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EL PERIÓDICO
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Modernidad o fracaso general


“La soledad es algo innato a la noción de ser y existir del humano” -le dije hace tiempo a uno de mis colegas que preguntó sobre mi creciente actitud a no querer ir a la Universidad a perder el tiempo. -Es que no lo entiendo, ¿cómo se te ocurre dejar las clases para quedarte sola en tu casa? ¡Estás loca!. Yo le contesté que sí, que sí, que estoy loca pero que mi locura se vuelve creativa cuando estoy sola. Entre otras cosas -tampoco es que me derritiera en explicaciones- le dije que yo cuando estoy sola me encuentro muy bien, tengo una armonía creatividad inteligente que aprovecho al máximo y que me proporciona muchos beneficios emocionales. No le dije que soy un hacha del Wing-Chung, ¡Ja!

Es verdad, el Hombre está solo y mucho en el mundo, pero ¿y qué? Más le vale aceptarlo. Tampoco pasa nada. Sí, comprendo que una buena conversación es muy saludable y a mi, me encanta, sobre todo si es una conversación inteligente (no tiene por qué ser culta) y con cierto humor de por medio. Lo que me gusta de verdad, es poder observar, ver a la persona o personas que tengo enfrente o al lado, poder escuchar cómo es su risa, su entonación, cómo mira, qué gestos hace, sube una ceja, se toca la nariz, tosecita nerviosa, qué bebe, qué come, cómo reacciona a un estímulo en el discurso conversacional espontáneo...en definitiva ver a la persona, tener algo de Verdad delante de mi, aunque sea una o dos veces al año, algo fresco, el ser en actividad. Pero ¿Qué sucede desde hace ya un buen tiempo? Pues que esto cada vez se va perdiendo y perdiendo hasta llegar a otro tipo de relación que en nada tiene que ver, por ejemplo, con lo que yo estoy acostumbrada a hacer que es a hablar incluso más de una hora y media por teléfono si es preciso. El teléfono, otro vehículo donde también se observa, se siente y se intuye a la persona. Los whatssap no recogen esos elementos prosódicos del habla, sólo transcriben mal el lenguaje oral, lo cual crea sistemáticamente confusión y malentendido comunicativo.

Ahora con la red, el internet, el chat, los sms y otras cuantas chorradas más que abren el mundo a otro tipo de relaciones completamente distintas, la comunicación ha cambiado ¿por qué? porque no son verdad, son mentira. Aquel que crea que son verdad se está engañando. Con la palabra, la persona da, ofrece una imagen que no corresponde en absoluto a lo que de verdad esa persona es, por eso necesitamos el contacto físico. Se inventa un personaje, se reinventa a si mismo, se inventa de nuevo, se inventa algo, otro, otra, que evidentemente le gustaría ser pero que no es y se queda tan tranquilo, la mayoría de las veces engañando a la persona que tiene al otro lado del chat, porque, repito, está dando una imagen completamente falsa. Otra vez verdad, mentira, farsa.

Escondidos detrás de un teclado somos capaces de cualquier barbaridad. Esto es lo que les sucede hoy también a la juventud que no saben relacionarse si no es por el mensaje escrito vía virtual, después no son capaces de enfrentar a esas mismas personas con las que se escriben veinte veces al día, pero en la manera oral, no son capaces y no lo son. Mucha gente se mete en unos líos de aúpa, porque en la generalidad de los casos la gente miente para ligar, o para poder tener una relación de lo que sea, o para sentirse admirado, querido, comprendido, escuchado...miles de cosas, pero que no son verdad, es decir, que tardan en ser verdad porque la sinceridad no existe en ese mundo virtual, o existe poco. Vuelvo a la frase ya mencionada: todo es mentira.

Este mundo único y espectacular que nos da información –no conocimiento- y en el que tenemos acceso a todo, no contempla los verdaderos estados emocionales de la persona y especialmente la importancia de verse, olerse, sentir, percibir: comunicarse por todos los medios. Era de suponer que algo así sucediera a la población cuando no están acostumbrados a la soledad y no tienen recursos de autosuficiencia. Esas herramientas se tienen que dar en la escuela y los primeros que deben de dominarlas son los profesores. Este es el gran escollo. ¿Cómo no han podido predecir que tendrían que dominar la enseñanza online? Parece increíble pero ha sido así: muchos docentes no estaban actualizados para nada en las redes, menos como para impartir y tutorizar clases a través de su solitario ordenador.

¿Qué sucede? Todo docente tiene que estar al día. Muchos con su plaza ganada a golpe de oposición y otros contratados –no se sabe cómo- en centros concertados, se han quedado atrás. Muchos más jóvenes que los de mi generación, no sabían qué hacer ante una enseñanza tutelada por plataformas virtuales. Yo misma, hace 6 años hice mi acto de exaltación de la humildad y me puse al día aprendiendo lo que no estaba en los escritos en cuanto a Tic se refiere y otros medios para enseñanza no presencial. Las clases pueden llegar a ser prácticamente igual que las presenciales, con mecanismos para hacer talleres, enviar a alumnos a salas virtuales, relajarlos, debatir…

El alumno a partir de tercero o cuarto de la Eso, tiene que aprender la autosuficiencia y trabajar por él mismo. De hecho puede crecer y adquirir mucho más conocimiento con docentes que están al día y que tienen todo pero absolutamente todo organizado desde el principio. Los alumnos de primaria necesitan el contacto presencial, mucho más los de diversidad, que requieren el acercamiento y la relación. Todo ello es posible y el ser humano tiene que adaptarse a las circunstancias, ese es el primer dato de progreso personal: la adaptación al medio. No es posible que una madre, sepa más que los profesores de su niña que estudia por ejemplo quinto de primaria. En otros paises la obligatoriedad de reciclaje del profesorado es marcial, o lo haces o te quedas atrás por vago. En Francia, dichos docentes están obligados a hacer muchos cursos que se los pagan y lo tienen que hacer y punto. Por aquí hay una diferencia muy grande de profesores muy formados al lado de otros que no lo están y que no tienen ningún interés en trabajar más aunque sea para sí mismos.

Las opciones de aprender que tenemos hoy, son únicas para el que quiera, claro. La soledad no es tanta, es útil y así lo han demostrado y lo demuestran muchos de nuestros mayores, que se las han apañado solos de maravilla. Algunos son ejemplo de verdadera inteligencia emocional. Los idiomas, pueden ser enseñados por plataformas perfectamente, hay medios de sobra para hacerlo. La pandemia espero que haya provocado en todos la necesidad de aprender más, como lo hacen los abuelos y abuelas de nuestra sociedad que son unos grandes, capaces de comunicarse por video, por móvil, siendo un ejemplo, en definitiva de inclusión en las nuevas tecnologías. Ya no tendrían porqué hacer nada y sin embargo, lo han hecho. Me siento orgullosa de ver a mujeres de mi generación, con la pila puesta en sus trabajos, dominando en los ordenadores, dando citas médicas, siendo un ejemplo de empeño, eficacia y aprendizaje…en fin, la pandemia ha recordado a [email protected] (uso la @ como morfema de género) que en efecto hay un progreso y que hay que adaptarse aunque no nos guste.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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