses eclosionará y tendremos decenas de miles de mariposas del boj, hambrientas a la búsqueda de comida. En un par de años han acabado con miles de estos arbustos, en una amplia zona de Cataluña. Supone un problema grave porque reduce la diversidad vegetal de los bosques, y motiva la desaparición del boj, una madera ornamental de primera clase, muy utilizada por los artesanos para fabricar toda clase de elementos decorativos.

A diferencia de la procesionaria, todavía no se ha actuado con grandes medios para fumigar y conseguir su erradicación. Este será el año decisivo para pedir a las administraciones públicas, suficientes recursos técnicos y humanos para su eliminación.

El cambio climático y el tránsito de todo tipo de materiales, facilita la expansión de animales, propios de otros países que aquí encuentran las condiciones ideales para quedarse. No hay depredadores naturales, con lo cual solo mediante productos biológicos adecuados se las puede frenar, primero, y erradicar después. En eso estamos.

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.