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Twitter: el paraíso del acoso

¿Imaginaría usted un mundo en el que el respeto, la tolerancia y la empatía fueran cuestiones enterradas en el pozo más oscuro y profundo de la mente del ser humano? ¿Podría concebir una sociedad en la que los debates respetuosos hubieran desaparecido, siendo sustituidos por vejaciones y un acoso sistemático a los individuos por parte de un grupo de desalmados cuyo único fin fuera hundir moralmente a su víctima? Un mundo de caos. Un mundo de odio. Un mundo de rabia. Suena distópico ¿no es cierto?. En una sociedad cívica debe premiar la seriedad y el respeto por encima de todo, por lo que, una que no posea estas facultades, podría ser considerada como distópica. En definitiva, una realidad en la que a nadie en su sano juicio le gustaría vivir. Pero ¿y si le dijera que esta distopía se ha hecho realidad?

No se halla en un país, en un lugar físico concreto. Es, más bien, un espacio etéreo creado por el hombre, con el fin de acercar a las personas, impulsando las relaciones sociales vía Internet. Hablo de las redes sociales, concretamente de Twitter. Ese espacio en el que habitan los ogros más horrendos y malvados que han pisado la tierra; seres cuyo corazón es de un intenso color negrizo y su Ego se encuentra en la cima de alguna alta montaña. Criaturas desagradables que creen vivir en esa cacotopía anteriormente descrita. Lejos de conseguir sus objetivos, Twitter se ha convertido en el espacio de la red con mayor número de "trolls" que dificultan las relaciones sanas y respetuosas entre los usuarios.

Podría decirse que se trata del paraíso del acoso, de las vejaciones. El lugar en el que el mal campa a sus anchas sin ningún tipo de control real, sin castigos. No es una situación precisamente exótica presenciar discusiones de carácter soez y de indiscutible bajeza moral y poca capacidad argumentativa entre usuarios que defienden una idea - da igual de qué ámbito, político, económico, cultural, etcétera -. No es de menos mencionar los innumerables casos de ansiedad, depresión y demás trastornos psíquicos cuya raíz nace precisamente de la presión que las redes han provocado sobre éstas personas.

Esta mediocridad moral se extiende en todos los ámbitos de la sociedad como un río traga todo cuanto se interpone en su camino en época de lluvias torrenciales, o como las olas de mar precipitándose con fuerza contra el pavimento de los paseos marítimos cuando el clima decide alterarse. Es preciso que construyamos un dique de contención, un muro construido no con hormigón, sino con valores éticos sustentados en la empatía y el respeto, para controlar e incluso minimizar lo máximo posible ésta creciente marea del desprecio y la apatía.

Estudiante de Ciencias Políticas y Administración Pública en la UPV/EHU. Militante socialista desde el 2018.