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Mujer y Memoria Histórica

En cierta medida, en memoria de mi abuela paterna

Uno de los aspectos más novedosos del anteproyecto de Ley de Memoria Histórica tiene que ver con el protagonismo de la mujer. No se trata, como algunos podrían pensar, de dedicar un capítulo a la mujer como parte de las políticas de igualdad, no, ni mucho menos, se trata de que se reconozca y se repare a las mujeres como víctimas, las grandes olvidadas también en la memoria.

En primer lugar, se pretende que se reconozca el papel activo de las mujeres en la vida intelectual, política y en la defensa de los valores democráticos y los derechos fundamentales, cuestiones en las que ya la historiografía ha hecho un gran camino, aunque no completo, para que conozcamos un protagonismo que es mayor del que se suponía, pero que necesita que sea conocido por la ciudadanía en general. Las mujeres españolas hicieron un enorme esfuerzo en el pasado siglo XX por la conquista de derechos propios y no sólo propios, pero también para contribuir a que nuestro país fuera más moderno, sin olvidar su creciente protagonismo en el ámbito cultural. La dictadura franquista frenó durante décadas todos estos avances, y sepultó la memoria de esas mujeres porque sus empeños eran harto peligrosos para su concepción ideológica, política y moral sobre la mujer, que debía ser nada más que buena hija, hermana, esposa y ama de casa, reposo del guerrero.

Las mujeres no se vieron libres de la represión ejercida en la Guerra Civil y en la dictadura posterior. Fueron castigadas, como los hombres, por sus ideas políticas y sindicales, por pertenecer a logias masónicas, por ser maestras, etc., por demostrar con sus propias vidas que las mujeres eran iguales que los hombres. Muchas de esas mujeres, además, tuvieron hijos en las cárceles y los perdieron, o perdieron su propia vida después de dar a luz.

Las mujeres, además, fueron perseguidas por su papel en la lucha antifranquista, una cuestión que debe ser más estudiada y, por consiguiente, reconocida, y no sólo como apoyo del maquis o de los hombres que se enfrentaron al franquismo en las ciudades.

Por fin, las mujeres, las madres, las esposas y las hermanas cargaron con el peso de mantener a miles de familias españolas en años de plomo, de hambre infinita, porque sus hijos, maridos y hermanos estaban en las cárceles, trasladados constantemente, en una suerte de “turismo carcelario”, como una forma más de tortura y represión no sólo a los encarcelados, sino también para sus familias. Ellas estuvieron siempre que pudieron en las visitas, en las puertas de aquellas prisiones de espanto, y trabajando, y sacando adelante a sus hijos e hijas, como también las viudas, sin ayudas, todas escarnecidas por ser familiares de aquellos que el franquismo consideró como “malos españoles”. La deuda de este país con estas mujeres es infinita, valerosas ante la adversidad y sin rendirse jamás. Sin este esfuerzo muchos no estaríamos aquí viviendo en otra España.

Después, no podemos olvidar que las mujeres iban a la cárcel por adulterio o por la interrupción voluntaria del embarazo. Todas ellas merecen también reconocimiento y reparación.

Como en tantas cuestiones de la memoria histórica, era urgente reconocer a las españolas que tanto padecieron o perdieron su vida.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.