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¡Abrid los ojos! Ante el asalto al Capitolio


Miles de personas participan en Madrid en una de las manifestaciones promovidas por Vox contra la gestión del Gobierno en la pandemia del coronavirus este pasado mes de mayo. Miles de personas participan en Madrid en una de las manifestaciones promovidas por Vox contra la gestión del Gobierno en la pandemia del coronavirus este pasado mes de mayo.

El asalto al Capitolio el 6 de enero ha puesto de manifiesto el peligro que supone la extrema derecha para la democracia. El ascenso de los partidos ultras en bastantes países de todo el mundo ha sido minusvalorado por bastantes analistas y medios de comunicación, pues no lo consideran un peligro para la democracia, que se encuentra consolidada en los países desarrollados, se dice, así como tampoco se pueden denominar a estos partidos fascistas.

Esta minusvaloración de lo que supone la extrema derecha se pone claramente de manifiesto en España. A mí me ha llamado mucho la atención la complacencia con la que casi todos los medios de comunicación españoles han tratado a Vox. No se pone de manifiesto con suficiente contundencia que es un partido claramente antidemocrático, cuyo modelo, según manifiestan sus dirigentes, es el puesto en marcha por el primer ministro húngaro Viktor Orbán. Vox, al igual que sus partidos hermanos, es un partido xenófobo, racista, homófobo, que está contra los derechos de las mujeres y que niega la violencia de género. Se está alimentando con esta complacencia al huevo de la serpiente.

Por si fuera poco, tanto el PP como Ciudadanos, se han aliado con Vox para conseguir el poder en varias Comunidades Autónomas y ayuntamientos. Se le da una cancha política con tal de conseguir el poder de lo que espero que no tengamos que arrepentirnos más adelante. Si se tienen realmente asumidos los valores democráticos no se pueden establecer acuerdos con partidos que se aprovechan de la democracia para acabar con ella. Hay que poner un cinturón de seguridad para evitarlo.

El asalto al Capitolio, que se ha saldado con muertos y heridos, ha puesto de manifiesto que la democracia es más frágil de lo que nos creemos y que los derechos civiles, políticos y sociales, conquistados tras las luchas sociales que se dieron a los largo de los siglos XIX y XX, son reversibles. De hecho, en muchos casos ya se está ante un retroceso, sobre todo en los derechos sociales. También la violación de los derechos humanos que están llevando a cabo las democracias fundamentalmente con los refugiados y emigrantes.

La situación no solo es preocupante sino alarmante. De este peligro ya advertía Adorno en el año 1967 en una conferencia pronunciada el 6 de abril por invitación de la Asociación de Estudiantes Socialistas de Austria en la Universidad de Viena. Esta conferencia tenía como finalidad explicar a un auditorio austriaco el ascenso experimentado en la República Federal de Alemania por el NPD, claramente de ultraderecha. El discurso dado por Adorno se ha publicado recientemente, tanto en Alemania (2019) como en España Rasgos del Nuevo Radicalismo de Derecha (Taurus, 2020).

La lectura de este texto ofrece muchas claves para entender el presente, tal como señala Volker Weiss en el epílogo. Al final de éste dice:” La síntesis entre élite culta y democracia liberal, que dese la década de 1960 definió el panorama intelectual de la República Federal, no es un rasgo que venga dado de forma natural. También podría acabarse. En nuestros días no se ha redimido todavía ese espectro al que Adorno dedica su conferencia. Una vez más, ronda por ahí en forma de nuevo radicalismo de derecha. Por eso es tanto más importante volver a concienciarse de la estructura de la agitación fascista y de los fundamentos sociopsicológicos de su éxito. Para ello son imprescindibles los trabajos de Adorno y del Instituto de Investigación social”.

La forma de enfrentarse a este ascenso de radicalismo la ofrece Adorno al final de sus palabras: “Pues bien señoras y señores, repito que soy consciente de que el radicalismo de derecha no es ningún problema psicológico ni ideológico, sino un problema tremendamente real y político. Sin embargo, la falsedad objetiva, la falta de veracidad de su contenido, lo obliga a proceder utilizando medios ideológicos, es decir, en este caso, utilizando medios propagandísticos. Y por eso, prescindiendo de la lucha política con medios puramente políticos, es necesario situarse en su propio terreno. Pero no hay que oponer mentiras a mentiras, no hay que intentar ser tan artero como él, sino luchar realmente contra él con la fuerza aplastante de la razón, con la verdad realmente no ideológica”. Palabras actuales y muy lúcidas.

Este peligro empezaba a existir ya en 1967 y nos advierte Adorno de que cómo evolucionen las cosas en adelante dependerá de nosotros. A la luz de lo sucedido lo que resalta es que no se están haciendo las cosas para cortar de raíz este peligro que lo tenemos delante de los ojos y muchos no lo quieren ver con lo que se hacen cómplices de estas ideas. En este sentido me ha resultado muy ilustrativo el libro del filósofo Jason Stanley Facha. Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida (Blackie Book, 2019). Una obra que da un repaso a toda la ideología de la extrema derecha construida sobre falsedades y mentiras, y que son los mismos presupuestos en los diferentes países, aun cuando en ocasiones haya una particularidad específica. Pero el fenómeno es global.

Esto es lo que trata de demostrar Federico Finchelstein en Del fascismo al Populismo en la Historia (Taurus, 2019). “Este libro contradice la idea de que las experiencias fascistas y populistas de pasado y el presente puedan conducirse a condiciones nacionales o regionales particulares”. Dicho esto, lo que se observa en los diferentes artículos y libros que tratan esta problemática es que se usan determinadas denominaciones para referirse a este radicalismo de la derecha, así se habla de fascismo, populismo, extrema o ultra derecha.

¿Resulta correcto utilizar la denominación de fascismo? ¿No puede ser un tanto exagerado su uso como hace Jason Stanley que lo menciona con frecuencia a lo largo del libro mencionado? El mismo hace una puntualización a la vez que justifica su uso:” Puede que el fascismo de hoy no sea exactamente como el de los años treinta, pero una vez más, en todo el mundo hay refugiados que huyen. Y en muchos países, la propaganda fascista instrumentaliza su drama para decir que la nación está sitiada y que los desplazados son una amenaza y un peligro tanto dentro como fuera de las fronteras”.

Finchelstein, sin embargo, trata de distinguir entre fascismo y populismo, pues en realidad representan trayectorias políticas e históricas diferentes, pero al mismo tiempo, fascismo y populismo están genealógicamente conectados. Forman parte de la mima historia. El populismo moderno nació del fascismo. A su vez Pierre Rosanvallon acaba de publicar El siglo del populismo (Galaxia Gutemberg, 2020), un libro muy completo sobre el populismo de derechas y de izquierdas.

En suma, estamos ante un peligro real que hay que combatir con la razón, y también como no contra esas políticas económicas basadas en el fundamentalismo de mercado y la austeridad, que están generando una creciente desigualdad e inseguridad, todo lo cual contribuye a crear un caldo de cultivo para la extrema derecha.

Catedrático emérito Universidad Complutense.