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A martillazos

A martillazos el Ayuntamiento ha retirado la placa en Chamberí a Francisco Largo Caballero, que presidió el Gobierno de este país en tiempos de la guerra y que, con sus aciertos y errores, fue elegido dentro del cauce legal establecido en la Constitución vigente en ese momento, la de 1931, sin olvidar que también fue ministro de Trabajo, un ministro de intenso y extenso trabajo en favor de los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Ayer se consumó la venganza de las tres derechas, la que promovió esta damnatio memoriae, y la de las dos que gobiernan. Solamente, la capital de España mantiene su estatua, junto con la de Prieto, en el Paseo de la Castellana porque ambas pertenecen al Estado.

Miembros de la UGT y la Fundación Largo Caballero han realizado un modesto, pero emotivo acto de desagravio, al que me uno desde estas breves y apresuradas líneas en El Obrero.

Este tipo de actos, de venganza, de odio, tomados en una institución tan noble como la municipal, son muy lamentables y, sobre todo, muy peligrosos no sólo por intentar mancillar la memoria de un personaje, y la de sus herederos que forman parte de una enorme familia en este país, la socialista, sino porque buscan crear tensión, como lo han hecho en el Consistorio madrileño o en el Congreso de los Diputados, y también en las redes, aplicando métodos modernos sobre una estrategia bien antigua aprendida en el pasado italiano, alemán y, por supuesto, español.

Afortunadamente, la mayoría de los españoles y españolas conservan la calma, y defienden y sienten profundos sentimientos democráticos gracias a la experiencia histórica de este país y a su voluntad de seguir construyendo una España más justa, más igualitaria, y donde la libertad y fraternidad se fortalezcan.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.