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Objetivo del independentismo catalán en 1936: matar al presidente Lluís Companys


Companys, Tarradellas, Xirau y otros representantes de ERC, entre rejas tras la intentona de aquel octubre de 1934. Companys, Tarradellas, Xirau y otros representantes de ERC, entre rejas tras la intentona de aquel octubre de 1934.

En los últimos tiempos el independentismo catalán, con el ya ex presidente Joaquim Torra a la cabeza, se ha lanzado a tumba abierta a reivindicar la figura de Lluís Companys como mártir antecesor de la Santa Causa “procesista”, culpando a España en general y al Estado español en particular de su asesinato a manos del Régimen franquista.

No entraré en disquisiciones absurdas sobre la supuesta culpa colectiva que pesaría sobre los ciudadanos españoles (incluidos, por tanto, los catalanes), en razón de ese crimen que en realidad solo es atribuible al general Franco y a sus secuaces. De hecho, Torra va más allá al “exigir” al actual jefe del Estado español y al Gobierno ejerciente que pidan perdón públicamente por el fusilamiento de Companys, de lo que se deduce que considera a ambos corresponsables directos del mismo.

El dislate del antiguo vendedor de seguros recién inhabilitado como presidente de la Generalitat catalana es tan considerable que debería producirle sonrojo, caso de que el señor Torra tuviera la capacidad de sonrojarse ante las estupideces que acostumbra a proferir. Por ofrecer solo un par de contraargumentos, imaginen que ahora responsabilizáramos a los señores que forman el Govern catalán y a las élites catalanas contemporáneas de ser responsables del tráfico negrero español con el Caribe, actividad que fue monopolio de catalanes durante el siglo XIX y base del enriquecimiento que permitió la eclosión de la burguesía comercial e industrial catalana. De hecho, la fortuna de muchas familias de las élites catalanas procede precisamente del comercio de esclavos. Hay casos resonantes, como el de la familia Güell, financiadora de las obras del arquitecto Gaudí con ese dinero manchado de sangre, por no hablar del tatarabuelo del ex presidente Artur Mas, un ambicioso capitán de barco negrero que inventó un sistema para poder estabular más esclavos en cada viaje (1)

Otrosí, imaginen que a alguien se le ocurriera exigir al Govern de la Generalitat y a su presidente actuales que pidieran perdón públicamente por los asesinatos de decenas de obreros y dirigentes sindicales catalanes, cometidos en su día por policías y pistoleros de la Comissaria General d’Ordre Públic de la Generalitat de Catalunya a las órdenes de Miquel Badia, jefe de la policía catalana, bajo la tutela del conseller de Governació (Interior), el líder del partido fascista Estat Català, Josep Dencàs, en los años previos a la Guerra Civil. La actividad criminal de ese GAL a la catalana “avant la lettre” duró hasta abril de 1936, cuando la FAI ejecutó a tiros a los hermanos Badia.

Ya que hablamos de la Guerra Civil, esa que para la mayoría de independentistas e incluso de catalanistas que no lo son fue “un conflicto entre españoles” en el que a los catalanes no se nos había perdido nada, no estará de más recordar un episodio desconocido por muchos, ya que durante décadas se ha intentado tapar cuidadosamente: el intento de golpe de Estado contra el Govern de Lluís Companys promovido por los sectores independentistas más fanáticos, como parte de un plan urdido para asesinar al presidente y pactar la conversión de Catalunya en un Protectorado de la Italia fascista que la retirara de la guerra. Traición sobre traición, en suma.

Lluís Companys fue una persona particularmente odiada por los nacionalistas radicales catalanes, entonces y ahora. Tal vez porque era una de las escasas personas verdaderamente de izquierdas que ha militado en ERC en toda la historia de ese partido. Nacionalista tibio y no independentista, el 14 de abril de 1931 Companys proclamó “la República” e izó la bandera tricolor española en el Ayuntamiento de Barcelona, lo que le valió una monumental bronca posterior de Francesc Macià, el anciano líder nacionalista, que hubo de conformarse con proclamar después “el Estado Catalán dentro de la Federación de Repúblicas Ibéricas” desde el Palau de la Generalitat.

Muerto Macià y ya como presidente catalán, Lluís Companys se vio arrastrado a una sublevación secesionista liderada por Josep Dencàs y una parte de ERC el 6 de octubre de 1934. Las bandas armadas de Estat Català, muy modestas en número de elementos integrantes, intentaron ocupar las calles de Barcelona, con nulo éxito. Domènec Batet, capitán general de Catalunya y republicano leal (en 1936 fue fusilado por Franco), aplastó la asonada con el despliegue de unos cientos de soldados y un disparo de cañón contra la fachada del Palau de la Generalitat; la rendición de los rebeldes fue inmediata. Companys tuvo la gallardía de asumir toda la responsabilidad, lo que le valió la cárcel. Dencàs huyó por las alcantarillas de Barcelona hacia el exilio, del que regresó en 1936.

A Lluís Companys también le odiaban los nacionalistas por su carácter personal y maneras de vivir, confrontadas con los propios de una burguesía tan pacata y rancia en sus costumbres como la catalana: tras divorciarse de su primera esposa el presidente catalán se casó en segundas nupcias con Carme Ballester, una mujer que hoy habría arrasado en los programas televisivos del corazón y que había sido amante de Miquel Badia, a quien abandonó por Companys. Entre los hermanos Badia y Companys siempre hubo cuentas pendientes: cuando los Badia fueron ejecutados por el comando faísta de Justo Bueno, desde el independentismo radical se acusó al presidente de haber facilitado información sobre ellos a los anarquistas, información que habría sido decisiva para el éxito del doble atentado.

En el otoño de 1936, tras iniciarse en julio la Guerra Civil, la CNT-FAI controlaba Catalunya y el papel de la Generalitat se reducía al de pura representación institucional decorativa, aunque la revolución social desencadenada tras la rebelión militar decaía a ojos vistas y se percibía cierto vacío de poder. Los secesionistas catalanes creyeron llegado el momento de sacudirse de encima la hegemonía anarquista, y de paso saldar deudas con un Companys muy disminuido en su poder e influencia. Desde ERC y usando una vez más a Estat Català como ariete, se organizó un golpe de Estado que incluía la liquidación física de Lluís Companys y el exterminio de la CNT-FAI (2). El golpe estaba encabezado por dirigentes nacionalistas tan significados como Josep María Xammar, hombre fuerte del partido fascista Estat Català, Joan Casanovas, presidente del Parlament de Catalunya y ex “conseller en cap”, y el entonces jefe de la policía de la Generalitat, Andreu Revertés, entre otros conjurados. La intentona fracasó, al ser descubierto el complot por gente de la CNT-FAI que trabajaba en la consejería de Interior. Revertés fue asesinado no sin antes haber contado de modo exhaustivo a sus captores cuanto sabía sobre el complot y quiénes eran los conjurados. De estos, la mayoría lograron ponerse a salvo en Francia, casi todos los políticos comprometidos, y solo algunos militares y policías fueron capturados y ejecutados sin más preámbulos.

Solidaridad Obrera, órgano de la CNT, publicó el 27 de noviembre de 1936 un editorial que, entre otras cosas, afirmaba: “Mientras en los frentes de lucha los proletarios dan su sangre y su vida por la Revolución, en la retaguardia, una colección de traidores y de insensatos, dotados de instintos verdaderamente criminales, se dedican a conspirar y a preparar golpes de Estado favorables a la causa fascista, contra la que venimos luchando ardorosamente” (3) La acusación de contactos con los fascistas no era en absoluto gratuita, ni sería la última vez en que éstos tuvieran lugar. Pero esa es otra historia.

(1) Negreros y esclavos. Barcelona y la esclavitud atlántica (siglos XVI-XIX), de vv.aa. Icaria Editorial. Barcelona, 2017. Un texto fundamental para conocer el modo en que se produjo la acumulación de capital llevada a cabo por la burguesía catalana a lo largo del siglo XIX.

(2) El complot de Estat Català contra Companys, de Antonio Gascón Ricao. Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores, s/f

(3) El complot… pág. 20

Escritor. Ha publicado varios libros sobre literatura de viajes, investigación en historia local y memoria colectiva contemporánea. Algunos de sus títulos son “Un castillo en la niebla.Tras las huellas del deportado Mariano Carilla Albalá” (sobre la deportación de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis), “Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural” (sobre la represión franquista), y la novela “El cierzo y las luces” (sobre la Ilustración y el siglo XVIII).