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De gustibus non est disputandum

Hay cosas que tienen delito y otras cosas que no tienen solución como es el caso del buen gusto en las personas, para algunos es obvio que no saben lo que es en Estética, para otros, bajo ese título se dedican a la escritura. Lo que sí parece es que para escribir hay que tener buen gusto, con esto se nace, sin embargo existen muchos empecinados en ser, existen los que como sea, no importa el precio, quieren ser de la profesión, ¿por qué? Por que hoy en día todo el mundo es escritor, por lo tanto portador de ideas y teóricamente con sapiencia como para desarrollarlas. Pero esto no es así. Existe un intrusismo muy grande que invade la profesión y que solo crea confusión entre unos y otros.

La escritura es algo que desarrollan algunas personas como algo, que gusta hacer en realidad todo el tiempo, es una necesidad que sirve para dar testimonio, para jugar con la filología y su canon ideal, para denunciar, para ilustrar, para criticar, para acariciar...para hacer llorar, divertir, ilustrar, entretener, hacer pensar, culturizar... Hay historiadores que hacen Historia. La escritura tiene muchas utilidades y para mi es algo sagrado. Después está lo que podríamos denominar -seguro- como el escritor y todo lo que le rodea, es decir la escritura y todo lo que la rodea. Éste -el escritor- como tal, conlleva ensimismo otra serie de cargas que aunque no deberían sin embargo influyen directamente en la escritura y en la aportación del mensaje que esta tiene. Esto pertenece a lo que entendemos como el mundo del escritor. Conviene recordar que en la actualidad  por delante de la escritura está la venta de otras cosas, si es del escándalo, mejor.

Por desgracia hoy en día no se sabe quién es quién y qué persona puede o debería dedicarse a tal o cuál cosa. ¿por qué? Porque en un país como el nuestro –me refiero a España- suceden cosas que solo pueden suceder aquí. En otros lugares suceden otras cosas pero desde luego, éstas no. Y claro, todo tiene su razón de ser y su razón de existir. La escritura también tiene su parte televisiva, este es el segundo punto importante a analizar.

La forma de expresarse y de calumniar de gentes que pretenden ir de tertulianos, de periodistas o gentes de la política o de la cultura es a día de hoy, denigrante. Van por ir, pero lo que es ser, no son, nada. Son los canallas, los cafres, los caníbales de la Humanidad, de la indecencia filológica porque ya se ve que decoro no tienen, que no la conocen, asesinos del buen gusto, porque el gusto también se ve que nunca podrá tener maestros de la calumnia, pero eso es lo que vende, y no su arte, ni sus políticas. Mientras se sigan permitiendo programas y programas donde se favorece y se facilita el calumniar a hombres, mujeres, enfermos, profesiones...todo, no debe extrañarnos nada de lo que suceda en los que “dan la cara” y que tenga por claro el que esto lee que en esta  “meriendas de negros” ninguno de los que da la cara delante de su público es inmune ni indemne. Ojo que lo quiero decir es que mañana le tocará a otro, a ti como no te andes con cuidado en un país donde no se respeta absolutamente nada. Pero ¿alguien se extraña? ¿se extrañan los hombres cuando llevamos siglos oyéndoles hablar asquerosamente de las mujeres como críticos profesionales? ¿Se extrañan los médicos de que les ataquen cuando ellos se hacen publicidad o hacen programas jugando con la salud, cosa inaudita y exclusiva de este país? No encuentro nada de relación entre la patanería y la disconformidad que mueve al escritor a reaccionar y escribir. Disconformidad, sí, insatisfacción.

En mi profesión en la que ser mujer entraña mayor dificultad, tengo que soportar la manera de cómo hablan los hombres de las mujeres, pero es que también hablan así las mujeres de las mujeres. Yo la última vez que escuché decir que a una compañera la Tesis doctoral le había tocado en una tapa de yogurt, me cabreé, claro que no sé para qué la defendí si esa misma compañera se dedicó hace unos años a desacreditar mi trabajo diciendo lo de siempre, que los que apoyaban mi revista era porque habían tenido un lío conmigo. Triste y poco inteligente, una reflexión –por cierto- que nadie se creyó, era claro que la muy mendruga no me conocía. Al final terminó por dar pena, ella, que quedó de envidiosa, de una profesora mayor que envidia a la que es más joven. Punto. Comportamiento muy habitual y cerdo, que al final como el tiempo pone a cada uno en su lugar voy a tener que pensar que sí, que su tesis se la encontró en una tapa de yogurt, pero me resisto a hacerlo. Las mujeres no debemos reírnos de los comentarios machistas y puercos de unos y de otras, pero yo los he oído mucho y me molestan soberanamente. Algunos lo consideran la sal de la cocina española. La lengua española, adalid de la sátira, de la novela picaresca, de los envites entre Quevedo y Góngora, es una maravillosa arma del sarcasmo y de la diversión, claro que sí, cuando se sabe utilizar, pero cuando es mal usada, puede llegar a ser lo más grosero del mundo y por lo tanto un arma de ofensa.

El escritor con su escritura siempre ha vivido condenado a la soledad, pero hoy en día eso ya no es así, del todo quiero decir. El escritor con su escritura era la mayoría de las veces alguien extraño, poco conocido, tímido (por eso se dedicaba a la escritura) porque era su refugio, era alguien a quien –por lo general- no le interesaba exhibir su vida íntima (podríamos hablar del caso de Galdós, guardián celosísimo de su vida privada). Pero lo peor es que el escritor –para mi- pierde su sentido y su función en el momento en el que se dedica a abrazarse con los políticos, sean cuales sean sus ideales, mucho peor si son de Franco, claro. Esto pasa factura. A partir de ahí está uno  perdido. Si alguna vez tengo problemas –que visto lo visto nadie está exento- me gustaría que me defendieran aquellos que hacen lo mismo que yo, aquellos que viven y sirven a los demás en la soledad con su escritura y sus trabajos y que en ocasiones tienen que hacer funciones de escritor: conferencias, clases, lecturas...esos, los que son de lo mío, los intelectuales y no, los políticos, esos no quiero que salgan al quite a defenderme porque yo espero no estar a su servicio, nunca. Yo incluyo en “los políticos” a todo aquello que entraña politiquería, también pueden ser editores y otras maravillosas joyas nacionales de poder como besugas del nivel Belén Esteban, forrada ella.

Sobre el mal gusto imperante y sus dineros, insisto en que no es más que un fiel reflejo de lo que hay en la sociedad. En las muchas funciones que corresponden al escritor –osea a su vida- no debe estar el perder los papeles como se pierden hoy en día, con tan poca inteligencia y tantas ansias de llamar la atención, aunque sea con escándalo del más cutre. También existe algo que se llama la dignidad, pero es para los muertos de hambre como yo. Con eso está todo dicho, ni hay inteligencia ni es culto lo que hacen, ni Cristo que lo fundó (expresión galdosiana). Por eso no puede ser escritor cualquiera, ni intelectual, ni periodista, ni comunicador, porque hay que saber muchas cosas más, para no meter la pata y que se vea el plumero más de lo que concierne. Yo metería en la cárcel a toda la gente que se cree en el derecho de poder hablar y calumniar a los demás, a los que invaden las profesiones, a los que se ríen de los defectos físicos de otros, costumbre tan andaluza como extendida por todo el territorio cada uno con su aderezo, se ríen de los mayores, de las mujeres, de los que tienen exceso de peso...sin gusto alguno en la sátira, todo es molesto y la gente es muy faltona, faltar por faltar, sin saber pajolera idea de educación porque no les interesa o porque no les ha hecho falta.

¡Con lo polis que son los franceses! Cuando pienso en estas cosas, me volvería otra vez a Francia a respirar educación y modales. Con esta manera que tienen los comunicadores (sí, esos intelectualoides de las tertulias televisivas que además crean opinión) ahora demuestran que no saben manejar el idioma como otrora lo hicieron nuestros predecesores (praedecesoris). La educación (educatio), como la discreción (discretio) y otras cualidades del ser humano que ya nadie conoce, cuando se tiene es un disfrute, es una manera de relacionarse, de dialogar, de trato, pero también de ataque, de la más dura batalla, de crítica...solo que hace falta inteligencia para manejarla y algunas otras condiciones más. Hacen falta desde luego enemigos de la misma talla. De estos aderezos poco quedan a los españoles. Ya pocos sonetos de hombres pegados a narices podemos leer porque no hay Quevedos, mal que les pese.

No hay nada más fácil, característico, tradicional y chabacano por otra parte que un hombre alardeando de lo que probablemente no sea capaz luego de hacer ni por asomo, ni creo que tenga que ver nada con lo que le concierne a su profesión. Peor aún si hace las cosas y las cacarea. Menos aún soporto a las mujeres “hablar de cómo la tiene Fulano o Mengano”, me parece de un mal gusto que produce violencia y sobre todo que no me interesa. Eso no se cuenta, nunca. Un aspirante a escritor porque no lo es, que escribe una farsa de pésimo mal gusto en un periódico en contra de uno que sí es escritor...es el día a día de la actualidad.

Yo creí que la gente conocía el manejo político que existe detrás de estas movidas, pero no, no lo saben y aquel que tiene más espacios televisivos y de radio, pues ese gana. Queridos todos colegas que habéis hablado en alguna ocasión del lenguaje brutal y vocabulario deleznable de muchos periodistas y cavernícolas al uso, también ha sido utilizado en ocasiones por muchos académicos, con sinceridad con muy poca gracia y menos arte. Les hemos escuchado. La guasa machista sigue existiendo, y tristemente permanecerá porque es la manera “jocosa” de divertirse para algunos hombres. Vamos, el bocazas de toda la vida que merece que se la partan, al que yo no me acercaba ni loca o que intentaba reconducir con mis comentarios, probablemente sin conseguirlo y expuesta a que al darme la vuelta, ese mismo, me atacase a lo bestia. Pues esos, siguen ahí, cada vez con más fuerza. Pero la verdad termina por salir, yo creo en la verdad, pero en los mentirosos también, en los traidores, en los groseros, mucho más y creo en combatirlos, ellos colaboran a mi disconformidad con la sociedad, colaboran a la insatisfacción necesaria del autor y es seguro que tendrán su merecido porque a cada cerdo le llega su San Martín. Son muy numerosos pero quizás sean necesarios -son los buffone de la sociedad-, útiles quizás para que pueda brillar alguna vez algo verdaderamente hermoso aunque sea a codazos. Es una lucha que ha permanecido desde siglos y que continuará.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.