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Saltan las alarmas en la Educación Pública


Saltan las alarmas en la Educación Pública La Comunidad de Madrid está en inminente peligro del retorno a la vieja escuela privatizadora de Esperanza Aguirre. La actual presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quiere aprovechar la crisis del coronavirus para profundizar en la ya fracasada revolución neoliberal y desde aquí, intentar exportarla al resto de España.

La enseñanza pública en la región de Madrid ha estado muy vinculada, en su reciente historia, a la del resto del país. Entre 1950 y 1970, la población de la región (entonces provincia perteneciente a Castilla La Nueva) creció en casi dos millones de personas. Según los datos oficiales, de 1.926.311 habitantes, se pasó a 3.792.561. Eran personas que huían del hambre, cuando no de persecución política rural, y se asentaron en lugares con una naciente industria.

Según revela Pedro Montuliú, cronista oficial de la Villa, en su Madrid. De la dictadura a la democracia, sólo en la capital, en el curso 1974-75, el Ayuntamiento franquista reconocía que faltaban 170.930 plazas escolares para niños y niñas de entre tres y trece años; sin contar los 115.767 de cero a tres años. Era un tiempo, además, en que la especulación urbanística cerraba colegios privados del centro para vender terrenos sin ningún escrúpulo urbanístico ni educativo. Es decir, el “negocio” era el suelo y desaparecieron los colegios.

Con esta situación, el gran legado de los auténticos Pactos de la Moncloa fue la educación pública. Estos pactos supusieron un empujón histórico a la escolarización. En 1978 y con acuerdo de todos los partidos políticos se destinaron 40.000 millones de pesetas, en un tiempo en que la inflación era del 20 por ciento, a crear 57.560 puestos escolares con el arranque del Plan Extraordinario de Construcciones, que en 1979 aumenta en 21.000 millones de pesetas gracias al Fondo de Acción Coyuntural.

Unas cifras que, con unas situación estructural mucho más grave en aquel tiempo, deberíamos tener muy presente en estos días de reconstrucción de Madrid. Pero poco tardó la derecha en darse cuenta de que no podía ser eso de que los hijos de los obreros fueran a la universidad, incluso dedicarse a la Medicina (cuántos médicos que hoy nos están curando lo son gracias a la educación pública).

Son ya veinticinco años de Madrid como laboratorio de la derecha y, especialmente con la llegada, vía tamayazo, de Esperanza Aguirre a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Aguirre inició un proceso privatizador terrorífico al abundar en la separación del alumnado por su situación socioeconómica. No podemos olvidar esas declaraciones en las que alentaba a las chicas a ser peluqueras si no podían estudiar, porque “también hacen falta peluqueras”. Y con ese postulado, desvalorizaba una profesión y unos puestos de trabajo dignos y necesarios para la sociedad.

La hoja de ruta privatizadora tenía un doble objetivo que se ha ido cumpliendo. Esto es, la novedad de la mercantilizacion, abrirse al “negocio”, y paralelamente el ya tradicional de la “ideología”, fundamentalmente católica. Esa hoja de ruta va a avanzado en ese tiempo de corrupción por el que el PP todavía no ha saldado sus deudas con la Justicia. A la orden del día estaban las cesiones de parcelas, así como las desgravaciones fiscales o los “cheques escolares” que animaban a abandonar la escuela pública. Al tiempo, tal como dicta el “manual privatizador”, se deterioraban los centros públicos con recortes en plantillas y con centros tercermundistas. No podemos olvidar los famosos “barracones” y la desaparición de figuras fundamentales como los profesores de apoyo.

Todo esto se manipulaba también con la palabra “libertad”. Nos han querido vender que las familias tienen que tener “libertad” de elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos e hijas, cuando de lo que se trata es de una tergiversación del concepto. Una libertad mal entendida, similar a la de poder salir a la calle a manifestarse aunque estemos en medio de una pandemia. O similar a la de tener la “libertad” de mentir en las redes sociales. La derecha extrema del PP y la Sra Ayuso y la extrema derecha de VOX coinciden en la prostitución de la palabra libertad para enmascarar la segregación, la desigualdad y la pobreza que generan sus políticas.

Desde CCOO de Madrid hemos llevado una lucha constante en un contexto social y político muy difícil. Unas veces solos, otras en unidad de acción sindical o en alianza con la Comunidad Educativa y con las organizaciones sociales en las Plataformas por la Escuela Pública o en la fórmula innovadora de la Marea Verde. Y tengo que afirmar que su gran ofensiva privatizadora no ha cumplido uno de sus grandes objetivos, reducir la enseñanza pública a la mínima expresión, hemos pasado de un 55% a principios de siglo a un 54% en la actualidad.

Si han conseguido segregar los centros de enseñanza e introducir las reglas del mercado en la selección de los mismos, rompiendo con la integración, la cohesión y la compensación de las desigualdades del sistema educativo. Todo ello, acompañado de un aumento de las partidas presupuestarias al sector privado, en muchos casos vinculadas a actos de corrupción.

Los datos que ofrece el Ministerio de Educación son muy claros. Las últimas cifras disponibles corresponden al curso 2018-2019 y nos dicen que mientras en el total de España el 67,10 por ciento del alumnado se matricula en la enseñanza pública, en Madrid lo hace el 53, 83 por ciento. Es decir, la Comunidad de Madrid aporta el 20,66 por ciento de alumnos matriculados en la enseñanza privada y concertada de todo el Estado (558.590).

Los recortes durante la Gran Recesión fueron impresionantes (como ejemplo, entre 2010 y 2015 el importe de becas y ayudas en Madrid cayó un 53,1 por ciento). Si a la experiencia ya vivida le sumamos la última campaña electoral del PP regional y en el Ayuntamiento de la capital, en la que anunciaba más regalos de suelo público para nuevos centros privados, por no hablar de la creación de tres nuevas universidades privadas…, el futuro de poscovid puede ser devastador.

Según ha denunciado la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid a partir de los datos oficiales de la Consejería de Educación, los recortes ya están aquí otra vez. Los centros más afectados son los Institutos de Educación Secundaria, con recortes de aulas en tres de cada diez. Los CEIPSO y los CEIP sufren recortes en dos de cada diez centros. El mayor número de plazas suprimidas se produce en la Educación Infantil, con 4.175 plazas. El recorte de plazas en Bachillerato también es muy significativo con 3395 plazas. Por Direcciones de Área Territorial, la DAT Sur es la más afectada, con casi 4.000 plazas y 148 unidades suprimidas… En total, se suprimirán al menos 14.121 plazas educativas en al menos 468 unidades en la Comunidad de Madrid. 

Sigue la ofensiva y seguirá mientras no haya un cambio político en la Comunidad de Madrid. Desde el movimiento sindical y la Comunidad Educativa conseguiremos frenarla en parte. Terminar con ella solo será posible desde el cambio político y eso exige terminar con la división de la izquierda política en todos los ámbitos y acertar con una apuesta sugerente e ilusionante ante los extraordinarios cambios tecnológicos, sociales, económicos, culturales o sociosanitarios que se están produciendo.

El objetivo del neoliberalismo es convertir la educación pública en algo marginal. Se ataca a la educación pública, porque ésta implica igualdad, equidad y cohesión. Nuestro deber es defenderla porque de su futuro depende del futuro de todo. 

Secretario general de CCOO de Madrid.