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La influencia de la enfermedad en el poder


En este tiempo de toma de decisiones vitales, y nunca mejor dicho, para los ciudadanos de todo el planeta, reflexionamos sobre cómo la enfermedad ha podido influir en los políticos, pero también sobre cómo esta cuestión en relación con la información se ha abordado en la Historia. Buscamos en la misma referentes sobre la transparencia en las democracias. ¿Se ha informado a la opinión pública o se ha ocultado que sus dirigentes estaban enfermos?

Para ello contamos con una monografía, harto interesante, que realizó hace unos pocos años David Owen. Este personaje tiene su importancia porque aúna la doble condición de político y de médico. Lord Owen es médico y estuvo al frente del Foreign Office. Fue famoso por su paso del laborismo al Partido Socialdemócrata. El libro se titula en castellano (El Ojo del Tiempo, 2011), En el poder y en la enfermedad, con el subtítulo de Enfermedades de jefes de Estado y de Gobierno de los últimos cien años.

Owen hace referencia en el comienzo de su libro a la oración -“The Physician’s Prayer”- de Sir Robert Hutchinson (1871-1960), donde pedía a Dios que nos librase de los médicos que se afanaban en las novedades, cuando anteponían conocimientos sobre la sabiduría, la ciencia por delante del arte y el ingenio por delante del sentido común. Se horrorizaba Hutchinson de que se tratara a los pacientes como casos y de hacer que la curación fuera más dolorosa que soportarla. Y esta cita le sirve a Owen para realizar un paralelismo entre pacientes y votantes. Y, de ese modo, la oración del médico podía ser la oración del político, porque la vida de los votantes, de los ciudadanos, también estaba y está en manos de los políticos, y no sólo en tiempos de grandes dificultades como en las guerras o, añadiríamos nosotros, en estas circunstancias de la pandemia del coronavirus. No se descubre nada al afirmar eso, en que la decisión de un Gobierno o de un presidente puede afectar a nuestras vidas.

Si Hutchinson estaba rogando para que los médicos no fueran el problema de los pacientes, que ya tenían el suyo propio con la enfermedad, nosotros pedimos a nuestros políticos que no empeoren nuestra situación, que intervengan cuando hay que hacerlo, y en un sentido favorable para todos. Tan malo puede ser no actuar, o actuar tarde, como actuar cuando no es necesario. Difícil es ser político, pero es algo voluntario y exige responsabilidad como se la exigimos a nuestros médicos cuando acudimos a ellos.

En este sentido, es muy interesante lo que apunta Owen, y es que la ambición, consustancial a la carrera política, y añadiríamos nosotros, completamente legítima, debe ir acompañada de la modestia.

Recomendamos la lectura de este libro, de un médico y de un político, donde podemos acercarnos a la forma de abordar las relaciones entre ambas disciplinas, sobre cómo la enfermedad afecta a quienes tienen que tomar decisiones, sobre la ocultación o no de las dolencias de estas personas, acerca de la cuestión de la destitución de dirigentes enfermos, y por fin, porque nos plantea algo sumamente interesante: la posible disyuntiva a la que se han enfrentado muchos médicos de grandes dirigentes. Todos sabemos que son unos profesionales que se deben al paciente, tienen que ser fieles al mismo, su secreto profesional debe estar garantizado, pero sus enfermos han dirigido y dirigen países. Entonces, ¿qué deben hacer?, ¿mantener esa fidelidad o velar, en el ámbito de su responsabilidad, por su país, por los ciudadanos? Fascinante, sin lugar a dudas.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.