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Vergüenza

No sé a usted, pero a mi me da vergüenza.

Me refiero a cuando escucho unos argumentos inaguantables para defender a Juan Carlos, ese señor “tan campechano” que ahora resulta que parece tener miles de millones de euros por ahí guardados, de los que supuestamente no ha tributado, y por lo que ha dejado de aportar a las arcas públicas de ese país del que era jefe unas cuantas decenas de millones. Millones que bien habrían servido para contribuir a la sanidad pública, a la educación, sin ir más lejos.

Me da vergüenza el papelón que están haciendo nuestros políticos. Lo de “nuestros” lo digo porque son los de nuestro país, no porque yo los sienta míos. Cada vez menos, cada vez más lejos, de hecho. Papelón concretamente el del PSOE, que de republicano no tiene nada, por muchas trolas que nos cuente. Porque queda claro que todo es mentira, por mucho que los jóvenes socialistas sigan pensando que pintan algo en el partido, más allá de servir a veces de “mora que limpia la mancha de otra mora”. Y ni eso. Si es que, por desgracia ni eso. Ya no hay quien se crea nada, cuando vemos que se mira para otro lado y se dan argumentos peregrinos y se protege al emérito incluso aunque el emérito no se haya cortado un pelo en hacer lo que no debía hacer (presuntamente) mientras nos daba los discursos de Navidad sobre la igualdad ante la ley. Vergüenza, es de verdadera vergüenza.

Es ahora cuando nos damos cuenta del “atado y bien atado”, porque descubrimos que los que podrían hacer algo por dignificar las instituciones de este país, no sólo no lo hacen sino que nos toman el pelo, como trileros, para hacernos creer que lo que el jefe de Estado habría estado haciendo mientras era Jefe de Estado es un asunto personal. Vergüenza. Que nos traten como si fuéramos tontos es bochornoso.

Evidentemente la inmunidad que tenía el rey encuentra ahora respuesta en los supuestos delitos que cometió. Ahora quizás se entienda mejor para qué servía la inmunidad. Una persona honorable y honrada no necesita de inmunidad, no al menos para tapar presuntos delitos fiscales. Pero ahora todo queda claro. Y si algunos callan, no será descabellado pensar que por algo será. Lo del PSOE, repito, no tiene nombre.

Y no lo tiene porque pretender colarnos esa de que “aquí no se juzga instituciones sino a personas” es impresionante. No hay por dónde sostener semejante argumento.

Y estando de acuerdo en que Juan Carlos puede salir de España porque ahora mismo no tiene privada su libertad para moverse, ese argumento también debería haber servido para Puigdemont cuando salió de España. Pero no, entonces era un fugado, un huido del que se dijo de todo. Aquí tenemos las dobles varas de medir. Vergüenza de nuevo.

Y Vergüenza una vez más cuando la justicia belga por fin se pronuncia sobre los exiliados catalanes. Concretamente sobre Lluis Puig, y determina que no le entrega a España porque las cosas se han hecho mal. Que no se ha respetado el juez natural que le habría correspondido a los catalanes. Vaya, lo que algunos venimos diciendo desde el primer momento que detuvieron a Los Jordis. Es un alivio que al menos alguien de Bélgica nos reconozca a los que hemos estudiado Derecho que no estábamos equivocados al pensar que todo lo que se está haciendo con los independentistas catalanes en el Tribunal Supremo es, por decirlo suave, algo que jamás estudiamos en la carrera. Y ojo, que estudié y no lo hice tan mal como para no reconocer los terribles atropellos que se están produciendo en este proceso.

Cada vez queda más claro que el objetivo era meterles en la cárcel tan rápido como fuera posible. Por escarmentarles, a ellos y a cualquiera que tenga la idea de poner una urna en algún sitio. Y precisamente por eso parece que se llevó esto a manos del Supremo, cuando en realidad, debería haber sido el Superior de Justicia de Cataluña el tribunal que tendría que haber sentado a los miembros del Parlamento catalán. Pero claro, si esto pasaba, podrían haber estado en libertad hasta que se recurriera la sentencia, y mientras tanto, hacer política y mantener al independentismo vivo. Era mejor inventarse el derecho procesal y poner esto en manos del Supremo para eliminar cualquier posibilidad de recurso: así el Supremo juzga, condena y de paso también conoce de los recursos penitenciarios, cuando esto en Derecho jamás se vio tampoco.Vergüenza. Vergüenza y Vergüenza. Porque por muy en desacuerdo que puedan estar con unas ideas, no todo vale. No se puede retorcer el Derecho hasta el punto de dejarlo sin sentido e inservible. No se puede dictar sentencia como se hizo en el caso Bateragune, para que después tengan que venir desde la justicia europea a decirnos que no se garantizó un juez ni un juicio imparcial. Y por eso, el Supremo ha tenido que anular la condena a Otegi y sus compañeros. Después de haberse comido seis años de cárcel. Vergüenza.

Un país que no es capaz de dialogar, de hacer política y de respetar ideas diferentes es un país que debería sentir profunda vergüenza. Y como la ignorancia es cada vez más atrevida, ocurre por desgracia lo contrario: algunos no se dan cuenta de la imagen que se tiene de nosotros, y con razón, más allá de los Pirineos. Y lo que es más triste, no hay la menor intención de solucionarlo. Debería hacernos reflexionar por qué ni Juan Carlos quiere estar aquí…

Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.