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EL PERIÓDICO
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Ayudas municipales en tiempos de pandemia


En el anterior artículo describí las dificultades financieras de los ayuntamientos y la necesidad de disponer de un nuevo sistema de financiación que ponga fin a la “eterna” precariedad que padecen, 42 años después de las primeras elecciones democráticas.

Hoy quisiera hacer referencia a la programación de ayudas públicas a empresas privadas, a pesar de la precariedad financiera. Es comprensible la preocupación y el deseo de ayudar, a la vista del peligro de desaparición de múltiples actividades privadas, pero de poco pueden servir pequeñas ayudas cuando el problema es de grandes dimensiones.

Personalmente soy más favorable a condonar o suprimir determinadas tasas municipales, durante dos o tres años, que a conceder ayudas económicas que de poco sirven a las empresas, y en cambio producen serios problemas a las arcas municipales.

Si para algo debería servir tener bajo control informático las declaraciones de renta de las empresas, sería para conceder ayudas en función de lo declarado el año anterior. En algunos países de nuestro entorno, a los sectores más afectados por la parálisis de sus actividades, se las ha compensado con hasta un 75% de lo facturado, en el ejercicio pasado.

Con esto quiero decir que el principio de participación en la solución al problema debería seguir el principio de mayor responsabilidad. Si es el gobierno central el que decreta la paralización de actividades, le corresponde a él, movilizar los recursos económicos necesarios para compensar pérdidas. Si el promotor es el gobierno autonómico, debe ser él el que proporcione las ayudas.

En todo caso, no corresponde a la administración municipal, resolver estos problemas, por cuanto no tiene ninguna competencia en este ámbito. Y querer participar, es un error, porque supone asumir unos costes que corresponden a otros niveles, y hay que avanzar en la corresponsabilidad, a todos los niveles, sin entrometerse unos con otros.

Además, hay que ser muy escrupuloso con el dinero público, y algunas ayudas municipales no lo han sido. Es más, algunas han sido claramente populistas. Pongo algunos ejemplos. Dar vales de compra a todas las familias de un municipio, supone darlos tanto a grandes fortunas como a las más humildes. ¿Es justo? ¿Es equitativo? O dar ayudas económicas a todos los establecimientos y actividades, de forma lineal i indiscriminada, ¿tiene lógica cuando algunos han incrementado facturación por haber tenido menor competencia?

Podría seguir con otros ejemplos de ayuntamientos de diversos colores políticos, más preocupados en hacer propaganda que en solucionar realmente los estragos de la pandemia. El dinero público siempre ha de ser administrado con suma cautela y objetividad, procurando destinarlo a los sectores más desfavorecidos, y teniendo siempre como principal destino el cumplimiento de las competencias, estrictamente municipales. Querer competir con otros niveles, no tiene ninguna justificación. De esta pandemia hay que extraer muchas lecciones de futuro y ésta debería ser una de ellas.

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.