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De nuevo la salud de los gobernantes


Ante la nueva dimisión del primer ministro japonés por problemas de salud (ya lo hizo en 2007) regresamos a un tema al que hemos dedicado ya dos artículos en este medio, en las secciones de opinión y cultura, respectivamente. En el primero reflexionamos sobre cómo influye la salud de los que nos gobiernan en todos nosotros, cómo se abordado este asunto en la Historia y sobre la responsabilidad de los médicos. En el segundo, hicimos un ejercicio de crítica sobre el exceso que se habría producido en los últimos tiempos acerca de la influencia de la psicología de los gobernantes, sobre todo dictadores, especialmente aquellos que pudieron tener enfermedades mentales, en el devenir histórico, apelando a que había más factores a considerar para entender lo que hicieron, por qué lo hicieron, etc.

Pero hoy queremos regresar a la Historia para atender a la influencia de la salud en una crisis internacional. Estamos hablado de la cuestión del Canal de Suez en 1956 con Anthony Eden, que sucedió a Churchill en el puesto de premier, después de una dilatada vida política en el seno del conservadurismo. Eden fue un político muy brillante en el campo de las relaciones exteriores, como lo demostraría su papel en el Foreing Office en los años treinta cuando entendió que el apaciguamiento no era la política adecuada hacia Hitler, en la Segunda Guerra Mundial, en el proceso de creación de la ONU, y luego a principios de los años cincuenta en las conferencias de Londres y Ginebra. Pero la crisis de Suez fue un fracaso en su vida política, y constituyó un punto de inflexión sobre la influencia británica en el mundo, demostrando claramente que el Reino Unido entraba en un segundo plano, como Francia, frente a los Estados Unidos y la URSS.

Las decisiones que Eden tomó en la crisis, con el envío de tropas, generaron una oleada de críticas en el mundo, y mucha controversia en el propio Reino Unido, provocando que tuviera que dimitir. Al parecer, los errores de Eden se pudieron deber a sus problemas de salud en el aparato digestivo, como nos explica David Owen en su libro En el poder y en la enfermedad. En 1953 tuvo que someterse a una operación de estómago y pasó a tomar anfetaminas, provocando un estado de ánimo eufórico que le impidió ver la realidad de lo que estaba pasando en Suez, y sus repercusiones para el papel internacional de su país.

Es evidente que el papel británico en el mundo de la guerra fría obedece a un conjunto de causas propias y ajenas que nada tienen que ver con la salud de sus gobernantes, pero tampoco hay que desdeñar, ni mucho menos que, en la forma de abordar esta crisis concreta, la salud de Eden tuvo algo que ver.

Algo se ha debido de aprender, al menos en algunos países, sobre la salud de los gobernantes, como estamos viendo en el caso japonés.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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