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En “tiempo de pasión”: lágrimas y lagrimones


Siempre me impresionó la cara de la Dolorosa en Pamplona.

Serena.

Siempre me impresionó la cara de la Macarena en Sevilla.

Llorando.

Dos actitudes ¿vitales? Dos composturas y dos formas de afrontar la vida, de desafiarla y dar la cara. Con el atisbo de una leve lágrima o con lagrimones rodando por la faz.

Hay quien dice que a muchos les agrada echar sal a las heridas y que encuentran regusto y disfrute en lamérselas y en hurgar en el boquete que con el tiempo se ha ido abriendo.

Convendría pues, mirar a la vida con otra actitud, tal vez más complaciente y menos “padecedora” o vivir sobrevolando por encima de los estandartes procesionales, según algunas de las figuras pintadas por Chagall (1887-1985) que despegan del suelo hasta las alturas, como si no fuera nada con ellas: “no me gusta la realidad, pues me salgo del cuadro, me evado, y los demás que apechuguen”.

No sé si eso fue lo que pensaron los escultores de las imágenes virginales que este año no procesionan. Seguro que cada uno de ellos vio en el rostro de sus modelos algo que les hizo plasmar cierta pasión: remetida o exaltada. Enrocada o expansiva. La pasión es muy personal; propia e intransferible. Singular. Y somos muy libres de vivirla o desvivirla.

La pasión como padecimiento, es decir, lo contrario a la acción: un estado pasivo que aumenta y favorece la tristeza y el desconsuelo en el sujeto.

Algunos pasan página, cierran capítulo y acaban libro. Punto. Se han olvidado de ese episodio tan lamentable, de esa anécdota drástica, del batacazo o del sobresalto. Y sin transición se colocan en la siguiente casilla del tablero. Ni una lágrima derramada.

Escucho a menudo que “gimiendo y llorando en este valle de lágrimas” no se llega a ninguna parte; vamos, que hay que sortear los envites y los embates y ganar la partida a pura diversión, jolgorio, mueca y farsa…Con una actitud jacarandosa podríamos pensar, casi haciendo lo que a cada cual le “brote de los gladiolos”, porque total, para cuatro días…

Pero yo reivindico la queja. Creo que en alguna ocasión me he manifestado en este sentido.

La queja, el enfado, el disgusto y el malestar. Sí. Tanto disimulo, tanto silencio, tanta pregunta solapada…y al final, el estallido: una explosión sin previo aviso, claro, y lágrimas a borbotones. La sonrisa postiza no cuaja ni convence. Y el “laissez faire, laissez passer” para otros.

Parece que nos vemos abocados a vivir en un estado de semifelicidad inconsciente para no perturbar al otro.

Con el tiempo y la edad me voy soltando la melena y a veces el filtro y la reflexión desaparecen por ensalmo a pesar de que intento mitigar el desánimo, por mucho que me esfuerce en la apariencia del “estoy bien” y “no pasa nada”.

Tras una épica victoria nos animan a adoptar una nueva y distinta visión de la vida: ¡¡vive!! Nos gritan a la oreja y ¡¡no pienses en la desgracia!! Podemos instalarnos en vivir la pasión como un alma en pena, con capirote y sufriendo, es cierto.

Las dos tallas nos sobrecogen; la imaginería española refleja fielmente el dolor y el padecimiento. Y conste que no sufrimos porque nos guste hacerlo. Pero el lamento de tan cultural raigambre nos desahoga y si lo amplificamos, mejor. La desazón es una respuesta para evitar y repeler el daño por miedo, inseguridad y a veces intransigencia.

Lo peligroso del quejido es que nos aleja de los demás y nos debilita.

Ahora y más que nunca, las lágrimas y los lagrimones, con gallardía y pesadumbre.

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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