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Tres cisnes grises: la pandemia, el populismo y el neoliberalismo


"Los cisnes grises, serían todas aquellas amenazas obvias o probables ( a diferencia de los cisnes negros o no predecibles), de gran impacto, pero que por alguna razón son sistemáticamente ignoradas". Nassim Taleb,

Tres tristes cisnes. La pandemia, el neoliberalismo y el populismo_ trumpismo han llegado, como si de unos nuevos jinetes de la apocalipsis se tratara. Todos eran más que probables, pero nos negamos a considerarlos posibles, por eso no nos preparamos, y tampoco nos tomamos en serio sus amenazas. Y así nos ha ido. No han sido hechos simultáneos ni encadenados, ni siquiera sus relaciones han sido necesariamente causales, pero hay coincidencias en su origen, se relacionan en su evolución y sus consecuencias se multiplican. Desde luego, no han sido casuales.

El neoliberalismo empezó con la globalización económica sin control, la subordinación de la política a la economía y sin el marco ni la voluntad de intervención del Estado, con estrategias como la desregulación del mercado laboral, la deslocalización industrial y el desmantelamiento del estado del bienestar. Con todo ello se labró su fracaso de bajo crecimiento, estancamiento y crisis sucesivas. Fue entonces como llegó el populismo a salvar el neoliberalismo de sí mismo, convirtiendo a la democracia en la principal y la única culpable y degradándola al cabo de un corto periodo de tiempo en las llamadas 'demoduras'.

Ambos, neoliberalismo y populismo, coincidían en aprovecharse de las crisis económicas, sociales y políticas para acentuar la desregulación contra lo público, y para debilitar las instituciones representativas de la democracia reoresentativa como los partidos, los sindicatos y sobre todo el parlamento, y asimismo en desmantelar el Estado social, todo ello en favor del individualismo, el cesarismo y el autoritarismo.

También en el terreno de la pandemia de la covid19 todo empezó con el mercado, la globalización y la especulación sin control del medio natural. Con la explotación el territorio, el mercado de animales exóticos y con la agricultura, la ganadería y alimentación intensivas. Una zoonosis que, como otras precedentes, primero se transmitió a humanos y luego derivó finalmente en pandemia. Pero la incipiente integración de zoonosis emergentes y reemergentes y su trasmisión humana, la incredilidad y la tardanza de los gobiernos en su reconocimiento y la falta de una gobernanza global, por parte de una débil y dependiente OMS, han hecho el resto. En el horizonte próximo, si no lo cambiamos, están las nuevas pandemias del cambio climático.

Porque había antecedentes. Y no solo los más cercanos del SARS o el MERS en Asia y Oriente Medio, que han aportado una experiencia directa, en particular a los países asiáticos ante la actual pandemia de la covid19, lo que les ha permitido responder mejor, mediante su estrategia de test masivos, control digital y disciplina social.

La crisis, las guerras, la pandemia, el populismo y el fascismo se encadenaron, se solaparon y entrecruzaron también en los momentos críticos durante la primera mitad del siglo pasado. Aunque con casi un siglo de retraso, vamos conociendo los detalles de la pandemia de gripe, mal llamada española, su origen, vectores y determinantes sociales y políticos, una buena parte ocultos y confundidos detrás de la catástrofe de la primera guerra mundial. Como colofón, llegó la distopía de la ira y del fascismo contra la democracia y unas consecuencias desastrosas para el mundo, con el resultado de Millones de muertos, heridos y destrucción, que todavía nos horrorizan.

Ahora, vuelve de nuevo la impotencia y la complicidad de la política. Una política subordinada al mercado y a la globalización. Cuando no cómplice con la deslocalización industrial y los recortes sociales, la precariedad y la pobreza laboral. En definitiva, con el malestar social. Y con ello, la desprotección y la inseguridad, la huida de las clases medias hacia la indignación y el populismo, y el secuestro de la representación democrática, las instituciones y la democracia misma, el estigma hacia los inmigrantes, la impugnación de los hechos y de la verdad.

Vuelve la indignación y la antipolítica agitados contra la corrupción y con la democracia como chivo expiatorio. Al final, el populismo, otra vez, como tabla de salvación del neoliberalismo y como la nueva forma de la política en los tiempos líquidos de consumo digital.

La respuesta ha sido, una vez más, el exceso de confianza y la complacencia. La superioridad de los ilustrados frente a lo irracional y lo emocional. El discurso de lo políticamente correcto. En definitiva el exceso de confianza de las democracias. La complacencia de las instituciones democráticas ante el malestar social y la desconfianza ciudadana. Esto también pasará. Sabemos cómo ha terminado: con el populismo de la extrema derecha volviendo al gobierno, al cabo de un siglo, en el mismo corazón del nuevo imperio.

En la pandemia en curso ha prevalecido también el exceso de confianza en el desarrollo económico y en la técnica. Sin embargo, la realidad han mostrado nuestras debilidades: la quiebra de los canales de comercialización y de las cadenas de distribución de productos sanitarios esenciales, la primacía de la economía frente a la sanidad pública y los servicios sociales, y en consecuencia la falta de preparación en salud pública, y el efecto de los recortes, en particular en atención primaria y cuidados sociosanitarios. En definitiva, la involución de los derechos sociales y servicios públicos, los recortes sociales y las privatizaciones sanitarias y el mercado de las residencias de ancianos. También ha emergido la sindemia oculta: la de la pandemia infecciosa y letal probable, pero para la que no nos preparamos. La sinergia de otra pandemia evidente: la de las desigualdades sociales laborales y de vivienda. Y asímismo la de los factores de riesgo y las enfermedades crónicas. Porque la pandemia va por barrios, clases y patologías previas. No es igual para todos.

Con los primeros datos, apenas contrastados, de control de la segunda ola de la pandemia, del declive del trumpismo en los EEUU, de la revitalización del papel de lo público en Europa y de la esperanza que suponen los avances en las vacunas, corremos el riesgo de precipitamos y de caer otra vez en la soberbia y el exceso de confianza que nos impidieron prever la pandemia y paliar sus efectos.

El riesgo de la vuelta al agotado juego de la receta del modelo neoliberal y el hiperconsumo digital, olvidándonos del papel vital de lo público, de los trabajadores, de sus derechos laborales y sociales y del papel activo del Estado y la regulación de la globalización en toda esta crisis. El peligro del retorno a la mera alternancia política sin dar pasos firmes en la regeneración y la innovación de la participación democrática frente al populismo. Y , más en relación con la pandemia, el riesgo de nuevo de la precipitación en la desescalada económica con el espejismo de la nueva normalidad, de los test masivos y en cualquier lugar, desvinculados de la atención primaria y la salud pública, así como de la fracasada estrategia de erradicación de los virus mediante la panacea de las vacunas exclusivas para los países ricos. Olvidando con ello la magnitud de una amenaza letal frente a las las demostradas flaquezas de la salud pública, de la sanidad y de la gobernanza global.

Porque quizá sea el canto del cisne ( el principio del fin) de esta pandemia, del populismo y ojalá también del neoliberalismo, pero todavía no es el final. Los cisnes grises continúan estando muy presentes.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.