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Sobre el revanchismo

El revanchismo es un término que procede, como bien sabemos, del sustantivo revancha, y que definimos como la actitud o el espíritu de venganza o desquite que se genera por una ofensa que se comete.

En el ámbito político e histórico contemporáneos empezó a plantearse este concepto en un contexto determinado: la derrota francesa de Sedán frente a la Prusia de Bismarck, en el último escalón del proceso unificador alemán, en 1871, con la consiguiente pérdida de Alsacia-Lorena. Eso no quiere decir que no podamos rastrear el revanchismo en el pasado en muchos conflictos en la Edad Media o en la Edad Moderna, pero, ciertamente, la derrota francesa incorpora este fenómeno al debate político. El revanchismo impregnó la vida política de la III República francesa en su política exterior. Francia tenía que recuperarse de la humillación padecida por el flamante nuevo Imperio alemán y desquitarse. El principal objetivo sería recuperar los territorios perdidos, que consiguió en Versalles en 1919.

El revanchismo puede asociarse, en cierta medida, con el irredentismo, es decir, con la reivindicación de territorios ocupados por otros Estados, y que se consideran como propios, siendo el caso más notorio el de Italia y sus reivindicaciones de territorios ocupados por Austria.

El revanchismo se asocia, pues, con el nacionalismo triunfante desde la segunda mitad del siglo XIX, y tiene ciertas connotaciones reaccionarias, como con el chauvinismo. El culmen del revanchismo llegaría con el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Las leoninas condiciones impuestas a Alemania en Versalles, especialmente las derivadas de las reparaciones de guerra, además de la pérdida de territorios y las restricciones militares, generaron un intenso sentimiento revanchista en amplias capas sociales alemanas. Este sentimiento de humillación fue aprovechado por el nazismo para la construcción de su discurso político y, exhaustivamente empleado en su propaganda con excelentes réditos. El revanchismo estuvo muy arraigado también en Italia al no ver satisfechas sus reivindicaciones territoriales. El irredentismo se acentuó. Así se explica la aventura del Fiume, y una parte sustancial del discurso fascista de Mussolini.

El revanchismo no desapareció de la vida política después de la Segunda Guerra Mundial. Se pueden rastrear algunos ejemplos. Nos detendremos en los casos norteamericano y español. En Estados Unidos se detectan dos fenómenos particulares asociados al concepto de revanchismo, uno en relación con sus vecinos del sur y otro en clave interna. Por un lado, determinados sectores radicales, ante la llegada de inmigrantes latinos, pregonan la idea de que México pretende reconquistar los territorios, especialmente Texas, perdidos en 1848. La otra forma de revanchismo se puede relacionar con el conocido, desde los años noventa, como el fenómeno de la gentrificación, un proceso por el que las clases económicamente poderosas norteamericanas reaccionan ante los grupos humildes y desclasados en las ciudades expulsándoles de sus barrios degradados, a través de los mecanismos del mercado. El fin sería convertir esos barrios en áreas renovadas de moda para ser habitadas por esos sectores acaudalados.

Por fin, en España la derecha y la extrema derecha consideran que en la izquierda y en el movimiento memoralista anida un sentimiento de revancha en la defensa de la memoria histórica de este país, de pretender ganar la guerra civil una vez perdida a través de la ley, la exhumación de fosas, la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas del conflicto bélico y de la dictadura franquista. El anuncio de una nueva Ley de Memoria Histórica ha disparado, de nuevo, el argumentario de estos sectores políticos en relación con el revanchismo.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.