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EL PERIÓDICO
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El cierre perimetral que abraza Madrid


Sostiene el gobierno conservador de la comunidad de Madrid que piensan acatar, pero al tiempo recurrir ante los tribunales de justicia la orden ministerial derivada del acuerdo del Consejo Interterritorial de Salud sobre el cierre perimetral y otras restricciones de horarios y aforos ante la próxima semana santa y el puente de San José. Al parecer, su razón es doble, por una parte de contenido: la inutilidad de los cierres perimetrales y por otra de forma: que para el gobierno madrileño el acuerdo solo y exclusivamente debería ser por consenso y no un acuerdo mayoritario, cosa que precisamente es debida a su oposición.

Sin embargo, está acreditado que la reducción de movilidad así como las restricciones de horarios y aforos en locales cerrados han sido instrumentos fundamentales para reducir la transmisión de la pandemia, utilizado incluso por ellos hoy mismo, aunque a partir de unos altos niveles de incidencia acumulada y en el marco de las zonas básicas de salud. El argumento de que el cierre perimetral de la Comunidad aumentaría la movilidad en su interior al impedir la salida de los madrileños, es una obviedad, sobre todo si desde el gobierno se estimula la movilidad con la apertura de los locales de ocio y de la hostelería o se convierte a Madrid en destino turístico preferente para extranjeros, para sin solución de continuidad, reprochar al gobierno lo que suponen escasos controles aeroportuarios en la línea del conjunto de la UE. Sin embargo, no sería la primera vez que un cierre perimetral no querido, le soluciona la papeleta a los Madrileños, contribuyendo a la reducción de una incidencia que, con más de doscientos casos por 100.000 habitantes, sólo es superada por las ciudades de Ceuta y Melilla, mientras la tasa media de incidencia en España está por debajo ya de ciento treinta casos por cien mil.

Por otro lado, la exigencia del consenso para la obligatoriedad de las actuaciones coordinadas sería tanto como olvidar la reciente reforma del gobierno Rajoy para dotar de mayor ejecutividad al Consejo Interterritorial y otorgar un derecho de veto a cualquier comunidad autónoma o cualquier miembro del Consejo, lo que abocaría tal órgano a la parálisis permanente. En cuanto a la insuficiencia de la ley de cohesión como base para las medidas, como ya argumentó la comunidad de Madrid frente a el cierre perimetral anterior, ésta es solamente una de las leyes en las que se apoya, junto a las relativas a la salud pública y al decreto de estado de alarma como respaldo a las actuaciones coordinadas, que fueron consideradas adecuadas por la mayoría de los tribunales superiores de las CCAA. En todo caso, para el cierre perimetral de la Comunidad de Madrid, bastaría con el cierre anunciado de las CCAA vecinas de su entorno.

En definitiva, un recurso irrelevante por su falta de fundamento y por su nula efectividad en el improbable caso de prosperar, pero que paradójicamente le sigue siendo muy útil al gobierno madrileño para continuar con su teatralización de la confrontación contra la gestión de la pandemia, tanto del gobierno central como del resto de los gobiernos autonómicos, al margen de que sea de su mismo color político. La única capital de un pais europeo que hace bandera de un negacionisno vergonzante frente a las medidas de contención y mitigación de la pandemia.

Todo esto en el momento en que se amplía la autorización y la administración de vacunas, que aunque con serios problemas de producción y distribución en particular en la UE por parte de las compañías farmacéuticas, con las que se vislumbra la posibilidad de lograr la inmunidad de los colectivos más vulnerables como los residentes en centros de mayores donde los brotes se han reducido a la mínima expresión, y con ello de reducir progresivamente el número de fallecimientos y la presión hospitalaria, hasta tanto se generalice la vacunación, y como consecuencia se alcance la denominada inmunidad de rebaño.

En la posición opuesta, es decir en el ámbito de los estrictos expertos del covid cero, por el contrario, se saluda que, según ellos, por fin se haya llegado a un acuerdo de medidas conjuntas para toda España, de obligado cumplimiento y publicadas en el BOE, aunque parecen ignorar que ya desde la desescalada y más tarde en el decreto de nueva normalidad, en las de respuesta temprana, en el tercer decreto de estado de alarma y en otros tantos paquetes de actuaciones coordinadas, la norma han sido los acuerdos muy mayoritarios o de consenso frente a los distintos momentos de la pandemia, que algunos han sido publicados en el BOE (ya que seguimos siendo un modelo de estado descentralizado) y en general han surtido efecto para doblegar la segunda y tercera ola, y sin embargo, la ausencia de medidas compartidas o la falta de acuerdo, ha sido por fortuna la excepción.

En resumen, después de un año de pandemia con su consiguiente impacto social y económico, hay todavía algunos que dicen que no pasa nada y que basta con dar libertad al mercado, por suerte lo hacen con sordina, son los menos y disminuyen de día en día. Hay otros, por el contrario, que parecen pretender que los gobiernos lo pueden todo pero que no saben, porque no se dejan asesorar por los expertos, o no tienen la voluntad de acabar con el virus, bien sea por razones económicas o por un interés meramente político. La bipolarizacion política se extiende a los expertos y a la infodemia.

Sin embargo, con la rara excepción de los negacionistas, cada vez más vergonzantes, la inmensa mayoría de los gobiernos apoyan sus medidas en informes de expertos de organismos nacionales o internacionales, y tienen como preocupación fundamental acabar cuanto antes con la pandemia en la medida de sus posibilidades. Lo que no pueden los gobiernos, y mucho menos el conjunto de la humanidad hoy por hoy, es erradicar un virus que como el covid19, que no tiene las características básicas, tanto biológicas ( reservorio animal, numerosos casos subclínicos, periodo de infectividad..) como sociopolíticas ( incentivos geopolíticos, liderazgos compartidos y una implicación de la industria) para considerarlo erradicable a corto o medio olazo, como los casos por ejemplo de la viruela o la polio.

Aunque es cierto que hoy no hubiera sido necesario hacer estudios sobre las muertes evitables por las carencias en la gestión de la pandemia, si antes de que se desencadenase nos hubiéramos creído la amenaza de una pandemia letal,nos hubiésemos preparado y la hubiésemos prevenido evitando la tala y la urbanización de la selva, la caza de animales exóticos, la exploración de granjas intensivas o la hioermovilidad y la agravación de las desigualdades sociales, y por contra hubiésemos otorgado más poder y financiación en materia de prevención y salud pública a la OMS el ECDC y también en nuestro caso al Ministerio de sanidad.

Pero, lo que se pretende obviar en las recetas de los expertos de estricto cumplimiento para la eliminación del virus, es necesidad de conciliar las duras restricciones y la contestación cada vez más airada de los sectores afectados, al borde del agotamiento al cabo de un año de pandemia, y la necesidad entonces de la gradualidad y de una explicación razonable de las restricciones y al tiempo de redoblar y aumentar también las medidas económicas directas, como las aprobadas recientemente por el gobierno de coalición, para resarcir las ya abultadas pérdidas de sectores como la hostelería, el comercio no esencial o el turismo con la disposición de más apoyos públicos y con ayudas de todo tipo, consideradas por otros como insuficientes y tardías.

Porque la vida humana no es sólo biológica ni vida individual, sino que como seres sociales, necesitamos de la relaciones humanas para vivir. Hablar pues de la economía como algo prescindible en las decisiones de la pandemia es ilógico, como lo sería eludir los efectos psicológicos y sociales del distanciamiento social. No lo ha hecho nadie, ni es conveniente que lo haga.

Y, por otra parte, como los recursos económicos son finitos, se plantea otra contradicción cuando se presiona para poner en marcha nuevas líneas de ayudas directas, y al mismo tiempo se denosta cualquier medida fiscal y se alerta de la imprescindible y casi única orientación de los fondos de reconstrucción europeos, olvidando la resiliencia, exclusivamente en favor de la modernización tecnológica y ecológica de nuestra economía.

En definitiva el medio aristotélico parece que está la virtud, ya que se trata de una pandemia letal, en que hay que convertir la evidencia científica del laboratorio en decisiones viables, que también lo sean social y económicamente, y que ante ella cualquier victoria solo es parcial, ya que en esta pandemia tampoco hay victoria final. El sars_cov2 se quedará seguramente entre nosotros como un virus estacional y tendremos además que empezar la labor de prevenir la próxima pandemia.

Porque los responsables políticos tienen la compleja tarea de conjugar principios y responsabilidad en una realidad y ante una ciudadanía sumida entre el miedo, el cansancio y la incertidumbre. Actuar con equilibrio es mirar la pandemia y su evolución desde la perspectiva de la salud publica y como consecuencia de la necesidad de su adaptación y modulación en cada momento concreto.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.