Darwinismo social
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Opinión
En esta época en la que se agudizan las diferencias sociales, fruto de la combinación de la crisis económica anterior, los recortes brutales del Estado del Bienestar, generados por la aplicación de las políticas del neoliberalismo por la anterior Administración, y ante los efectos de la pandemia parece que el darwinismo social se resiste a morir. Es más, ¿no ha habido darwinismo social en relación con las residencias de mayores, y no ha sido una de sus consecuencias el estado en el que se dejó la sanidad pública, muy adelgazada para hacer frente a esta tragedia?
Como es sabido, Darwin expuso una teoría en el siglo XIX, que explicaba que las especies evolucionaban como consecuencia de la selección natural, como parte de la lucha por la supervivencia, y que se transmitía hereditariamente. Pues bien, en esa misma centuria se hizo una aplicación de esta teoría científica a la sociedad. El primero que formuló esta aplicación fue Herbert Spencer. En grandes rasgos, el darwinismo social consideraba que la sociedad era un organismo vivo que evolucionaba como los seres vivos. La competencia entre los individuos sería buena porque imprimiría beneficios a la genética humana, mucho más que una buena educación, por ejemplo. Estas ideas hicieron fortuna y tuvieron mucho éxito en la Inglaterra victoriana y se expandieron por todo Occidente.
El darwinismo social sirvió a los grupos sociales económicamente dominantes para justificar las desigualdades sociales que se habían generado con el triunfo de la Revolución Industrial y el capitalismo. El darwinismo se aplicó a las relaciones internacionales y el dominio colonial, a finales del siglo XIX. El premier británico, lord Salisbury explicó esta idea en un discurso del año 1898. La Revolución Industrial y sus aplicaciones militares habían producido una división entre los países del mundo. Por un lado, estarían las naciones vivas, que se irían fortaleciendo cada vez más y, por otro, las moribundas, cada día más débiles. Por distintas razones –políticas, filantrópicas o económicas- las naciones fuertes terminarían por apropiarse de los territorios de las moribundas, provocando conflictos.
Por su parte, el nazismo y el fascismo realizaron una lectura propia del darwinismo social para defender su teoría de la desigualdades entre los individuos, con las terribles consecuencias que todos conocemos.
El triunfo de la democracia y del Estado del Bienestar, después de la Segunda Guerra Mundial, parecieron enterrar el darwinismo social. Pero, sin lugar a dudas, reapareció con el surgimiento del neoliberalismo, enemigo a ultranza de la intervención pública para corregir los abusos del mercado y para paliar las desigualdades sociales que genera, a través de la redistribución de la renta, garantizando los derechos sociales. El darwinismo social ha estado presente en nuestro país en su pasado más inmediato en cada recorte que ha padecido la educación pública, en la reforma de las pensiones, en la privatización de la sanidad, en el cobro de los medicamentos y tratamientos médicos, en la decisión de suprimir la tarjeta sanitaria a los inmigrantes sin papeles, en no dotar la ley de dependencia, en el adelgazamiento de las competencias en materia social de los Ayuntamientos por la reforma local, etc..
En esta nueva crisis, provocada por la pandemia, la tentación darwinista siempre ha estado latente, aunque después de los destrozos causados por la anterior crisis y por su supuestas soluciones, además de por el cambio político hacia la izquierda parece que, en cierta medida, no se va producir una solución de este tipo, aunque no está de más recordar que son más necesarios que nunca los mecanismos del Estado del bienestar para evitar que los efectos de esta adaptación a la sociedad de la teoría de Darwin reaparezcan en nuestro país, porque sus principios más descarnados se pueden ver claramente en los programas e ideas que defienden algunos partidos políticos, alguno de ellos de marcado populismo de extrema derecha.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Lo último de Eduardo Montagut
- La protesta de los pastores evangélicos a Truman contra Franco
- La Federación de Educación francesa contra la entrada de la España franquista en la Unesco
- La inspiración de Fernando de los Ríos: ejercicio intelectual y vocación política
- Pedagogía política: el McCarthysmo
- Léon Blum y las formaciones socialistas como partidos de clase (1946)