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Un día mágico: “seres de luz”… y algún mandril


Ocurre que a veces uno conoce a alguien y nos gusta desde el primer momento.

No estoy hablando de amor a primera vista, ni de “amour fou”, no, me refiero al flechazo afectuoso, cálido y amable. Y he comprobado que las flechas cantadas por nuestra entrañable Karina, existen.

Y así, sin más ni más, nos vemos ante un día mágico. Por arte de un golpecito diestro del mago en su chistera, empiezan a salir y a brotar…: “seres de luz” dicen. Yo no soy muy dada a creer en eso de las energías, las auras y los fluidos estelares, pero quién sabe, lo mismo con el tiempo mudo la opinión. Y sospecho, hasta lo constato en mi hoy presente y personal, que los llamados “seres de luz” existen.

Sí creo en los “chupasangre” que clavan el colmillo retorcido y cual destornillador te deshacen y vacían la yugular.

En cambio, un día o varios, claro que sí, amanecemos tranquilos y descansados con la perspectiva de un viaje laboral o de una gestión administrativa de cierta enjundia… y por el camino haya carretera de por medio o transporte público o privado, notamos cierta “levedad en el ser”, vamos, que se esponja el sistema nervioso y nos sentimos bien.

El cometido de ese día en concreto entraña ciertos riesgos pero hemos preparado la mochila con cuidado, siguiendo instrucciones, así que debería funcionar todo aunque no estamos exentos de cierto hormigueo en el estómago por si algo se tuerce.

La magia sigue actuando… o el esfuerzo, no lo sé, para que ese día salga bien.

Y efectivamente. Una vez llegamos a nuestra destino sin percance, nos esperan con sonrisa y ganas de volver a encontrarnos porque hace mucho tiempo de la última visita a esa ventanilla tan conocida, a ese puesto tan esperado, o a esa cita tan cuidadosamente programada. Ocurre que el cuerpo se relaja y apreciamos la placidez del entorno.

No hay “dráculas” a la vista.

Avanza la mañana y para culminar el proceso iniciado de la gestión, se precisa de una firma.

Algo que parece tan sencillo como signar un documento, se convierte en un rato de zozobra e inquietud amenazante; un ser farfulla con un lenguaje animalesco y propio de un patán los desatinos del gobierno de turno, la locura de alguna de sus ministras, el desastre de país en el que vivimos…; sus palabras, inflamadas, salen a borbotones de una tripa abultada e inabarcable; ignorándome, busca el compadreo de otros compañeros de su mismo género para abundar en comentarios ofensivos y delirantes. Me hundo; me invade el desánimo y quiero desaparecer. Estoy frente a un membrillo vestido de traje y corbata. De malas hechuras el tipo… difícil que a ese gañán le encaje algo bien tejido.

Sus exabruptos bloquean mi mente; se ríe de sus propias gracias muy al estilo rancio de los chistes casposos en la época del destape… y yo quiero escapar de esa habitación que me resulta estrecha a pesar de su amplitud. En cualquier caso, poco tengo que ver con ese energúmeno que además usa mal la mascarilla y enfundado de la autoridad que le da su firma, costosísima por cierto, no llega ni a la categoría de musgo. Ahí está el de Transilvania: se ha materializado en la figura de un palurdo con mínimo recorrido social, ninguna empatía, empleando un lenguaje a todas luces ofensivo para ensalzar su figura de macho carpetovetónico. Insultante. El tiempo se espesa y hay que firmar. Que pase este cáliz…

Dejamos a la acémila con sus groserías y pienso en los “seres de luz”.

Un día de estos, mágico, ese mismo día, nos presentan a una mujer llena de vitalidad, o eso aparenta con sus saludos y sus formas activas y saludables. Resulta que tiene una vida tan complicada que la de uno parece un jueguecito Lego. Ella sola se ve en la necesidad de armar y componer las vicisitudes que le han tocado en suerte y transmite ilusión y ganas y deseos de que no nos coma la vida. “Somos unas champions, Pilar”, me dice. Y yo mis ojos se acercan a ella y ella emocionada: “Y yo no lloro tan fácilmente, eh? –me asegura-“.

Que los del norte somos muy recios y no lloramos.

Esa reciedumbre norteña tan famosa es una leyenda urbana; nos la han inculcado soterradamente, gota a gota… y la hemos interiorizado hasta el tuétano, pero cuando de repente nos tocan la fibra –la sensible también- nos desparramamos en pura expansión y acogimiento, se nos olvida la “nortez” y escupimos y hablamos y nos confesamos y nos tropezamos y nos interrumpimos y hasta lloramos y nos abrazamos. Bueno, lo del abrazo era antes…

Sí. Un día mágico, redondo por eso de la perfección del círculo.

Y alguien te desea buen viaje, buen día o buena mañana en ese bar en el que imposibilitados para tomar algo en la barra, nos ubicamos en una mesa separada del resto, por la distancia social; te tomas un zumo de naranja atendido por una camarera que pronuncia nuestro idioma con dificultad y que no acepta propina porque está segura de que vamos a volver a su local que dirige llena de energía y encantada.

Y un amigo nos escribe un “guasap” contándonos lo “diverso” del día que ya acaba, después de tanto tiempo sin hacerlo; se ha tomado su tiempo para compartirlo contigo.

Un ser de luz ha encendido la mecha de ese resplandor que prende a los seres luminosos.

Siempre hay una mano tendida, un ofrecimiento de ayuda, la sonrisa que habla y cuenta, el gesto que anima, la voz que inspira: alguien que consigue un día mágico a pesar de la existencia de algún mandril.

Hoy quiero agradecer a esas personas que al salir de nuestra casa a “hacer una gestión” convierten un día más en una fiesta, en un regalo.

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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